Historia-del-miedo (1)Historia del miedo es la opera prima de Benjamín Naishtat y ha tenido un recorrido importante por varios festivales: se presentó en el último Bafici, en Berlín y en San Francisco. La película parte de una premisa un tanto presuntuosa: retratar, decodificar, de dónde viene el miedo subyacente en nuestra sociedad. Comienza con unos planos aéreos donde se pueden distinguir campos de deportes (canchas de rugby específicamente), casas con piletas, un parque en el medio de un barrio cerrado, y luego un suburbio pobre. De repente, alcanzamos a divisar un muro que divide esos dos espacios y deja una frontera de pocos metros entre ricos y pobres -en lo que intenta ser una postal de nuestro conurbano- para terminar en un basurero humeante. Todo esto acontece en pocos segundos, en los que la película define la topografía de la ciudad y utiliza esos planos para emplazarnos donde va a transcurrir la acción.

Pola (Jonathan de Rosa) es jardinero en un country mientras su madre trabaja por horas para una familia de dinero en un coqueto departamento de la Capital Federal. Los personajes, todos interrelacionados, cohabitan con desconfianza los unos con los otros. Es un verano extremo en Buenos Aires, de esos que vienen sucediendo  hace años y que avivan la irritabilidad hasta llegar a consecuencias impensadas. A eso se le suman los cortes de energía, que también se vienen sufriendo en los últimos veranos, para terminar de armar un cóctel peligrosamente voluble. El comienzo demuestra con creces el virtuosismo del realizador para retratar en bellas imágenes una cosmografía argenta al máximo; cada plano tiene un cuidado extremo, calculado, perfectamente iluminado según la cuerda dramática que el realizador desea utilizar. Una idea de puesta en escena muy precisa; un tratamiento exquisito del sonido, con relevancia en el off,  que enrarece el clima, provocando que la tensión vaya en aumento. Actuaciones extrañas que subrayan la tensión y acentúan las intenciones narrativas.

Hay algo en el régimen de relaciones interiores de la película que no marcha del todo bien, se necesita algo más para que la forma sea total y satisfactoria. Las interrelaciones entre los personajes que se van presentando no terminan de completar y desarrollar las estructuras propuestas: el tratamiento casi científico de sus comportamientos, sus gestos, sus silencios, que son examinados en pos de argumentar la tesis de la película, anula toda posible emoción y nos lleva al desconcierto. Nuestras expectativas como espectador activo van en busca del significado de lo que dice o sugiere el relato, pero el problema aparece cuando el relato estimula líneas que pueden demorar en cerrar –a eso se le llama suspenso- y las expectativas inconclusas terminan en decepción. Los sentimientos del espectador tienen que ver directamente con la dinámica de las formas, y la representación es lo que termina situándonos o no dentro de un relato: en este caso, la forma que propone Historia del miedo es atractiva, con su fría puesta en escena, pero desequilibrada y contradictoria.

1- Historia del miedo. Francisco Lumerman y Claudia Cantero

La gente de guita es casi subnormal y los pobres, sus empleados, tienen problemas serios de incomunicación: siempre en silencio y sin poder o querer expresarse, vegetan en una mudez al menos llamativa. El tema es que el afán de presentar una tesis sobre el miedo en nuestra sociedad abre diferentes líneas y se queda estupefacta al momento de progresar, titubea y no se anima a sostener los motivos que insinúa. La película se torna hermética y se pretende inteligente cuando, en realidad, Naishtat no dice todo lo que quiere decir, o simplemente no le sale, y se mantiene en un nivel de abstracción en el que trabaja la idea sin poder llegar nunca a la concreción, sin que nunca termine de manifestar los que insinúa ese clima de creciente tensión. No argumenta ningunos de los exabruptos que cometen Pola o Tati (su novia), los únicos personajes que se violentan físicamente, y ahí es donde arriba a un terreno peligroso: si bien los platudos no quedan bien parados, los pobres son violentos sin aparentes razones.

El miedo es sobre algo concreto, algo que efectivamente nos está acechando; cuando no existe el peligro concreto, se llama paranoia. En un momento, la señora de plata y su hijo Camilo se topan con una especie de indigente desnudo en el peaje de la autopista, entran en pánico como si fuera un zombie, mientras alrededor todo está desierto: son ellos y la ‘amenaza’. Ellos lo ven desnudo y el espectador no. Un pudor inexplicable para un hecho menor que la película decide resaltar y a la vez eludir. En esta decisión, Historia del miedo abona un terreno bastante ambiguo, plagado de prejuicios clasistas y acepciones infundadas: consciente o inconscientemente, sin un discurso político concreto, instala el punto de vista de unos personajes paranoicos respecto a las prácticas de un sector social fragmentado y difuso cuyo silencio es sinónimo de hostilidad.

sj_product_image_65_6_1524_7408Camilo, visiblemente alterado y en permanente tensión con su entorno, está filmando –aparentemente- un documental sobre no sabemos qué (¿el miedo?) y entrevista a varios de los personajes con preguntas irrelevantes, haciéndoles poner caras y logrando imágenes que se intercalan en varios pasajes de la película sin aparente motivo, como queriendo hacer un retrato paralelo que no llega a ningún lado. En otro momento, está revisando imágenes de archivo que, creo reconocer, son del copamiento de La Tablada ocurrido en 1989. La policía se protege de docenas de disparos y los civiles corren asustados. Dichos hechos que ocurrieron también en un verano intenso muestran una realidad de hace más de veinte años y trasgiversan el estado actual de las cosas, porque si bien son parte de la historia, responden a un pasado que nunca es declarado. Tal vez para el director la ‘Historia del miedo’ comienza ahí. Para mí, en cambio, comienza en 1977 con un operativo realizado enfrente de mi casa materna en Flores.

Aquí puede leerse un texto de Marcos Rodríguez sobre la misma película.

Historia del miedo (Argentina, 2014), de Benjamín Naishtat, c/Jonathan Da Rosa, Claudia Cantero, Mara Bestelli, César Bordón Mirella Pascual, Francisco Lumerman, Tatiana Giménez, 79’.