La posibilidad de estar cubriendo el 35º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata desde el living de casa nos permite programarnos las películas en el horario que más nos convenga. Esa es, sin dudas, una de las ventajas que posee esta edición que esperamos sea la única y última que no puede realizarse en su casa frente al mar. Esa posibilidad me permite hundirme en la programación y darle play a lo que quiera, cuando quiera. Así que me dispuse a encontrar algunos documentales (en los festivales siempre hay muchos y muy buenos) y algún drama. Dos de los géneros que más me gustan porque a menudo reúnen mis pasiones: el llanto y la realidad. Acá va una selección especial para los que aun no decidieron qué ver.

(Re) pensar el pasado: 1982

Lucas Gallo presenta un documental en el que se dispone a mostrar parte de la cobertura mediática exhibida por la televisión nacional durante la guerra de Malvinas. El film se compone estrictamente de materiales de archivo de dos programas emblemáticos del periodo: 60 minutos, cuyo referente máximo fue periodista José Gómez Fuentes, y 24 horas por Malvinas, conducido por Pinky y Cacho Fontana. Ambos programas se encargaron de difundir el discurso oficial emitido por el gobierno de facto encabezado por Leopoldo Fortunato Galtieri.

En los documentos seleccionados por Gallo se expone cómo en los medios abundaban las loas a la junta militar y su desempeño en el conflicto bélico, la exacerbación de la idea de victoria y la reproducción de un nacionalismo forzado. Resultan nauseabundas las imágenes de Galtieri sonriendo, la provocación de un teniente afirmando que los soldados no pasan frío ni hambre y las declaraciones de periodistas que sostenían alegremente que la Argentina contaba con medios sofisticados y artillería adecuada para ganar la guerra. La interminable lista de discursos emitidos por autoridades militares, la entonación del himno nacional, las cadenas de oraciones y la constante solicitud de cooperación del pueblo unido son formas repetidas constantemente en estos documentos televisivos. Además, las imágenes permiten entender cómo todo el sistema mediático estaba sostenido, en parte, por la participación de las figuras más descollantes del momento. Allí desfilan Mirtha Legrand, los campeones del mundial de futbol 78, Alberto Olmedo, Jorge Porcel y Susana Rinaldi, entre muchísimos otros.

En 1982, el realizador no introduce su voz en ningún momento, ni ningún material adicional al archivo periodístico, de este modo se intenta mantenerse objetivo respecto de lo mostrado, con la total seguridad de que con las brutales imágenes es suficiente. Lo interesante de la obra de Lucas Gallo, es que aborda una problemática de vital actualidad, el poder mediático. La sola mostración del pasado a espectadores que conocen las imperdonables consecuencias de la dictadura militar y de la guerra de Malvinas exhorta a reflexionar sobre la incidencia de la manipulación y deformación de la verdad en los discursos periodísticos y los modos lamentables en los que estas operaciones afectan a la sociedad entera.

Pasado y presente en Como el cielo después de llover

Mercedes Gaviria Jaramillo, realizadora y sonidista colombiana radicada en Buenos Aires hace algunos años, recibe la noticia de que su padre, el director Víctor Gaviria, realizaría una película, La mujer del animal (2013). A raíz de esta información, se despierta en ella la necesidad de encontrarse junto a él, de verlo filmar y de ver cómo se desempeña en el set. Con la excusa de cumplir el rol de asistente en el rodaje, se traslada a su ciudad natal. Una vez allí, se reencuentra no solo con sus seres queridos sino también con una serie de grabaciones rodadas en la intimidad del hogar por el reconocido director colombiano, y con un diario personal escrito por su madre.

