BELLA_E_PERUTA_POSTERGoogleé para ver si alguien había escrito sobre Bella e perduta durante el Bafici.

Niente.

Surgió como un documental sobre un campesino que se dedicaba ad honorem a cuidar solo un palacio abandonado, y se encuentra una cría de búfalo.

Pero el tipo este muere durante el rodaje. Entonces Pietro Marcello inventa una fábula pastoral en la que un personaje de la commedia dell´arte, Pulcinella, sale del Monte Vesubio para llevar al búfalo con un pastor que lo cuide.

Como Pulcinella puede escuchar lo que piensa el búfalo, la película está narrada por el animal.

El búfalo sueña que los hombres son transportados a otro planeta y la tierra se vuelve dominio de las bestias.

Hay un primer plano del búfalo en el que el búfalo se pone a llorar. Estábamos todos llorando en la sala.

Esta no tiene esa cosa tanguera de La boca del luppo, pero es una mezcla de videoarte y fábula pastoral italiana que nunca vi en ningún lado.

Marcello es un poeta, un creador de formas.

Y, como Eugene Green, abraza la inocencia.

Hay un texto pésimo de Diego Batlle en Locarno, y una boluda a la que no le gustó y juzga que no le gustó a nadie porque escuchó un ronquido en la sala.

Es culpa de los programadores del Bafici. La metieron en una sección de mierda y es una de las más importantes del festival.

Esa jerarquía dice mucho de un festival porque, además, casi nunca se sabe nada de las que quedan afuera de la programación.

le-pont-des-artsLa película de Eugene Green viene bien para pensar eso por cómo se burla de los legitimadores culturales. Debe tener alguna cruzada personal contra este tipo de personajes.

Ese tipo de roles culturales se naturalizan. Es como si las películas existieran en un limbo y llegarán directo al espectador. Tiene que haber un recambio en el establishment crítico y sus posiciones de poder.

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Estoy un poco sensible con los «campeones de la moral de las imágenes». Me interesa más identificar las películas que son justas¹ que denunciar y ofenderme por las que no lo son.

Esos que tachan a El lobo del Wall Street de apología del capitalismo, o los detractores del último Tarantino.

Hay un complejo “torre de marfil” dando vueltas, no quieren «mancharse»; con la ambigüedad moral de esas películas, confesar el placer perverso que contagian, la catarsis políticamente incorrecta. Me hacen recordar a la caricatura del unitario de El matadero de Echeverría.

Cuando se vuelven importantes se transforman en parte del establishment, y esas películas son bastante incomodas para el establishment.

Estoy medio monotemático con lo del establishment crítico, pero me preocupa que, desde que empecé a estudiar y leer crítica, acá no cambió para nada.

La opción al combate y la resistencia es la bancarrota moral, aplaudir a Lopérfido como los giles que estaban en la presentación del Bafici o callar el disenso como Roger Koza.

No hay mejor lugar para observar los mecanismos del poder que pararse en la periferia. Desde ahí se arman las revueltas; desde adentro es más difícil.

Como dice Leonard Cohen: “They sentenced me to 20 years of boredom / For trying to change the system from within / i´m coming now, i´m coming to reward them / First we take Manhattan, then we´ll take Berlin”.²

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cine-2180005w620Eso de «las películas son nuestras», ¿no es una variante del fetichismo de la mercancía, que invisibiliza las relaciones que permiten esas mismas películas?

¿No es tratarlas como una mercancía que puede «tenerse» y «poseerse»? ¿Hasta qué punto son nuestras?

Si las películas no son nuestras, ¿de quién son? ¿Acaso los directores no hacen sus películas, hasta cierto punto, pensando en esos festivales que las van a pasar?

Hay una sutil cadena invisibilizada que garantiza qué cine estamos viendo, o lo sobredetermina, para hablar en términos estructuralistas. En ese sentido, claro que no son nuestras.

En general, la crítica es funcional a esa invisibilización. ¿Qué es una cobertura de un festival si no un recuento de sus películas?

Hay una especie de silencio de club de caballeros: no se explicita el criterio de programación o «desprogramación», o el de elección de premios. Ni siquiera el criterio de división en secciones. Ni que hablar del criterio de elección de los directores y programadores. ¿Por qué, de los seis directores que tuvo el Bafici, cuatro escribieron en El Amante?

1. Qué película justa es Juana a los 12, qué personaje singularísimo que es Juana. Me parece un toque de genialidad que el propio personaje de Juana diga la declaración de principios estéticos de la película: cuando está mirando píntar a la vieja, Juana le dice que no le gusta el dibujo porque es «demasiado lindo». La madre le pregunta por qué siempre le tiene que gustar lo feo, y ella le dice que no le gusta lo feo, pero por qué tiene que ser tan lindo. Salvo por la secuencia del sueño, Juana a los 12 no es una película visualmente bella. Ahí está su justeza y su justicia. Tiene la cantidad de belleza justa para lo que está contando, y eso hace que lo que cuenta, lo cuente con justicia.

2. Me sentenciaron a 20 años de aburrimiento / Por tratar de cambiar el sistema desde dentro. / Ahora vengo, ahora vengo a cobrármelo. / Primero tomaremos Manhattan, después tomaremos berlín.