La mañana del 11 de septiembre del 2001 dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, el World Trade Center. Esa sería la visión objetiva de cualquier persona que haya asistido al suceso en directo por televisión y sin volumen (sin zócalos, ni titulares), y que haya sido consultada en el mismo momento sobre lo que estaba viendo. Con volumen, zócalos, titulares, con los sucesivos diarios del lunes y muchísima tela por cortar, los dos aviones pasaron a ser cuatro, y entre otros cambios, el verbo “estrellar” lo deberíamos reemplazar por “atentar”.

Como cada suceso político, bélico o catastro de la historia yanqui, aquel “atentado” tuvo sus películas, documentales, libros y largas etcéteras. Y las comillas de atentado en la oración anterior vienen a colación de que en algunas de las versiones publicadas sobre lo que pasó aquel 11 de septiembre del 2001, se sostiene que no fue un atentado, sino un autoatentado. Sea como haya sido, lo cierto es que aquella desaparición de las Torres Gemelas le dio la justificación a Estados Unidos para recrudecer su “guerra contra el terrorismo”. Lo que para algunos historiadores sería un mecanismo muy similar a los utilizados para meterse en Vietnam y demás conflictos armados a lo largo y ancho de este planeta. Pero tampoco tomemos posturas sobre esto, sepamos nada más cómo es que llegamos a los hechos que trata la última película de Scott Z. Burns.

Reporte clasificado se basa en un informe del senado estadounidense, que señala los mecanismos de tortura que utilizó la Central de Inteligencia Americana (CIA) en los interrogatorios a detenidos “vinculados” a “grupos terroristas islámicos”. Interrogatorios y detenciones que se multiplicaron después de las torres. Lo primero que vale la pena señalar es que la película no saca a la luz nada nuevo, sino que da a conocer un informe al que se puede tener acceso y que fue de público conocimiento. Eso no es poco, no le quitaría mérito, pero hay que señalarlo, porque siendo una producción estadounidense la historia dice que nunca podremos saber las reales intenciones que hay detrás. Viniendo del país más asesino del planeta, admitir culpas suena raro y la idea de libertad de expresión en ese país es un verso importante.

Según Reporte clasificado, el informe completo en el que se basa la película tiene más de siete mil páginas. Tomando esto como cierto (el finalmente publicado ronda las quinientas), es gran mérito del director condensar tanta información en dos horas y lograr tanta claridad para seguir la trama. No es que la película debiese tener la rigurosidad de un documental, pero para tanta intriga, agente, recontra agente, CIA, FBI y demás, el film resulta muy claro y no se presta a confusión. The Report podría decirse que es un thriller político. El suspenso y la intriga acompañan los pormenores que desataron la investigación y la consiguiente publicación del informe.

La película se desplaza sobre una línea de tiempo en dos momentos diferentes, el de la investigación, y el de los sucesos investigados. Los que predominan son los de la investigación. En ese eje la actuación protagónica de Adam Driver es sólida, y el physique du rol, la apariencia medio nerd, blanda, contribuye a la milagrosa sensación de que no ha sido amedrentado al meterse con la CIA. El resto del reparto tampoco desentona, y también llama la atención por lo desestereotipado. Cuando volvemos en el tiempo, el director elige teñir las imágenes de un amarillo juguetón, y si bien sirve para avivarnos que cambió el eje, pareciera más que habla de extraterrestres divertidos que de torturas.

Como se dijo, Reporte clasificado se basa en un informe del senado estadounidense que detalló las torturas realizadas en los interrogatorios a “terroristas islámicos” detenidos. Más allá de la ingenuidad que suponemos de la media yanqui, que se sorprende o no puede creer que prácticas semejantes sean llevadas a cabo por su gobierno, hay datos que arroja la película que pueden sorprender al ingenuo (negacionista) argentino, entre otros. Cuando le película explicita los tipo de torturas que se llevaban a cabo, se dice que Estados Unidos ya había realizado esas prácticas con anterioridad, primero en Vietnam y luego en Latinoamérica, más precisamente desde el año 1978. No vamos a justificar Vietnam, pero aquella es una guerra conocida. ¿De qué guerra latinoamericana están hablando? Habrá que aclarar que con seguridad se refieren a las dictaduras impulsadas por Estados Unidos en nuestro continente. Lo que la película menciona como “ahogamiento”, no es otra cosa que “el submarino” utilizado por los genocidas de acá.

Aunque Reporte clasificado, con o sin botas puestas, deja algunas cosas para tomar con pinzas, es mucho más creíble que las nefasta World Trade Center (2006) y la vergonzosa Vuelo 93 (2006). Una de las razones, es que se menciona con nombre y apellido a varias figuras de la política estadounidense, más allá de, por supuesto, que se trata sobre un informe verdadero.

En total, la película dice que al menos ciento diecinueve personas fueron torturadas por la CIA, o sea por Estados Unidos. Algunas de esas torturas son recreadas en el film, y por supuesto no son escenas de acción. The Report también pone duda cómo se dio con el paradero de Bin Laden para asesinarlo. La versión oficial parece ser que en estas sesiones de torturas lograban extraer información, pero el informe escrito por Daniel Jones (Adam Driver) también da por tierra con esa teoría. El final de la película es para leer: fundido negro y algunas líneas de cómo terminó todo. Como no podía ser de otro modo, Reporte clasificado es un remake de la injusticia, la vergüenza y el caradurismo yanqui. Y es realmente increíble que existan estadounidenses que se sorprendan y se indignen con esta historia, y que a la vez saquen pecho para recitar esas últimas líneas que, como lavada de cara, citan a George Washington, padre de toda la sangre derramada por el mundo.

Calificación: 6.5/10

Reporte clasificado (The Report, Estados Unidos, 2019). Guion y dirección: Scott Z. Burns. Fotografía: Eigil Bryld. Montaje: Greg O’Bryant. Elenco: Adam Driver, Annette Bening, Corey Stoll, Jon Hamm, Linda Powell, Maura Tierney. Duración: 119 minutos. Disponible en Amazon Prime Video.