WILD_International-One-Sheet-PosterTarea engorrosa la de escribir acerca de películas que no aburren, que no son malas, pero que nos dejan con sabor a poco y nada. Decir «está bien» o «funciona» sería caer en un lugar común aún más ofensivo que atacarlas o incluso ignorarlas. Ni Alma salvaje ni Joven y bella me han dado motivos para escribir en contra, pero tampoco me los han dado para otorgarles peculiaridades que las rescaten del cúmulo, por lo general bastante mediocre, de la cartelera de cine de cada semana. Alma salvaje es una película estadounidense, con Reese Whiterspoon como protagonista, que tiene como director al canadiense Jean-Marc Vallé, quien busca repetir la fórmula que lo llevó a la Academia el año pasado con su -también- biopic dramático, El club de los desahuciados. Al canuck le gustó Hollywood y se despachó con otro relato de superación. Joven y bella, en cambio, es una película francesa dirigida por Francois Ozon, director con una más extensa y reconocida trayectoria, que el año pasado estuvo en cartelera con En la casa, comedia dramática en la que también abordaba las problemáticas adolescentes en contraste con las crisis adultas, inmersas ambas en una burguesía insípida y helada.

Alma salvaje y Joven y bella se construyen mediante recursos narrativos distintos pero, en ambos casos, las disposiciones formales se vuelven tan evidentes que las películas se tornan mecánicas, sin alma y plagadas de convenciones. La primera lo hace mediante un montaje temporal que alterna el presente con al menos dos tiempos pasados en la vida de su protagonista: los recuerdos previos al fallecimiento de su madre y la vida de excesos que tuvo luego de perderla (consumo de drogas duras y sexo promiscuo y adúltero); la segunda, en cambio, es lineal, y el uso de placas fragmentan las elipsis del relato a la vez que anuncian cada estación del año como alegoría de las etapas de maduración sexual/emocional de su personaje principal. Pero estas películas no tienen únicamente como punto en común «lo femenino» y sus misterios; en sus también evidentes diferencias (formales, narrativas, coyunturales) discurren sobre una idea que es, tal vez, el punto más fuerte de cada relato: la mujer no-víctima. Como las viejas divas del exploitation, pero con menos descaro y guarrada encima, Cheryl (Reese Whiterspoon) e Isabelle (Marine Vacth) son dueñas absolutas de unos cuerpos a los que explotan, ya sea a través del sexo o del martirio, para emanciparse de sus demonios y cadenas.

Alma salvaje empieza con Cheryl arrancándose una uña del pie en la cima de una montaña y su grito nos lleva al montaje frenético de todos los recuerdos por venir. Además de simbolizar el doloroso proceso de mutar y desprenderse del pasado, es también un indicio de que Cheryl es absolutamente responsable de sus heridas. Señalo esta presentación como «indicio», porque durante la primera parte de la película Vallé manipulará la identificación del espectador con la protagonista haciéndole creer que ésta fue víctima, mediante fragmentos insertos de recuerdos breves y confusos que al ser completados la colocan en el lugar menos simpático del cuadro (un ensayo similar pero mucho más enrevesado sobre el espectador y la permeabilidad de su juicio de valores es el que llevó a cabo Paul Thomas Anderson en Magnolia). Es llamativa la reiteración de las escenas de no-violación que se dan a lo largo de la película, sobre lo que ningún crítico se ha detenido hasta el momento, ya no sólo como un juego capcioso del director para poner a prueba nuestra moral o moralina, sino como la abierta expresión de una mujer que, gracias a un espíritu avezado a los golpes por diversos abusos autoinflingidos, puede imponerse antes los demás y elegir no ser victimizada.

sadfafeaef-1Trampeando menos y con una ambigüedad casi nula trabaja Ozon su historia sobre una adolescente francesa, hija de padres adinerados, que luego de perder su virginidad con un joven alemán durante unas vacaciones de familia, decide comenzar a prostituirse durante el día, una vez de vuelta en la ciudad. No voy a referirme a su obvia relación con Belle de Jour de Buñuel, porque ya la mencionaron varios colegas y requeriría otro texto. Con los fantasmas de la crisis económica y la trata de personas de fondo, la elección privada de Isabelle elude catalogarse como consecuencia de ninguno de ellos. Aunque las películas enfaticen de forma casi grosera la naturaleza de las relaciones familiares y amorosas de estas chicas -sobre todo con las madres-, lo que verdaderamente importa es la cualidad introspectiva de cada experiencia, muchos más acentuada en Alma salvaje por el uso de la voz en off de Cheryl en la inmensa soledad del desierto, y en Joven y bella implícita a través de la práctica voyeur del hermano menor de Isabella, que nos descubre sus instantes de mayor intimidad.

La clásica belleza francesa de Vacth (nariz pequeña, labios prominentes y rojos, ojos alargados y claros) es funcional al temperamento desafectado, etéreo y volátil de su personaje, así como la ruda angulosidad de la cara de Whiterspoon lo es al entorno rocoso y árido que contextualiza su viaje. Estas antagónicas bellezas también reposan en las distintas etapas que las atraviesan, la de quien está despertando a la vida y, por ende, a la muerte, descubriendo los funcionamientos sociales que se tejen debajo de la máscara hipócrita de la burguesía, y de quien desde lo más bajo y ya de vuelta de la muerte, busca otra vida o una segunda oportunidad. Estas caras y estos cuerpos naturalmente expresivos, medidos en sus gestualidades, logran contrarrestar la torpeza en la que ambas películas caen al describir de manera ostensible con sus planos, montaje y líneas de diálogo, lo innecesario, se trate de la mochila incalculablemente pesada de Cheryl como símbolo de las culpas que carga sobre su espalda o de la camisa de seda que Isabella utiliza para prostituirse y que pertenece a su madre. Estos artilugios efectistas y sensibleros revisten a las películas de una lectura psicoanalítica de manual inmediata que eclipsa el sentido político en torno a la mujer y su autonomía.

Alma salvaje (EE.UU, 2014), de Jean-Marc Vallé, c/Reese Whiterspoon, Laura Dern, Thomas Sadoski, Keene McRae, 115′

Joven y bella (Francia, 2013), de Francois Ozon, c/Marine Vacth, Geraldine Pailhas, Frederic Pierrot, Fantin Ravat, Charlotte Rampling, 95′