el-critico-c_5494_poster2Se estrena por primera vez en la historia del cine argentino una película con el título El crítico. Tellez (Rafael Spregelburd) es crítico de cine de un diario importante, vive en una especie de cueva horrible y su vida es triste y deslucida. Es un neurótico importante, está solo y disgustado con el mundo que lo rodea.  Además, su sobrina –la única persona “real” con la que parece tener verdadero contacto- lo gasta a más no poder, aunque lo admira y espera de él algún gesto de cariño. Solo el cine y la construcción ridícula de la vida – que se origina en su “sensibilidad”- parecen contenerlo. Sin embargo, hay algo que lo define por sobre todo lo demás: detesta las comedias románticas.

No tiene un mango y está en bolas completamente; un pretendido productor le ofrece guita por diez escenas para un guión. Tellez se hace el malo, el duro y termina aceptando el trabajo. Como no tiene ideas, termina escribiendo la crónica de lo que le sucede con Sofia (Dolores Fonzi), una cleptómana de rostro divino que conoce por casualidad. Ella tiene un acento ridículo que sirve solamente para justificar el único chiste que funciona en la película.

La opera prima de Hernán Guerschuny, que a su vez dirige la revista de reseñas cinematográficas Haciendo cine, nunca logra hacer pie a los largo de sus 98 minutos de duración. Mayúscula es mi decepción cuando encuentro que la película intenta apoyarse en una narrativa clásica, de género, que el personaje de Tellez reprueba tenazmente, con argumentos que atrasan 20 años, y el relato no llega nunca a contradecirlo. En este caso, ¿será que Tellez tiene razón?

Ahí nomás me pregunté si la finalidad era irónica, un paso de comedia, una idea envuelta en cierto cinismo. Desandar todo ese discurso a base de recursos que el género nos suministra para llegar a un final romántico.

Luego comencé a distinguir que para el director era más significativo filmar “lindo”, que invertir en la relación de los personajes. La película tampoco logra desarrollar personajes secundarios importantes, todos responden a un trazo fugaz y con sabor a poco: la sobrina, el director despechado y el crítico nerd, parecen tener mucho más que decir.

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Es difícil descubrir por qué Tellez se enamora de  Sofia, todo el tiempo sus pensamientos la tratan de tarada, con esa voz en off en francés que no le hace justicia a la cinematografía nacional y se convierte en un guiño snob que nunca se cuestiona. Tellez  sufre del mal del cinéfilo: endiosa a Godard y cree firmemente que el mundo es solamente agraciado dentro de las películas, de ciertas películas, de las importantes, las que dominan el arte. Lo curioso no es que Tellez asuma esa posición ya caduca sobre el cine y la crítica, sino que lo haga la película. La mayoría de la gente que escribe sobre cine hoy tiene una idea más acabada de que es el mundo, pero los estereotipos de El crítico siguen desplegándose conforme a esas distinciones entre cultura alta y baja, películas serias y “de entretenimiento”. Que sigan arraigadas en cierto sentido común no significa que sea necesario validarlas.

Desde la mitad de la película en adelante, el vértigo del inminente final omite resoluciones, gestos, que deberían ser importantes en cualquier relato. Ahí es cuando decide saltear “el final feliz” e instalar un final abierto. Si Tellez escribiera sobre El crítico en su columna diría: “Deslucido intento de narrar la crónica de un mustio critico de cine, roto y sin dinero, en clave de comedia romántica. Un género que entregó, hace por lo menos cinco décadas, lo mejor de su producción. Pretenciosa y señalando casi cuadro a cuadro, un dominio del medio que evidentemente carece de cadencia en sus formas y sus contenidos. Olvidable opera prima”. Y habría que pensar que esta vez tiene razón.

El crítico (Argentina/Chile, 2013), de Hernán Guerschuny, c/Rafael Spregelburd, Dolorez Fonzi, Ignacio Rogers, Ana Katz, Daniel Cargieman, Marcelo Subiotto, Eduardo Iaccono, Telma Crisanti, 98’.