A partir de las películas familiares, las memorias y tomas capturadas por la propia directora durante el rodaje de la ficción de su padre, Gaviria Jaramillo construye un documental autobiográfico que recorre la historia de su familia, su pasado, presente y su devenir en realizadora. El relato es altamente autoreferencial, pero lejos de dedicarle una mirada nostálgica a aquellos recuerdos encontrados, se permite agudas críticas. Su film pone en cuestión el funcionamiento de la familia, los roles patriarcales y sobre todo el lugar de la mujer, teniendo como objeto de análisis la experiencia de su madre. A su vez, destina un gran espacio para reflexionar sobre el lenguaje cinematográfico, sobre la perspectiva de género en el cine, y para mostrar desde adentro cómo se hace una película.

La composición de Como el cielo después de llover, opera prima de Mercedes Gaviria Jaramillo, presenta un ritmo ágil que enfrenta registros caseros que atraparon imágenes casuales, casi accidentales, con tomas actuales milimétricamente planeadas. A esta mixtura se le añade la voz de la directora que encauza la narración, sus palabras dictan juicos valorativos sobre todo lo que aparece en pantalla, en oportunidades lo hace con poemas, otras con simples comentarios o interminables listas de palabras sueltas. La realizadora se ofrece por todos los medios en este personalísimo documental.

El ser y la muerte: Nosotros nunca moriremos

El hallazgo de un cuerpo en medio de un campo entrerriano es el disparador de Nosotros nunca moriremos, el último largometraje de Eduardo Crespo. El film indaga en el proceso de duelo de una madre (Romina Escobar) y su hijo menor (Rodrigo Santana), que no encuentran demasiadas respuestas para el deceso de su hijo y hermano mayor, Alexis (Brian Alba). La historia refleja el arco temporal que abarca desde la aparición del cadáver hasta su entierro. Una madre inquebrantable se encarga de los tramites, de saldar cuentas pendientes, de la morgue, del cementerio y de no dejar ningún cabo suelto. El itinerario no se presenta sencillo, la mujer inmutable se enfrenta al destrato de oficiales y autoridades policiales, personajes verdaderamente sin alma. Además, el recorrido lleva a la madre a circular por los mismos espacios que ocupó su hijo en vida, reunirse con su novia, amigos y compañeros de trabajo, encuentros que resultan enteramente reveladores. En estos momentos, el relato lineal se ve interrumpido por flashbacks que reponen la existencia del joven. El punto de vista se encuentra anclado mayormente en la pequeña familia, junto a ellos vamos descubriendo la historia y el acontecer de Alexis. Pero, en ocasiones, el eje se desplaza hacia otros personajes fundamentales en la vida del difunto, lo que nos permite acceder a diferentes aristas de su personalidad y conocer más sobre su paso por el mundo.

Ante lo inexorable, madre e hijo se acompañan silenciosamente, se respetan y apoyan. El dolor es tan grande que no puede ser puesto en palabras. En su lugar, abundan metáforas y reflexiones sobre la muerte y sobre su contracara, la vida eterna. Lo inexplicable de la ausencia empuja a estos personajes a pensar en las posibilidades de trascendencia y en el qué hay después de la muerte. Esas conjeturas ayudan a estos cuerpos dolientes a alivianar el pesar y tolerar (de alguna manera) la agobiante realidad. Nosotros nunca moriremos exhibe un drama en clave realista, pero se deja empapar por algunos toques fantásticos que iluminan la historia. Un tono profundo y sensible recorre el metraje que posee un ritmo pausado y evita todo golpe bajo, cosa que siempre se agradece.

1982 (Argentina, 2020). Dirección: Lucas Gallo. Duración: 90’. Competencia Argentina. Disponible: 26, 27 y 28 de Noviembre.  

Como el cielo después de llover (Argentina/Colombia, 2020). Dirección: Mercedes Gaviria Jaramillo. Duración: 73’. Competencia Latinoamericana. Disponible: 25, 26 y 27 de Noviembre.

Nosotros nunca moriremos (Argentina, 2020). Dirección: Eduardo Crespo. Duración: 83’. Competencia Internacional. Disponible: 27, 28 y 29 de Noviembre.