Por Luciano Alonso.

I don’t believe in an interventionist God
But I know, darling, that you do
But if I did I would kneel down and ask Him

Not to intervene when it came to you

Nick Cave
Poco antes de tomar la resolución de abandonar la casa paterna, la voz en off de Tim (Domhnall Gleeson) nos presenta a su familia más cercana (y a él mismo): de cada uno tendrá algo que decir, alguna peculiaridad que destacar. En suma, tenemos una familia inglesa de clase media, bastante típica (aunque Tim insiste en describirla como rara, está claro que no lo es), cariñosa y unida. Tim insinúa que, acaso, ese orden preestablecido que rige los hábitos y la rutina familiar termina por volver la vida un tanto repetitiva. Dentro de ese orden previsible, incluso el desorden de la fiesta de fin de año (con las T.A.T.U. sonando de fondo) es como un capítulo más, programado e inevitable. Sin embargo, su padre le tiene reservada una sorpresa que Tim jamás hubiera imaginado, una noticia que, de hecho, cambiará su vida para siempre.
La cuestión es que, a través de una sencilla práctica, cuyo ejercicio es un secreto heredado por generaciones, los hombres de la familia dominan la técnica para viajar a través del tiempo. En realidad, no pueden viajar al futuro, sólo al pasado. Y no pueden alterar el curso de la historia colectiva: no pueden -por ejemplo- asesinar a Hitler. Simplemente, pueden regresas a sus vidas personales, para disfrutar más de una vez los aciertos o enmendar los errores.
Al principio Tim supone que se trata de una extraña broma paterna. Sin embargo, sigue sus instrucciones al pie de la letra y voilá. Efectivamente Tim regresa a la noche anterior y lo primero que hace es sacarse las ganas de hacer ciertas cosas que, en esa primera versión, no se animó a hacer. La opción de tener varias oportunidades resulta un privilegio enorme y la experiencia de los acontecimientos termina por volverlo un experto. Su padre le aconseja que utilice esa capacidad para algo que realmente valga la pena. Le cuenta que, por ejemplo, él aprovechó la oportunidad de regresar en el tiempo para dedicarse a leer tanto como pudo. En cambio, a Tim, en ese momento de su vida, lo que más le urge es tener una novia. Su padre se manifiesta conforme. La inquietud es razonable. No obstante, ni siquiera con esta ventaja y privilegio enorme parece que dicha empresa será una cosa sencilla. Hasta que conoce a Mary (la deslumbrante Rachel McAdams) y el destino, entonces, parece ajustarse y fluir con naturalidad. Aunque las cosas nunca son tan fáciles, ya se sabe.
Marcos Vieytes, medio en broma y medio en serio, comentó que yo debería dejar de citar a Kurt Vonnegut por lo menos por dos años. Ernest Hemingway sostuvo que hay que escribir sobre lo que uno conoce. Yo conozco a Kurt Vonnegut y escribo sobre Kurt Vonnegut. Lo siento. Quizás dejaré de citarlo cuando alguien me haga caso. Por ahora, me siento como el personaje de la alegoría de Nietzsche: señalo con el dedo hacia donde deben mirar, mientras todos se detienen a observar mi dedo.


El mundo es un ovillo de lana, sostiene Luis Sagasti en Bellas Artes. De alguna manera, es como si todo estuviera relacionado con todo. En algún impreciso momento y de alguna manera siempre fabulosa y fantástica, todas las puntas acaban por tocarse. Así que no tiene mayor sentido revelar las coincidencias extraordinarias, o quizás sí porque -después de todo- las coincidencias son las que renuevan el interés, la sorpresa y la perplejidad de hombres, mujeres y niños. Y sálvese quien pueda.

Rachel McAdams también protagonizó una película titulada Más allá del tiempo, cuya trama parece un calco de Cuestión de tiempo. Incluso se llaman de manera parecida, sí. Y yo voy a hablar sobre Kurt Vonnegut y cité a Luis Sagasti, que -a su vez- citó a Kurt Vonnegut. Digamos que se cierra un círculo, aunque hay otros.
Cuestión de tiempoparece una suerte de re-versión de El día de la marmota. La historia de amor mezclada con una típica trama de ciencia ficción también evoca a Eterno resplandor de una mente sin recuerdos y a esa joya por descubrir que es La chica que saltaba a través del tiempo, la película de animación japonesa de Mamoru Hosoda, basada en el libro del genio de Yasutaka Tsutsui, en la que también se basa esa otra genialidad que es Paprika, de Satoshi Kon. Todas tienen puntos en común. Si yo fuera un policía del plagio, estaría poniendo el grito en el cielo, pero la verdad es que no lo soy.

La idea detrás de todas estas películas es tan atractiva que continúan despertando interés, más allá de las especificidades de ocasión. En cualquier caso, todas estas películas abrevan en otras fuentes mucho más antiguas en las que, por qué no, cabe rastrear el origen de una sensibilidad peculiar, cuyo exponente más brillante -en los límites de la cultura occidental- es Matadero Cinco. Todas estas historias, digo, confluyen en diversas filosofías orientales, que decantan por la teoría de la reencarnación. En cualquier caso, fue Kurt Vonnegut uno de los primeros en contar, de manera amable y llena de gracia, una historia que revela una percepción espiritual del fluir del tiempo. Una percepción que, de alguna manera, allanó el camino por el que transitan estas (y otras) películas similares.
Escribí un libro sobre la obra de Kurt Vonnegut. Algunas partes del libro, parecen haber sido escritas para describir Cuestión de tiempo. Y, por qué no, también sirven para mencionar algunos aspectos relevantes concernientes a Hechizo del tiempo:


“…acaso la vida sea una repetición de la vida y estemos condenados a repetir una y otra vez lo que hemos vivido hasta entender o aprender a hacerlo mejor…”

“…La trascendencia y alcance de ciertos discursos es y será inagotable; el resultado de ellos es discutible y variable. Los viajes en el tiempo y los universos múltiples no son patrimonio de un género en particular, sino de un modo de ser y entender el mundo.”

“…El tiempo no existe o sólo lo hace en la medida en que podemos percibirlo. No vivimos nuestra vida por primera vez y, si hacemos un esfuerzo, podemos llegar a tomar contacto con cierto tipo de información que ni siquiera sospechábamos poseer. Fingimos y sentimos sorpresa por sucesos que ya conocemos y esperamos. La vida no es original y todo parece una repetición; es cíclica y repetitiva, la epifanía posible atraviesa todos los momentos y lugares.”

En conclusión, estamos ante una de las mejores películas del año. Una de esas películas que, más allá de las pequeñas observaciones que uno puede realizar sobre un aspecto formal u otro, poseen algo mucho más valioso que las trasciende. Me refiero, claro está, a que son películas espirituales, que pertenecen a esa selecta minoría de películas que forjarán una sensibilidad que pertenece al futuro.
Cuestión de tiempo(About time, UK, 2013), de Richard Curtis, c/Rachel McAdams, Domhnall Gleeson, Bill Nighy, Tom Hollander, 123’.