Vacaciones-Poster-Empeliculados.co_“Good night. I’m Chevy Chase . . . and you’re not”

(Presentación del Weekend Update, noticiero de Saturday Night Live)

Not un tipo cualquiera.  En las postrimerías de la década del ’70, aunque con férrea vigilancia de la censura y salvajes cortes, se estrenaban en nuestro país semanalmente decenas de películas, desde memorables hasta enteramente descartables, y uno del montón tuvo el inesperado honor de durar un año en cartel en el legendario y desaparecido cine Metro de la calle Cerrito al 500 de Buenos Aires:  Juego sucio (Foul Play, 1978). Era una comedia policial que si bien tenía a Goldie Hawn como atracción y un ya anacrónico tono de comedia alocada, no tenía a priori demasiado para brindar, menos como para eternizarse en un cine céntrico de la Capital Federal. La contrafigura masculina era un tipo que para los argentinos solamente sonaba por su nombre asociado a un auto de la década: Chevy Chase, un cara de naipe que, ignorantes del estallido de Saturday Night Live (SNL, 1975) y su seminal pandilla salvaje (Chase, Bill Murray, John Belushi, Dan Aykroyd, Gilda Radner, etc.) en la televisión estadounidense, desconocíamos y que en la película de Colin Higgins quedaba desplazado por el desquiciado secundario de Dudley Moore, actor inglés que también tendría su (tardío) reconocimiento masivo en la década siguiente y a partir de su rol en esta rareza que seguramente hoy vale solamente como tal.  Personalmente, el recuerdo que atesoro es verla en una copia ya hecha bolsa, y ya no da para descargarla, comparar y llorar como en el tango.

La cara de nada de Chase lo equiparaba, tanto en esta comedia hitchcockiana como bastante más tarde en la olvidada Memorias de un hombre invisible (John Carpenter, 1992), con el tipo cualquiera metido en circunstancias extraordinarias, inmejorable recurso para lograr la empatía del espectador con un personaje, si lo sabría Hitchcock que conocía nuestras reacciones mejor que nosotros mismos.  Pero dentro de ese segmento de tiempo, Chase -ya disparado de SNL- se iba a convertir en ícono de la comedia norteamericana fundamentalmente a través de su personaje Clark Griswold en la saga Vacaciones, inspirada en la revista satírica National Lampoon, que había iniciado la franquicia cinematográfica con Animal House (1978) brutalidad dirigida por el gran John Landis, otro responsable de una brillante década para el género. En las primeras dos, Vacaciones (1983) y Vacaciones en Europa (1985), sin olvidar que todavía muy pocos disponían de alguna cinta del programa de Lorne Michaels, descubrimos que el aparentemente impávido Chase era todo un comediante físico que se servía de esos opuestos para lograr mayor efecto cómico, receta infalible en Saturday Night Live a lo largo de los años. Podríamos resumir el estilo Chase en aquel maravilloso videoclip minimalista en pleno estallido de un  género que propiciaba lo contrario: él y Paul Simon haciendo mímica al ritmo de You can call me Al (1986, gran hit del disco Graceland), con cámara fija en una pieza blanca con una puerta, dos sillas, una tumbadora, una flauta y un bajo: Simon, pequeño, atribulado, impasible, junto a Chase alto, sonriente, hipermovedizo. El tipo cualquiera y de rostro común haciendo morisquetas  y desarmando el cuerpo como un David Byrne pero de cotillón.

paulsimonchevyEl optimista del gag. A diferencia de los libretos inteligentes de SNL donde Chase también metió mano, el humor de estas Vacaciones era tan efectivo como básico, con pluma de otro puntal de la comedia yanqui de los 80, John Hughes:  en la primera los Griswold, típica familia de clase media americana, sale de viaje cruzando el país comandada por Clark, un padre y esposo tan noble e inocente como torpe y empecinado, que convierte el viaje con su candorosa mujer y sus dos hijos en una sucesión de desastres que gag tras gag se hilvanan con el ritmo justo mientras aprovechan para satirizar cada tradición y espacio folklórico americano.  No en vano, y aunque fuera una comedia descartable (aunque iniciática), además de Hughes en guion detrás de cámaras estaba Harold Ramis y en el cast aparecían otros rostros que ya estaban haciendo historia: John Candy, Eugene Levy,  Beverly D’Angelo –actriz infravalorada  que quedó injustamente en la segunda liga- y Randy Quaid como el desagradabilísimo primo Eddie, un anticipo de casi 30 años a los guarros modernos de Franco, Galifianakis, Hill y compañía. El optimismo a ultranza de Clark así como lo elevaba en su propia montaña de estupidez en algún momento terminaba por hacer eclosión en una crisis catártica que sorprendía al espectador con un fugaz rapto de autoconciencia del caos.

