Considero menester admitir mi absoluta condición de peatón. Desde niño desdeñé todo tipo de vehículo: ni bicicleta, ni skate, ni patines, ni automóviles. Y ya mayor decidí no aprender a conducir. Tampoco me interesan las carreras de autos, aunque tengo que comentar algo que sucedió hace algunos años. Se iba a correr un premio de Fórmula 1 y Michael Schumacher declaró: «Si llueve , ganó yo». Llovió y ganó. Registré que ahí había algo que no sólo tenía que ver con saber correr autos a enorme velocidad o ser un buen piloto, sino que esa certeza provenía de algún lugar distinto del conocimiento: aquel que incluso puede «usar» el clima o las condiciones del ambiente para ganar una carrera.

También me fastidian enormemente los programas televisivos de automovilismo y, para no seguir dándole vueltas, el ambiente «tuerca» siempre me resultó colmado de cualidades negativas. Con todos estos antecedentes, resquemores, salvedades, desdenes y prejuicios, me dispuse a ver Ford vs. Ferrari, que es la historia de cómo la empresa norteamericana se dispuso a competir (superar) con (a) la automotriz italiana. Pero no en cualquier escenario, sino en las por entonces popularísimas y célebres «24 horas de Le Mans».

El asunto no será sencillo. Si bien las órdenes del irascible Henry Ford II (apenas un esbozo de tirano, una pálida sombra de su padre y su abuelo, un hombre cobarde y unánimemente despreciado) no dejan lugar a confusiones, su director de marketing Lee Iococca (Jon Bernthal, un buen actor al que no conocía) comprende, más temprano que tarde, que para un logro o empresa semejante es indispensable contar con personas que sepan lo que están haciendo, que conozcan mucho el material con el que están trabajando, que sean expertos en lo suyo. Iococca apela a lo seguro intentando contratar a Carrol Shelby (Matt Damon, un actor excelente que está siempre al servicio de las películas y nunca al revés), alguien que una vez logró ganar la legendaria carrera pero que una afección cardíaca dejó fuera de las pistas para siempre.

Desde el primer momento, el elegido de Shelby es Ken Miles (Christian Bale), pero los directivos de una empresa como Ford no suelen mirar con simpatía, buenos ojos y tolerancia a un corredor y mecánico que se comporta y toma sus decisiones de acuerdo a su saber y entender. El rechazo a Miles lo va a liderar Leo Beebe, vicepresidente senior de la Ford (un actual Ceo, el verdadero villano de la película, magníficamente interpretado por Josh Lucas), un espíritu maligno y miserable, intolerable con lo que no puede manejar, manipular, condicionar o destruir: el aniquilador del díscolo.

Si bien los motivos para que Miles acepte correr son sus urgencias económicas, hay una motivación más concreta, real e importante que es el desafío, la certeza de que eso inalcanzable no lo es tanto. Y el tema principal de la película, que es el orgullo secreto del conocimiento. Del saber. Esa cuestión que (nos) deslumbra en cualquier oficio o actividad.

Todas las peripecias del armado del auto, pasando por las carreras intermedias, mojones del objetivo y la construcción del vínculo profesional/afectivo de Shelby y Miles son contados por James Mangold con convicción y emoción. De la misma manera que se cuenta la relación familiar de Miles o la de Shelby con su equipo mecánico: detalles, silencios, gestos, minucias que enriquecen el todo (atención al imperceptible gesto de Ferrari hacia Miles al finalizar la carrera).

No tiene (o no demuestra) ningún interés en alardear modernidad sino que parece aferrarse a un (otro) orgulloso clasicismo, y en algunas secuencias o maneras de filmar determinadas escenas me animaría a decir que hay una búsqueda de cierto anacronismo (algo de eso que tenía una película como Ronin). 

Mangold cree en los géneros. Los ha recorrido casi todos con películas muy buenas o fallidas, pero si tenemos en cuenta que hace dos años hizo Logan y ahora filmó esta, es atinado esperar con una razonable expectativa sus próximas películas.

Calificación: 8/10

Contra lo imposible (Ford vs. Ferrari, Estados Unidos, 2019). Dirección: James Mangold. Guion: Jez Butterworth, John Henry Butterworth, Jason Keller. Fotografía: Phedon Papamichael. Montaje: Andrew Buckland, Michael McCusker, Dirk Westervelt. Elenco: Matt Damon, Christian Bale, Caitriona Balfe, Jon Bernthal, Josh Lucas, Noah Jupe, Tracy Letts. Duración: 152 minutos.