Por Gian Piero Brunetta.
Aquí pueden leer un texto de Marcos Vieytes sobre los directores.

Después de una larga actividad como documentalistas, los hermanos Paolo y Vittorio Taviani debutan con Valentino Orsini en Un uomo da bruciare(1962), reconstrucción de la biografía del sindicalista siciliano Salvatore Carnevale. Al año siguiente, en un escrito publicado en Cinema Nuovo, exponen su proyecto de cine, aclaran cuáles son los puntos fuertes de su horizonte cultural y sobre todo hacen sentir la tensión que los impulsa hacia caminos inciertos en una fase histórica en la que las certezas ideológicas se están disgregando. También en el cine de los Taviani se juntan cultura literaria y modelos cinematográficos basados en la lección brechtiana del extrañamiento, pero también sobre la idea de montaje intelectual de Eisenstein, así como una concepción de la ideología como pasión totalizadora y opción de vida.
I sovversivi (1967), Sotto il segno dello scorpione (1969), San Michele aveva un gallo (1971), Allonsanfan (1974), Padre padrone (1977), ganador en Cannes con un jurado presidido por Rossellini, muestran a la vez la tensión estilística y la fe en la utopía, en el sueño de un cambio y en el advenimiento de nuevas épocas de mayor igualdad social. Sotto il segno dello scorpione, en cambio, es un film monódico centrado en un solo personaje cuyo relato es dislocado en cuatro lugares diferentes. Giulio Manieri imagina poder llevar a cabo un alucha subversiva prácticamente liderada por él mismo, fundando su fe en el poder revolucionario de la imaginación.


Su cine, iluminado por el primer neorrealismo –en el que fermentan y circulan, además de Rossellini, la lección de Chaplin y de Bresson, de Mann, Goethe y de Brecht, de Musil y de Pollock- recoge muchas sugestiones cinematográficas, pero también culturales de amplio espectro, que van desde el psicoanálisis al abastractismo, desde la filosofía existencialista hasta la adopción de la pluralidad de estilos y el uso de la ironía como medio de extrañamiento. En Padre padrone el estilo es, una vez más, diferente y oscila entre una suerte de ritmo cronístico y documental y una dimensión lírica altamente imaginativa. La estructura –parcialmente respetuosa de la novela de Gavino Ledda- es concebida como una especie de recorrido por etapas que lleva a la liberación del individuo de un estado de semiesclavitud en una sociedad patriarcal a través del aprendizaje del lenguaje.
Su modo de trabajar, la habilidad en la elección de los colaboradores, la calidad y la importancia del proceso creativo, constituyen un ejemplar objeto de estudio. Los Taviani figuran entre las personalidades más dotadas de tenacidad, de confianza en los propios medios y de defensa de la calidad total del propio trabajo. En los años 80 y 90 (…) su cine asume un carácter más narrativo y (…) épico, la componente ideológica es siempre menos dominante respecto a esa lírica y épica (…). En el plano visual, fabulador, de los ritmos, su mirada o se dilata tratando de abrazar el máximo espacio (como en los films de Ford) o se concentra (como en los de Bresson). Por naturaleza, practican el arte de quitar (…). Aunque parecen hacer propia la lección de Tolstoi y recibir de ella el sentido de religiosidad terrena, no se obstaculiza la percepción de los placeres que cada momento de la vida puede ofrecer.


(Publicado en Guía de la historia del cine italiano, capítulo «Del ‘boom’ a los años de plomo»).