El árbol negro es una película extraña que, por momentos, pareciera no pertenecer a ningún linaje dentro de lo que es el cine argentino de la actualidad. Se asemeja a un documental político en el que se narran ciertas desventuras individuales y colectivas, pero que al mismo tiempo se anclan en un mito de origen. No se adapta a ningún encasillamiento genérico y esa libertad formal es una de sus virtudes.

Dirigida por Máximo Ciambella y Damián Coluccio, El árbol negro se vincula, desde lo formal, a una tradición de cine argentino comprometido (pienso en la fundacional Las aguas bajan turbias de Hugo del Carril), pero tampoco trabaja en profundidad esa veta. Crece en intensidad y en belleza poética cuando se despoja de las palabras para darle rienda suelta a un universo visual de infrecuente melancolía.

Por ello los mejores momentos llegan cuando el drama individual ocupa todo el espacio del film. Allí se destaca la notable dirección de fotografía de Cobi Migliora, cuyo trabajo resalta la potencia visual y el imaginario de los realizadores que en todo momento tienen en claro lo que quieran contar y cómo.  Por otro lado, hay en El árbol negro algunas cuestiones formales que recuerdan al cine de Bresson y a las primeras películas de Lisandro Alonso, un cine de una visualidad y materialidad metafísica que pareciera querer filmarlo todo sin palabras, trabajando sobre la imagen y sobre el silencio con la paciencia y el oficio del orfebre.

La película se inicia con la narración de un mito de la comunidad quom: “Al principio, el cielo estaba abajo y la tierra, arriba. Así fue hasta que el cielo cansado de operar como depósito de los desechos generados pidió invertir los planos”. Visto desde la crisis global que estamos atravesando, todo pareciera cobrar, además de mayor actualidad, una visión profética sobre el mundo en el que vivimos. Esa cita evoca las leyendas propias de los humillados y ofendidos de esta parte del mundo, la referencia a un mundo invertido en el que ese orden dado vuelta pareciera significar una crisis de sentido para los sujetos que sufren ese orden natural modificado. La poética natural de la flora y fauna formoseña potencia el componente mítico del relato, sumergiéndonos en la belleza de una naturaleza que enceguece por las imágenes captadas por los realizadores.

La película sigue de modo minucioso y gracias a un detallado trabajo de cámara la rutina de Martín y sus cabras, un hombre y su relación con la naturaleza como método de supervivencia. Luego de este inicio comienzan a surgir las tensiones del orden de lo político que demandarán la organización de una comunidad pensada en términos colectivos. De esta manera se desarrollan las dos dimensiones de El árbol negro: por un lado tenemos la problemática de Martín, en relación a sus cabras que mueren de modo misterioso, y por otro lado tenemos la sumatoria de conflictos políticos que acosan a esta comunidad quom y que demandan una organización que dé cuenta de la preocupación de los vecinos de esta comunidad milenaria.

Es este segundo aspecto el que aborda la lógica de lucro y explotación del capital preocupado por expandir sus negocios inmobiliarios aunque estos perjudiquen el medio ambiente y el ecosistema en el que vive esta comunidad. Ese hábitat acuciado por la ausencia de peces permite organizar a la población en pos de una demanda no satisfecha por ese otro que se niega a dar respuestas. La lucha por una vida digna y por el derecho a la propiedad de la tierra expande el conflicto territorial y político que quiere narrar El árbol negro. Pese a lo doloroso del empobrecimiento no hay sentencias de una derrota inevitable. La resistencia colectiva es lo que permite imaginar una esperanza que dé cuenta de cómo la lucha colectiva puede darle batalla a la lógica del capital en la que solo prima el ansia de ganancia.

El final del film, que vuelve al costado intimista del relato, es conmovedor y nos muestra la lucha de un hombre solo intentando salvar a sus animales. Un mundo en donde nuestras acciones por más pequeñas que sean son las que finalmente nos salvaran como especie humana.

Calificación: 8/10

El árbol negro (Argentina, 2018). Guion y dirección: Máximo Ciambella, Damián Coluccio. Fotografía:  Cobi MIgliora. Elenco: Martín Barrios, Valentín Suárez. Duración 79 minutos. Disponible en Cine Ar Play.