adieu_au_langage_32617El cine de Godard es, ante todo, un cine ideológico y subversivo. La búsqueda de la belleza estética es una costumbre burguesa que es necesario desarmar. Por eso la vanguardia se presenta como el resultado de un proceso natural. No obstante, la paradoja que esconde toda vanguardia es que se vuelve sobre sí misma. ¿Será que el proyecto último de Godard es autoeliminarse como director? Adiós al lenguaje no es una película. Es un experimento audiovisual.

Por lo demás, todas las vanguardias anuncian el fin de una era mientras proponen el nacimiento de una nueva: la propia. Retrospectivamente, todas las vanguardias fracasaron toda vez que sus postulados quedaron disueltos en la banalización del espectáculo y el museo. El mecanismo se actualiza y repite, adaptándose al contexto, las posibilidades tecnológicas y la situación del momento. Por eso mismo los profetas ya no anuncian el fin del lenguaje, sólo se limitan a saludar. Adiós al lenguaje, dice Godard. Sin fatalidad. Sin explicación. Sin teorizar.

El cine ya no puede ser otra cosa que una carta de despedida. El cine ya no puede hacer otra cosa que despedirse del cine.  Y esto no quiere decir que ya no queden más historias que contar. Ni que no queden miles de películas por ver y realizar. Esto quiere decir, simplemente, que el cine ha fracasado, en la misma medida en que la sociedad ha fracasado. Después de Auschwitz ya no hay cine posible. La sociedad del espectáculo ha triunfado y todo lo que resta es una actualización de discursos sobre la banalización del mal. El apogeo de la tecnología (redes sociales mediante) no es otra cosa que una confirmación de lo peor. Guy Debord tiene razón: los pensamientos y emociones sólo pueden expresarse con palabras, que adquieren dimensión al amplificarse y pierden su sentido. Primo Levi tenía razón: El hecho de que no haya vuelto a ocurrir, no quiere decir que no pueda volver a ocurrir. Todavía estamos en Auschwitz. Las promesas más apocalípticas se cumplen y la espectacularización del mal es su confirmación.

Las reflexiones de Serge Daney a propósito del, así llamado, “travelling de Kapo” retornan con una insistencia pasmosa. El embellecimiento del horror continúa siendo un problema ético. Sólo por poner un ejemplo de actualidad, basta pensar en la estetización mediática que pesa sobre los estudiantes desaparecidos en México. La memoria y la denuncia son necesarias. Pero la excesiva estetización del hecho, difundido a través de imágenes cada vez más creativas del número 43, que parecen realizadas por una campaña publicitaria de Coca Cola (que miles de usuarios en Facebook día a día comparten sin comprometerse en realidad con la causa) terminan trivializando el asunto, hasta quitarle peso y gravedad.

adios_al_lenguaje_Enfilme_12a63

Por eso el cine de Godard se revela necesario. Porque entiende el horror  y no permite que la denuncia y el compromiso ético se traduzca en imágenes publicitarias. La expresión  de su ideología encuentra asidero en Adiós al lenguaje que, además, se estrena en 3D. ¿Y qué significa que se estrene en ese formato? ¿Se trata de una ironía? ¿Una provocación? Seguramente. Toda vez que el cine como espectáculo haya alcanzado una nueva dimensión desde entonces. Coherente con este discurso implícito, el 3D que nos presenta Godard es anti-mercantilista. Se vale de las posibilidades técnicas de sus recursos, sólo para generar imágenes incómodas. Planos imposibles. Superposición de imágenes, saturación de colores.

Es difícil describir lo que se siente al intentar “ver” una película semejante. Acaso imposible de ver. Pero también, nos hace pensar y reflexionar sobre qué significa exactamente ver una película. En la operatoria necesaria que cada espectador realiza por descifrar una película semejante, acaso se esconde una aspiración que dialoga con una tradición lejana. Desde el grupo DzigaVertov que el cine de Godard es una expresión de diversos conflictos sociales. Surge de un mundo en conflicto y lo expresa. Me resulta increíble que a sus 83 años Godard sea capaz de continuar y sostener una visión tan radical que, básicamente, es la misma. Una apuesta artística en contra del Imperialismo, expresada a través de la tergiversación y apropiación de sus propios medios de producción.

adieu-1

Una última observación: me causa cierta gracia que, desde algunas plataformas, se intente “vender” esta película aludiendo a su argumento, que se supone que quiere contar una historia de amor ciertamente peculiar. Me causa gracia porque entiendo que responde a una necesidad que se supone que tiene el gran público, de consumir y aferrarse a modelos clásicos de narración. Bueno, lo siento, la película no cuenta ninguna historia de amor, a menos que sea como una metáfora inmensa y monstruosa. Godard supo y sabe contar historias menos experimentales, pero no es el caso. Adiós al lenguaje es el resultado de una mente todavía creativa y combativa que interpela nuestra inteligencia, con mucho humor, algo de ternura e incluso con elegancia. Pero no deja de ser eso: un llamado de atención, que quizás responde a una inquietud imposible de responder y, no obstante, fundamental, sobre los límites del arte, sobre el valor del arte.

Aquí puede leerse un texto de Luis Franc sobre el cine de Jean-Luc Godard y su última película, Adiós al lenguaje.

Adiós al lenguaje (Adieu au langage, Suiza, 2014), de Jean Luc Godard, c/Héloise Godet, Kamel Abdeli, Richard Chevallier, Zoé Bruneau, Christian Gregori, Jessica Eriksson, 70′.