Por Nuria Silva.
Fotos: Andrea Ferrando
Aquí pueden leer la primera y la segunda parte de la cobertura de la edición anterior.

Peña y Manes se han convertido en los «guías espirituales» de una cinefilia despreciada, menoscabada. Reconocen autores allí donde otros ven fracasos, obras maestras donde muchos señalarían desperfectos, y los ensamblan junto a grandes prestigiosos del cine, en programaciones variadas que echan por la borda el arbitrario sentido esnobista de «esto es cine, esto no». Y no es que no contemplen el espíritu bizarro de algunas de las películas proyectadas queriendo abordarlas desde una apreciación académica, sino que resuelven celebrarlas desde el pleno disfrute, la alegría sin fin a la que siempre aluden cuando anuncian la llegada de un nuevo ciclo. Si hay una primordial protagonista en las funciones del BAZOFI, esa es la risa.
Tres meses después de la 4ta o 5ta edición del festival, Peña y Manes se (y nos) sacan las ganas con un regreso histórico, que incluyó, en su primera mitad, un evento exclusivo de relevancia internacional: la proyección de una versión inédita del famoso corto de Buster Keaton, El herrero (1922), hallada en la Filmoteca de Buenos Aires, y nunca antes vista. Este es otro de los grandes descubrimientos de la dupla, como lo fuera el del corte «perdido» de Metrópolis, de Fritz Lang. Como una forma de certificar el hallazgo, primero proyectaron el corto que todos conocemos (o deberíamos conocer) para poder compararlo luego con el «nuevo». Si bien, en lo personal, me gustó mucho más la primera versión, especialmente por la resolución final de la historia, que en la segunda queda implícita, es invaluable haber podido presenciar un acontecimiento de semejante magnitud. La proyección estuvo acompañada por música en vivo a cargo de Kabusacki & his Metal Boys, con una dulzura tal que fue imposible no volver a sentirse una criatura embriagada por la destreza física humorística de Keaton acompasada por la insigne ejecución musical.


Pero (necesariamente) nos estamos adelantando. La función inaugural del BAZOFI Deluxe fue con El profesional (1981), de Georges Lautner, película de acción en la que el emblemático Jean-Paul Belmondo interpreta a un agente secreto francés, Josselin Beumont, que es condenado a cumplir una condena tras intentar atentar contra el líder de un país africano ficticio, Malagawi, el Coronel Njala. Defraudado por las autoridades francesas, Beumont logra fugarse en compañía de otro reo con el que forja una amistad en prisión, regresando a su país de origen para iniciar su derrotero vengativo contra el servicio secreto francés y cumplir con la misión de eliminar a Njala. Lo que comienza siendo una película de acción con tintes dramáticos, paulatinamente se va convirtiendo en una comedia sumamente autoconsciente con gags perfectos (sin ir más lejos, en una escena Beumont hace referencia a tres personajes claves de la commedia dell’arte, pierrot, colombina y arlequín). El meloso tema Chi Mai, compuesto por Ennio Morricone, como único motivo musical utilizado tanto para las escenas dramáticas como para las de acción o suspenso, imprime sobre la película un tono homoerótico notable, percepción acentuada por gestos y líneas de diálogo apasionadas entre los protagonistas masculinos que, a medida que avanzaba la película, desataban risas cada vez más vehementes. Dos momentos inolvidables: el duelo entre Beumont y Rosen (jefe de la policía secreta) con el florista entre ellos, uno de los gags cómicos más evidentes del film, y el final trágico, inesperado y mítico.


La segunda jornada, además de la ya mencionada El herrero, contó con la proyección de otra película muda, esta vez de suspenso, El testigo mudo (1924), de Chester Franklin, protagonizada por la estrella canina Pedro el Grande, un ovejero alemán (no sólo de raza, sino también de nacimiento) a quien los anfitriones definieron como el ‘James Dean de los perros’, por haber realizado sólo tres películas antes de padecer una muerte trágica en un confuso enfrentamiento armado entre sus dueños. Un hombre es condenado a prisión por un crimen que no cometió, pero su fiel compañero perruno, que presenció el hecho por el que su dueño es acusado, decide ayudarlo guiando a la policía hacia el verdadero asesino. Una vez más, la película estuvo musicalizada de manera impecable por Kabusacki & his Metal Boys. El cierre de la fecha fue algo accidentada. Luego de unos trailers de clásicos nacionales (El astro del tango, de Luis Bayón Herrera; Malambo, de Alberto de Zavalía; y Camino al crimen, de Don Napy) a modo de aperitivo, nos quedamos con ganas de ver Asesino de mujeres (1977), de Don Edmonds, a causa de un desperfecto técnico. La sorpresa fue tal que los presentes tardamos varios minutos en salir de la sala, como si estuviéramos esperando un milagro de último momento, algo que no nos terminara por empujar fuera de un espacio que tanto disfrutamos.



Por este mismo motivo, la película anunciada para finalizar la primera parte del festival, La marca del diablo (1970), de Michael Armstrong y Adrian Hoven, fue reemplazada por la española El sonido de la muerte(1965), de José Antonio Nieves Conde. Film perteneciente a la escuela de terror hispano (que por aquellos años todavía no estaba en boga), en la que el «monstruo» es completamente invisible y cuya presencia se manifiesta a través de unos gritos agudísimos que, más que en un ser maléfico, hacían pensar en una mujer pariendo. Esta decisión formal no tuvo otro fundamento más que el del escaso presupuesto con que contaban. Un grupo de arqueólogos, tratando de dar con un tesoro, abren por accidente una vieja tumba liberando a este ser enigmático, que comienza a acecharlos logrando asesinar a algunos de sus integrantes. Es cierto que teniendo en cuenta la precariedad de recursos, Nieves Conde logró recrear momentos de suspenso notables, pero algunos diálogos, muchos de contenido sexista («no seas tan duro con ella, es una novata… y mujer» le dice, palabras más palabras menos, un arqueólogo a otro cuando este último critica a la única mujer presente por toser y cubrirse el rostro tras detonar una de las paredes de la cueva), el nivel de las actuaciones y los efectos especiales baratos (las hachas flotando en el aire y la única imagen del bicharraco que aparece sobre el final, que parecía la sombra de un Godzilla en miniatura), desencadenaron carcajadas de principio a fin.

Aviso importante: las películas que no pudieron ser proyectadas (Asesino de mujeres y La marca del diablo) serán reprogramadas para dentro de unos quince días, en un BAZOFI Plus, según dijera Peña.