Capitana Marvel: La experiencia de ser el Otro, por Romina Quevedo

En la antesala de lo que será el estreno más importante del universo cinematográfico de Marvel -entiéndase por esto Los vengadores: El juego final-, llega a las salas Capitana Marvel, película que narra la historia de la heroína que, según Fury (Samuel L. Jackson) dice en la última película de Los vengadores, es el arma secreta que les queda. El gancho marketinero funciona así, implantando la necesidad de conocer dicha arma. Una búsqueda de identidad que el espectador comparte con la amnésica protagonista, quien ostenta varias identidades hasta definirse por una: Vers, Carol Danvers, Capitana Marvel (Brie Larson).

La película comienza con una escena que pertenece al pasado de la narración, y que se reproduce de adelante hacia atrás, poniendo de manifiesto que el tema principal será desandar lo andado. Encontramos a Vers en un planeta llamado Versentrena, donde se le dice que debe controlar sus emociones, sus recuerdos, porque solo de esa manera podrá desarrollar todo su potencial, instaurando la nunca entrada en desuso dicotomía entre la razón como ente controlador y ordenador para generar poder, y la emoción, los sentimientos, como fuerza motora. Desde el primer entrenamiento, Yon Rogg (Jude Law), su mentor, le dice que jamás logrará su objetivo -superar a su instructor-, si se deja controlar por sus sentimientos. Controlar las emociones es controlar el pasado. Esa nostalgia por el pasado se revela desde el comienzo en la época elegida para ubicar la narración, la década del 90, época del grunge, del auge de los cybers y de la cadena Blockbuster. Una nostalgia que se hace palpable, además, en la banda sonora, un recurso que ya había dado buenos resultados en Guardianes de la galaxia. La importancia del pasado excede la cuestión identitaria del personaje para tornarse una reflexión sobre las posibilidades intrínsecas del cine, haciendo autoconsciente la idea de la manipulación del tiempo y, con él, de la realidad toda.

Esa realidad se descascara en posibilidades que de a poco van encontrando su razón, al tiempo que la protagonista descubre quién realmente es ella, quiénes realmente son sus aliados y quiénes sus enemigos. Y es en esa decisión, en esa pincelada que rige cómo se muestra al mal, a la amenaza, donde aflora el carácter contestatario dentro la película como receptora y reflectora de ansiedades colectivas que le son contemporáneas. El gran tema de la película no es otra cosa que la búsqueda del hogar, de un lugar propio. En un primer momento, el Otro amenazante es una raza a la que se tilda de terrorista y se acusa de invadir los territorios a los que llegan. Una otredad que finalmente se revela como una raza refugiada, sin otro objeto que la necesidad de encontrar un lugar para vivir. Ese desenmascaramiento del inmigrante ya no como peligro sino como un par, no es gratuito. El cine de superhéroes es, desde hace casi dos décadas, la expresión de las ansiedades relacionadas con las políticas de Estado republicanas y su etnocentrismo. No es difícil reconocer en esos “usurpadores” alienígenas, los mismos condicionamientos negativos que se le adjudican a los inmigrantes mexicanos y a los semitas en general -a los musulmanes en particular-.

Asimismo, la idea de los extraterrestres como un gran Otro cuya principal característica es ser metamorfo -haciéndolos capaces de camuflarse en identidades de seres que nos son conocidos- es una forma acabada que sigue la línea de la ciencia ficción estadounidense de la década del 50, donde los “invasores” podían infiltrarse en el planeta Tierra haciéndose pasar por conocidos, siendo reflejo de la ansiedad colectiva ante la invasión de otro cuya amenaza era proporcional a su diferencia. “Conoce a tu enemigo, podrías ser tú mismo”, dice uno de los miembros del equipo anti invasión de la fuerza imperial Kree. Capitana Marvel toma esa línea para finalmente subvertirla, como no podía ser de otra manera, puesto que el universo de Marvel Comics se ha caracterizado por abrazar y enarbolar a todo aquello que otrora era marginal. Los héroes de Marvel sufren por ser diferentes y buscan ser aceptados. Es la línea del Otro que vuelve para ser salvador y donde el sacrificio lo vuelve casi divino. Sacrificio del héroe que tiene que ver con el abandono de la individualidad por sobre el bien común: se le dice que debe pensar en el bien de los demás por sobre su interés propio.

Línea argumental que destila uno de los tantos homenajes que la película brinda al demiurgo del multiverso Marvel, Stan Lee, entre ellos un último cameo en la mejor escena de la película, una que resume la estética de las películas del Marvel: la persecución en el tren, donde al vértigo de la acción se le suma una serie de gags, porque la acción se ve retroalimentada constantemente por el humor. Histrionismo que depende en gran medida de la astucia de la protagonista para manejar con sorna las situaciones tensas. Es esa destreza la que caracteriza a la heroína, una mujer determinada desde mucho tiempo antes de tener poderes, que tuvo que lidiar con ambientes falocéntricos donde se menospreciaba su capacidad por el hecho de ser mujer: la aviación, el automovilismo, la milicia. La amiga de Vers, incluso, es todo eso sin descuidar su rol de madre. Por el contrario, su hija la anima a sumarse a la batalla y realizar toda una serie pactada de maniobras peligrosas. Una diferencia que resalta entre esta heroína y la Mujer Maravilla de DC es que, en este caso, no se espectaculariza el cuerpo femenino como sí pasaba con la heroína encarnada por Gal Gadot. Vers es una mujer cuyo rasgo sobresaliente no está puesto en la cosificación del cuerpo sino en el ingenio para las respuestas rápidas que en más de una vez se caracterizan como sornas hacia los hombres que la circundan, cuyo principal blanco es Nick Fury, personaje fundamental en su carácter humorístico. Particularmente en la escena en que se mide el nivel de peligrosidad entre un “gatito” y un hombre adulto -Fury-, el hombre sale como prácticamente inofensivo.

Contrariamente, es la mujer la que es vista como poderosa, como el arma que Fury predecía en Avengers: Infinity War, y que un enemigo kree reafirma en Capitana Marvel: el arma ya no es el teseracto, es la mujer. Y su poder se desarrolla por completo, se reafirma, cuando la protagonista comprende que no tiene nada que probar, que es quien es: un núcleo de fuerza.

Calificación: 7/10

Capitana Marvel (Captain Marvel. Estados Unidos, 2019). Dirección: Anna Broden, Ryan Fleck. Guion: Anna Broden, Ryan Fleck, Geneva Robertson-Dworet, Jac Schaeffer. Fotografía: Ben Davis. Edición: Debbie Berman, Elliot Graham. Elenco: Brie Larson, Samuel L. Jackson, JudeLaw, Annette Bening. Duración: 123 minutos.

1 Comentario

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Lucas R.respuesta
21/03/2019 en 14:12

Mas allá de las interpretaciones ideológicas que son validas y muy acertadas, faltaría señalar que narrativamente la película no aporta nada nuevo. Se vale de viejos y aburridos trucos. Una banda sonora noventosa y pequeños detalles culturales de la década que algún youtuber se empecinara en recopilar. A falta de un guion afilado y ocurrente, los directores prefieren recurrir al chiste del gato, que se repite varias veces e incluso nos aporta el importantisimo dato de saber como nick fury pierde su ojo. No quiero sonar hater, pero es una película muy floja

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