Cuadro a cuadro – 101 años de animación argentina: Historietas reales, por Juan Pablo Susel

En el Museo del Cine se presenta la primera muestra integral sobre animación argentina desde su hito fundacional en 1917 con el estreno de El apóstol, de Quirino Cristiani. Primer largometraje animado del mundo, sobresale desde lo formal en su técnica y estilo, y desde lo ideológico ya que puede verse como una ácida crítica al gobierno de Hipólito Yrigoyen. En la muestra destaca particularmente el trabajo de recuperación del archivo nacional que se realizó con la intención de construir un campo orgánico sobre lo que representa la animación argentina. A partir de ese trabajo, se intenta sistematizar lo disponible y resaltar el lugar de los grandes autores que, a lo largo del tiempo, le dieron forma a lo que hoy todos entendemos como «animación nacional» (¿todos entendemos por ello algo similar?). De esta manera, la muestra no se reduce a ese pasado nostálgico sino que mira al futuro poniendo el foco en artistas de renombre como Juan Pablo Zaramella y Luis Brass, sin olvidar hitos fundamentales como fueron el estreno en la década del 40 del corto Upa en apuros o, más adelante, películas trascendentes dentro del cine independiente y del mainstream de animación como Mercano, el marciano de Juan Antín o Metegol de Juan José Campanella.

Lo más importante de la muestra es entonces el intento por dar forma conceptual al campo de la historieta argentina, historizando los logros fundacionales ocurridos en estos 101 años, y también reflexionando sobre todo lo que aún falta por construir en el mundo de la animación local.

En esta entrevista con Raúl Manrupe (curador de la muestra junto a  Eloísa Solaas y María del Carmen Vieytes), repasamos el recorrido de la animación en el país desde ese mítico origen hasta la urgente actualidad.

Juan Pablo Susel: En la muestra se observa el carácter fundacional de la obra de Cristiani y, por otro lado, la innovación vanguardista de su obra. ¿Qué influencia considera que produjo en la historia de la animación argentina en el siglo XX?

Raúl Manrupe: Quirino Cristiani influyó e inspiró directamente a los artistas que buscaron hacer dibujos animados durante de la primera mitad del siglo XX. Sus discípulos, como Juan Oliva, Dante Pettenón, y después los discípulos de éstos, como José Burone Bruché, Ubaldo Galupo, Jorge Caro y otros, intentaron seguir su huella y aspiraciones, aunque en la medida que avanzó ese siglo, se hizo cada vez más difícil. La llegada de la televisión cambiaría esto, en los años 50.

JPS: ¿Cuál es la trascendencia que tuvo la visita de Walt Disney al país? ¿Considera que la misma  generó influencias en la producción animada contemporánea al propio Disney?

RM: Disney visitó varios países de América latina (Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia, México) comisionado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Esto formó parte de la llamada “política de vecindad” en la contingencia de la 2da Guerra Mundial, un accionar del que también tomó parte Orson Welles. La gran popularidad de Disney y su trabajo, fue un factor a tener en cuenta por el gobierno norteamericano y por Nelson Rockefeller, a cargo de los asuntos interamericanos. La llegada de Disney al país tuvo la trascendencia de la visita de un VIP, pero más allá de la colaboración de Florencio Molina Campos en films como Los tres caballeros y Saludos Amigos, la experiencia argentina no tuvo influencia en el trabajo posterior de Disney, aunque se cite como una leyenda, la inspiración de los paisajes de Bariloche para ambientar Bambi. Por otra parte, Dante Quinterno se inspiró en Blancanieves y los siete enanitos, para intentar un largo animado color con su personaje Patoruzú, en Upa en apuros, después limitado a un corto por falta de material fílmico color durante la guerra. Para sumar misterio, algunas versiones aseguran que Quinterno tuvo asistencia de los animadores del equipo Disney. Otro dato, que es mencionado en la muestra, es el doblaje en la Argentina de Dumbo, Pinocho y Bambi, a cargo de directores como Luis César Amadori y Tito Davison, que permaneció como la versión castellana de estos clásicos durante décadas.

JPS: En la muestra, la obra de Garcia Ferré es destacada como un hito de la animación argentina. ¿Cómo considera la obra del autor de HIjitus y qué influencias considera que la misma produjo en la animación argentina actual?

RM: García Ferré se destacó primero en la realización de publicidades, de gran aceptación en la televisión y el cine de fines de los 50 y el cine. Por imaginación y nivel de producción, significó un paso adelante en el dibujo animado local, convirtiéndose pronto en el principal referente. Anteojito y Antifaz, en micros televisivos  de dos minutos, en los que funcionaban como nexo a distintas menciones de marcas dentro de historias creadas especialmente, fueron un éxito tan grande que no solo revolucionaron la manera de hacer comerciales en TV, sino que trascendieron el medio, con su propia revista infantil, la única que disputó el lugar preferencial de Billiken, durante cuatro décadas, y llegando finalmente al largo Mil intentos y un invento. Por otro lado, Las aventuras de Hijitus, con entregas diarias de un minuto, captaron la atención del público de todas las edades con sus personajes queribles. Cabe aclarar que estos cortos se producían en color aun cuando la TV era blanco y negro. García Ferré fue un gran emprendedor, que invirtió sus ganancias en ir más allá, produciendo largometrajes en los 70, cuando nadie más lo hacía. De todos quienes produjeron dibujos animados en la década anterior -y fueron muchos- fue el único en arriesgarse e ir por más.

