Creed II y el legado de la saga Rocky: Vivir solo cuesta vida, por Juan Pablo Susel

La tarea específica del crítico implica un distanciamiento con el objeto a analizar, en el caso del crítico de cine las películas deben poder mirarse con objetividad y distancia para poder juzgarlas desde lo que el producto artístico ofrece. En el caso de la saga de Rocky creada por el mito viviente de Sylvester Stallone, esa distancia y objetividad proclamada es muy difícil de llevar a cabo. La primera Rocky, estrenada en 1976, película que narra las peripecias de un boxeador marginal, de origen italiano y representante de las clases populares de Estados Unidos, se constituyó en uno de los iconos más importantes de la cultura popular del siglo XX. El propio Stallone en un primer momento no fue valorado como un creador trascendente y el paso del tiempo y la devoción de los admiradores de la saga lo pusieron en el lugar que se merece en la historia del cine americano contemporáneo. Stallone, en los mejores momentos de la saga desde la dirección, el guion y principalmente desde su épica presencia como actor, se transformó en un representante del clasicismo cinematográfico como pocos en el cine americano contemporáneo. Quizás Clint Eastwood sea el único que en carisma y presencia dentro y fuera de escena pueda pensarse desde los parámetros con los que pensamos a Stallone. La diferencia fundamental es que Eastwood sí es considerado un artista por la crítica de cine y Stallone apenas es valorado como un noble artesano de ese cine clásico.

La saga de Rocky ha dado a luz ocho películas a lo largo de 42 años(el que escribe está emocionada semblanza tiene 40 años), todas con la concepción de acenso y caída de un héroe trágico, a la manera del cine de gángsters clásico. Estas peripecias vitales son narradas con un laconismo y una economía de recursos notable (exceptuando el Stallone más histriónico de la década del 80 en donde el patriotismo pasó a ser un eje trascendente), casi como la novela de una vida a lo largo de cuatro décadas. Y allí, en la historia está Rocky, siempre Rocky. En la primera tímido y enamorado de Adrianne, peleando por el honor para dejar de ser un vago más del vecindario. Luego, en Rocky 2,  aceptando la inevitable revancha con Apollo, dando cuenta de la deriva del boxeador, el mundo atroz del espectáculo y lo que el mismo hace con los hijos que engendra. Y finalmente Rocky pelea con su némesis y gana el título. Después se suceden los tres episodios menores de la saga, sin desmerecer lo que Rocky 4 representa como producto cultural de su tiempo: antecede el fin del comunismo y el triunfo del imperio como metáfora de una subjetividad reinante, vigente al día de hoy. Si desde un inicio Rocky es un bello y simple poema en el que con poco se dice mucho en  la cuarta entrega de la saga este paradigma estético es reemplazado por la grandilocuencia operística de la lucha política a escala mundial en el mundo del fin de la Guerra Fría. En ese universo de paradigmas irreconciliables (el capitalismo y el comunismo), se narra el asesinato de Apollo Creed en manos de la fría máquina de matar que representa Ivan Drago. Así, el argumento del film es una excusa para narrar el acontecimiento político de la derrota del comunismo.

Luego vino el turno a la injustamente olvidada Rocky 5, con la memorable pelea callejera del final, y después el silencio de Stallone a lo largo de 16 años hasta el regreso en 2006 con Rocky Balboa, quizás el mejor film de la saga junto a la original. Allí, Stallone clausura la vida boxística de Rocky en un film oscuro y melancólico que reversiona el universo imaginario de la película fundacional de la saga. Luego de otro silencio de casi una década en 2015 llega Creed en la que Rocky se corre de escena para darle protagonismo a Adonis Creed, interpretado de modo convincente por Michel B. Jordan. Mientras que en la primera Creed el protagonismo de Adonis  Creed estaba repartido con el personaje de Stallone, en esta segunda entrega de la saga Stallone decide sabiamente dar un paso al costado y permitir que la historia respire por otros canales. Esa decisión en términos narrativos es todo un acierto.

Creed II, como todo el cine de Stallone, es un cine simple y en esa simplicidad radica gran parte del encanto y de las virtudes de su obra. Esta simplicidad  se observa  a lo largo de toda la saga de Rocky y en  otras películas importantes de la década del 80 como RamboHalcón, o en la muy disfrutable saga de Los indestructibles que reivindica al cine de superacción de los 80 con mucha gracia y estilo.

La saga de Rocky muchas veces utiliza su propio pasado para dialogar con el presente y no para plagiarse a sí mismo, como una lectura simplista podría hacernos creer. Si Rocky Balboa era una reversión de la original Rocky, Creed II resulta una reversión de Rocky 4. Solo que aquí no pelean ni Rocky ni Ivan Drago, los que defenderán el legado casi como si de un western se tratara serán los hijos de ambos, y los otrora campeones observaran el drama desde afuera. Así, el film de Steven Caple Junior, director de la muy buena Pantera Negra, narra el ascenso y caída de Adonis Creed, y el reto que el boxeador debe afrontar para saldar la muerte de su padre hace ya tres décadas en manos del padre de su rival. Los hijos replican la historia de los padres y las heridas que no cicatrizaron se vuelven a abrir. Así se narran dos enfrentamientos, el actual entre Adonis Creed y su rival, y el enfrentamiento central que enfrenta a Rocky con la antigua máquina de matar compuesta por Drago que educa a su hijo en el mismo rigor militar en el que él mismo fue educado. Si en el inicio del film de Caple Junior el personaje de Stallone da un paso al costado para que Adonis concentre el protagonismo excluyente, hacia el final del film Rocky vuelve a ocupar el centro de la escena y la película logra su clímax emocional con una batalla final digna de lo que fueron las batallas boxísticas a lo largo de la saga, en donde cada uno de los golpes dados y recibidos se hacían sentir realmente.

En la microsaga de Creed dentro del universo Rocky a su vez circula de modo central el tema de lo que representa ser un padre, retomando un gran tema que también trabaja el cine de Eastwood (pienso sobre todo en la extraordinaria Millon Dollar Baby). La sutileza con la que ese tema es tratado a lo largo de la película debería permitirnos pensar a Stallone como un creador interesado en narrar la épica de una vida con las victorias y derrotas que los seres humanos llevamos a cuestas.A lo largo de más de cuatro décadas su personaje nos acompañó como espectadores en nuestro crecimiento, enfrentándonos al dolor de las pérdidas y a las victorias circunstanciales que casi siempre se lleva el viento. Con el fin de Creed II pareciera cerrarse una parte de la  historia grande del cine contemporáneo. Vamos a extrañar mucho a Rocky.

Aquí puede leerse otra crítica sobre la misma película.

Creed II: Defendiendo el legado (Creed II, Estados Unidos, 2018). Dirección: Steven Caple Jr. Guion: Cheo Hodari Coker, Ryan Coogler, Sascha Penn, Juel Taylor, Sylvester Stallone. Fotografía: Kramer Morgenthau. Montaje: Dana E. Glauberman, Saira Haider, Paul Harb. Elenco: Michael B. Jordan, Sylvester Stallone, Tessa Thompson, Dolph Lundgren, Florian Monteanu, Milo Ventimiglia, Brigitte Nielsen. Duración: 130 minutos.

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