Clear_History_brunchAl principio cuesta reconocerlo, incluso para aquellos que lo conocen, que lo han visto, que lo siguen o simplemente leyeron en los créditos de la película que estaba protagonizada por Larry David. Realmente cuesta reconocerlo: tapado por una mata enorme y expansiva de pelo marrón frondoso, casi ondulado (pero, suponemos, perfectamente limpio), ese no es el Larry David que habíamos visto antes.

Tal vez para aquellos que no lo conocían para nada el cambio no resulte importante, pero es fundamental para los que lo conocíamos: Larry David no es solo un humorista genial o un actor preciso, es sobre todo un hombre que ha construido una carrera interpretándose a sí mismo. Nathan Flom (y Clear History en general) no es más que otra excusa para que Larry David siga siendo Larry David, incluso si se esconde detrás de una barba inverosímil.

Hay algo en el talento único de David que parece resistirse al cine. Clear Historyes una película, pero es una película para televisión; tiene un director (nada menos que Greg Mottola), pero casi no parece tener puesta en escena. Lo que vemos se presenta como una película (híbrida, bastarda, una categoría que no existía hasta hace no demasiado, o por lo menos no existía como para ser muy tenida en cuenta, que es el cine para televisión) pero se siente como un episodio largo de una hipotética sitcomperfecta: escenas que se suceden como una cadena casi aleatoria de situaciones improbables. La lógica no importa mientras conduzca de una escena a la siguiente, siempre que el personaje pueda soltar nuevas frases, nuevas manías, hilos inconexos que se cruzan con esa precisión de relojería que ya es marca de fábrica David (y que vimos tantas veces en Seinfeld y en Curb Your Enthusiasm): el nombre de un auto, una ex novia que tuvo sexo oral con el grupo Chicago, la importancia o no de ser sincero cuando uno se disculpa, una gorda a la que nadie le daba bola hasta que adelgazó, cubiertos apoyados directamente sobre la mesa, etc., etc.

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La perspectiva es más clara si tenemos en cuenta otra obra en la que David es también protagonista: Que la cosa funcione. El personaje que interpreta David es, por supuesto, una nueva manifestación del eterno alter ego de Woody Allen: un judío neurótico, tirando a viejo y neoyorquino; pero, por el arte del ego interminable de David, también es una nueva manifestación del eterno alter ego de Larry David: como George Constanza de Seinfeld, como Larry David de Curb Your Enthusiasm, un judío neurótico, pelado y neoyorquino. Sin llegar a lo mejor de la obra de Allen (o de David), Que la cosa funcionetiene por lo menos una característica clara: es obra de una mente que piensa en términos de cine, que traza un arco claro, que construye personajes definidos que atraviesan situaciones puntuales. No pasa lo mismo con Clear History, un artefacto que piensa su narración en términos diferentes: incluso si no cuenta con los minutos potencialmente infinitos de las temporadas sucesivas, esta película sigue la lógica meandrosa de los hechos que se apilan sin otra justificación que su potencial cómico.

El éxito estético de Clear History no se puede medir como cine por cuanto no hace uso de los recursos del cine, sino de los recursos audiovisuales que no le son exclusivos. Hoy, ya entrado el siglo XXI, cine para televisión puede querer decir gran cine en pantalla chica, pero a veces también puede querer decir simplemente gran televisión. Un gran trabajo, a secas.

Clear History (EUA, 2013), de Greg Mottola, c/ Larry David, Bill Hader, Philip Baker Hall, Jon Hamm, Kate Hudson, Michael Keaton, Eva Mendes, 100’.