JPS: ¿Qué hitos constituyen para usted en la animación argentina contemporánea películas tan disimiles como ser Mercano el marciano y Metegol pensando a las mismas como piezas fundacionales del cine independiente y del cine mainstream de animación en el país?

RM: Mercano fue primero una serie cortos que salieron al aire por Much Music y marcó una renovación en el lenguaje, un cambio que pedía un público adolescente, no infantil, con un personaje irreverente y desafiante y tan argentino como universal. Ayar B. y Juan Antín después se animaron al largo, realizado en condiciones muy dificultosas, pero con un éxito que les permitió llegar a mercados tan lejanos y difíciles como Japón. Metegol es un hito en el punto que es una película a nivel productivo y estético, a la altura de las que se producen en países como España, o Australia, nacida para su difusión mundial, encarada por Juan José Campanella después de ganar el Oscar. Fue un punto culminante, no superado en muchos aspectos.

JPS: ¿Qué lugar ocupa para usted la obra de Juan Pablo Zaramella en el presente de la animación argentina?

RM: Ya hace casi una década que los trabajos de Juan Pablo Zaramella sorprenden por su variedad, sentido del humor y versatilidad. Su obra es de una gran riqueza creativa y experimental, ya que se trata de un realizador que ha abordado tanto la animación con plastilina (Viaje a Marte, En la Opera) el dibujo 2D (Lapsus) y 3D (Onion), la pixelation (Luminaris), la combinación de actores y animación, etc. Sus cortos han sido premiados y reconocidos internacionalmente. Es un espejo, un referente y una fuente de inspiración.

JPS: ¿Por qué considera que Upa en apuros marcó un punto de inflexión en la historia de la animación argentina?

RM: Podríamos decir que es, como lo fueron las películas de Cristiani, un intento de hacer cine de dibujo animado a nivel internacional. La guerra y otras cuestiones en las que se mezcla el cine y la política mundial, determinaron que ese largo terminara en corto, y se cerrara una etapa, que podríamos denominar, de aspiraciones románticas. Habrían de pasar treinta años para que García Ferré estrenara su primer largometraje Mil intentos y un invento/La película de Anteojito y Antifaz.

JPS: ¿Cuánta dificultad supuso conseguir el material para la muestra? ¿Hay material que pertenece al Museo?

RM: Más que dificultad, representó un gran trabajo de todo el equipo del Museo, sea para contactar a los artistas (y sus hijos y sus nietos), ir buscar el material,prepararlo debidamente para ser montado y exhibido de acuerdo al guion. Contamos con la gran colaboración una gran cantidad de artistas, dibujantes, compañías productoras y familiares de realizadores, que nos facilitaron acetatos, fondos, memorabilia, objetos personales, bocetos, material escenográfico, maquetas.Esto, junto a objetos de la colección del Museo, como acetatos, afiches, películas, la cámara con la que se filmó Manuelita-donada por la familia García Ferré-, dibujos originales de Quirino Cristiani, proyectores y dos valiosos dibujos originales de Walt Disney donados personalmente cuando visitó la Argentina.

JPS: ¿Cómo pensó conceptualmente la muestra y cuán difícil fue poder pensar a la animación Argentina como un campo claramente delimitado?

RM: El trabajo de curaduría se realizó junto con María del Carmen Vieytes y Eloísa Solaas. Se pensó con dos ejes, el cronológico y el técnico/productivo, de manera tal de trazar un recorrido en el que el visitante puede apreciar cómo fueron evolucionando las distintas maneras de hacer cine de animación. Distintas pantallas proyectan fragmentos de las películas mencionados en el guion de la muestra, complementando la visión de los objetos exhibidos y la museografía. Y también distintos objetos para interactuar y generar sorpresa en niños de todas las edades. El cine de animación es eso: algo vivo y dinámico y buscamos transmitir ese espíritu, motivando el recuerdo, el asombro o el descubrimiento.

JPS: ¿Cómo imagina el futuro de la animación argentina en el siglo XXI? ¿Cuáles son las corrientes y artistas a destacar en  la animación argentina del presente?

RM: Desde hace ya varios unos años hay una producción abundante y ricade cortos animados argentinos de la que el público toma nota. Si bien ya no hay un programa como Caloi en su tinta, con su gran rol de difusor, hay redes y plataformas. También, distintos festivales como Cartón, Anima (en Córdoba), BitBang Fest, Anima Latina convocan a año a año realizadores y seguidores. El dibujo animado, como la ciencia ficción es ideal para transmitir ideas que conectan al espectador con la toma de conciencia, la reflexión y los temas humanísticos y profundos. Hay en el stop motion muchas maneras y estilos de expresión. Pueden ser los muñecos de gran realismo y fuerte expresividad como en Padre (de Santiago Bou Grasso), las figuras de papel como en Once (Hebe Urricelqui y Juan Cruz Llobera), el dibujo simple en apariencia que se va haciendo cada vez más complejo como en Corp (de Pablo Polledri) el uso del blanco y negro del comic en Un oscurodía de injusticia(Daniela Fiore, Julio Azamor, Alejandro Alba), la constancia de los Animadores de Rosario o la versatilidad de Zaramella, ya mencionada. Son algunos ejemplos variados. Se trabaja mucho para afuera también, se siguen exportando talentos aplicados a largos, cortos, televisión, videojuegos. Algún día llegará un largo animado para adultos que combine esa calidad y riqueza con la respuesta del público. Creo que es cuestión de tiempo.

«Cuadro a cuadro” está abierta al público los lunes, miércoles, jueves y viernes de 11 a 18 hs y los sábados, domingos y feriados de 10 a 19 hs. Entrada general: $30 pesos. 

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