31º MDP # 2: Tirado de los pelos, por Marcos Rodríguez

louis_xiv-1No sabría qué escribir sobre la última película de Albert Serra. Los parámetros normales por los cuales uno intenta enganchar una película se vuelven escurridizos con La muerte de Luis XIV. Podría repetir el argumento, pero ya está casi todo dicho en el título: asistimos, con detalle, morosidad y suntuosidad a la descomposición en vida de Luis XIV, interpretado por el siempre enorme Jean-Pierre Léaud. Podría recurrir a los viejos trucos del crítico: hablar de Léaud, citar referencias, mencionar a Rossellini (siempre es bueno mencionar a Rossellini), filosofar con filosofía al paso sobre la muerte de Léaud, la muerte del cine, la muerte de la monarquía, el decadentismo de Serra y toda una cornucopia de palabras difíciles. Serra es un bicho astuto: sabe hacer lo que quiere pero también sabe trabajar con materiales importantes y dejarle servido al espectador cultivado toda una caterva de cosas importantes a las cuales remitirse.

Lo importante de La muerte del Luis XIV, sin embargo, no es eso. Importa más la luz que queda atrapada por una peluca que todas las consideraciones sobre sistemas políticos o vínculos de poder. El meticuloso relevamiento de lo más avanzado de la medicina a principios del siglo XVIII es apenas un tema, como en la pintura barroca y clasicista uno elegía un tema dentro de un muestrario más o menos establecido y después se ponía a trabajar en lo realmente importante. Serra es un sensualista, dicho en el mejor de los sentidos. El tema definitivo de Serra podría ser el terciopelo. Pierre-August Renoir decía, a través de la pluma de su hijo Jean, que solo los sensualistas pueden entender la pintura. Es posible que lo mismo pueda aplicarse al cine.

foto-3069478Es posible también que parte de la genialidad de Serra sea esa capacidad para construir un enorme andamiaje de reconstrucción de época y trabazón de referencias (no tanto en el diseño de arte, sino en su desarrollo conceptual) solo para arribar a lo que la cámara puede ofrecer de más inmediato y carnal: la sensualidad del lente que devora la luz que se presenta frente a él.

Un párrafo aparte merece la peluca de Léaud. Un especialista podrá decir qué tan precisa es esa aglomeración de pelos blancos que rodea al actor como un halo claroscuro, yo sospecho que se trata de una hermosa exageración cinematográfica, de esas que doblan cualquier verosímil y eluden cualquier explicación. Tal vez todas las ideas políticas del Rey Sol se encuentren enredadas en esa peluca, tal vez Leaud esperó toda su vida para encontrar semejante marco para su rostro. Esa peluca, y sus bailes con la (poca) luz que atraviesa la habitación del rey, explica La muerte de Luis XIV.

La muerte de Luis XIV (La mort de Louis XIV, España/Francia/Portugal, 2016), de Albert Serra, c/Jean-Pierre Léaud, Patrick d’Assumçao, Marc Susini, Bernard Belin, 115′.

Comparta sus opiniones