113868El español Pablo Berger no dirigía desde 2003 y, casi diez años más tarde, decidió hacer una película muda que salió en los tiempos en que El artista andaba dando vueltas por ahí. Y, claro, daba miedo entonces acercársele al cine mudo industrial, contemporáneo, con superestrella (Maribel Verdú era lo más fuerte del estrellato de esta Blancanieves) y premios (como los Goya).

Sin embargo (ahora que se estrena en Argentina), ya con ver algunos fotogramas de la película de Berger podemos darnos cuenta de que este director y su relato marchan para otro lado que aquel mamarracho de Hazanavicius. Sobre todo porque esta película intenta no caer en los clichés que gritan “che, estoy haciendo una película muda” sino que intenta poner el cine mudo a su servicio y al servicio de contar una historia. Por momentos lo logra y por momentos no, pero lo seguro (y noble) es que Blancanieves no lucra con la idea de que es “osado” hacer ese tipo de cine en 2012. Blancanieves (Berger, en realidad) simplemente intenta hacer cine (cosa que, claramente, El artista no intenta) y hacerlo siguiendo ciertas convicciones estéticas y narrativas. Y sí, la película tiene momentos altos (las escenas más lúdicas, las del baile y la plaza de toros) y momentos bajos (algunas sobreactuaciones y sobremodulaciones de Verdú y sus secuaces) pero finalmente logra llevarse bien consigo misma y va construyendo un espacio en el que, más cerca del final, el director y su película se mueven como pez en el agua.

Blancanieves_Pero, ¿qué es esta película? Una relectura del clásico de los hermanos Grimm, que se mete con el folklore español y trata de una Blancanieves que es hija de un torero y una cantaora muy famosos. Pero al morir la madre de la niña y, luego, su abuela, la muchacha termina viviendo con el torero (su padre, a quien nunca vio y que está postrado en una silla de ruedas) y su nueva esposa, quien los esclaviza. Desde ahí empieza un viaje que no es otro que el de la lucha de Blancanieves por recuperar su identidad. Y sí, hay una bruja y hay una especie de hechizo y hay una especie de príncipe. Pero lo que más importa es de dónde viene todo esto y hacia donde va, porque en este relato Berger intenta retratar y recorrer el camino que muchas veces se abre entre alguien o algo (la protagonista, un pueblo, una cultura, un país, el cine) y sus raíces. Y de a ratos lo logra airosamente, no a través de siete sino de seis toreros enanos que viven –como Blancanieves– su identidad como parte de un espectáculo.

Blancanieves (España/Bélgica/Francia, 2012), de Pablo Berger, c/Maribel Verdú, Emilio Gavira, Macarena García, Ángela Molina, 104′.