El éxito de esta película motivó algo que hoy caería de maduro pero no tanto treinta años atrás: una secuela, y esta vez con los Griswold ganando en uno de esos imbéciles concursos familiares televisivos un viaje para recorrer Europa, donde se comportan como los típicos turistas americanos –plaga mundial- intentando simpatizar con los lugares y costumbres del viejo continente con resultados otra vez catastróficos. La fórmula repite los clichés que fundamentaron el éxito de la primera y algunos gags ya son pesados y repetitivos, lo cual no impidió que aunque la saga no fuera un éxito en cines argentinos ambas películas fueran furor en el aún joven videohome. A partir de allí, fuera de algunos aciertos aislados en Vacaciones en Navidad (Jeremiah Chechik, 1989), donde la familia no viajaba sino que se juntaba con padres y primos a pasar las fiestas en casa, la saga continuó su caída libre en películas directas a video y también la carrera de Chase que además había tenido topes como Fletch y dos muy buenas películas de Landis (Espías como nosotros y Tres Amigos) volvió solo esporádicamente y con más pena que gloria al cine.

31530De tal padre, tal hijo (o de Parece que fue ayer a ¿Qué pasó ayer?). Despojada del sello National Lampoon, que también con el tiempo empezó a revolear bazofias a diestra y siniestra, y aunque ya las remakes por negocio y/o falta de ideas no sorprenden y no queda nada sagrado –por ejemplo el puntual rebuteo cual saga de la entera filmografía de John Carpenter-, la Vacaciones de 2015 aterriza como un ovni treinta años después y amoldándose en la comedia norteamericana contemporánea con similar idiotez de sus protagonistas pero ya sin el candor de los Griswold de los ’80. Ahora bien, aunque los tiempos son distintos, la sangre es más fuerte: paradójicamente, esta vacación parece casi exactamente un calco de la película de Ramis pero el protagonista ya no es Clark sino su hijo Rusty, adulto y estresado piloto de una línea aérea, quien emprende un viaje por el corazón de los Estados Unidos con su familia, empezando igual que papá a bordo de un auto ridículo por el cual lo estafaron. Los resultados son mejores de lo que podía esperarse en esta suerte de actualización de la saga: el encadenamiento de gags vuelve a ser efectivo y ahora con un poco más de desprejuicio, como en la secuencia en la que–en este viaje hasta los GPS son protagonistas del caos- terminan en la escuela secundaria donde asistió la esposa de Rusty (estupenda Christina Applegate), destapándose un pasado inconfesable de porrista cervecera que vuelve a intentar con consecuencias imaginables.

Ed Helms, uno más en la pandilla de la saga ¿Qué pasó ayer? y protagonista en la versión EEUU de The Office (Andy), tiene el rostro de palurdo a tono con su protagónico, y en más de un sentido este retorno nostálgico de los tontos y retontos de Hughes (incluidos los graciosos cameos sobre el final de los ahora abuelos Clark y Ellen) marca a las claras el agua que pasó bajo el puente en el tratamiento del género, toda vez que protagonistas y guionistas (Daley y Goldstein, de El Increíble Burt Wonderstone y Horrible Bosses que debutan aquí dirigiendo a cuatro manos) pertenecen al presente más exitoso de la comedia donde –una constante- también se van agregando año a año los nuevos  graduados del semillero de Saturday Night Live.

Vacaciones (Vacation, EEUU 2015), de John Francis Daley y Jonathan Goldstein, c/Dave Helms, Christina Applegate, Chris Hemsworth, Leslie Mann, 99′.