Curso: Bertolucci 70, por Marcos Vieytes

Fecha #1: Miércoles 11, 18, 25 de marzo y 1° de abril, de 19:30 a 21:30 hs.
Fecha #2: Sábados 7, 14, 28 de marzo y 11 de abril de 17 a 19 hs.

Lugar: Avda. Congreso y Avda. Cabildo, Belgrano, CABA.
Valor: Curso completo: $400.- Clase: $100.-
Informes e inscripción: marcosvieytes@hotmail.com / 15-3880-9891 / 4784-1292

Clases #1 y #2: Análisis de Novecento (1976)
Clase #3: Análisis de Último tango en París (1972)
Clase #4: Análisis de La luna (1979)

Gian Piero Brunetta: Ayudante de dirección de Pasolini, Bernardo Bertolucci debuta a poco más de veinte años con un film pasoliniano, La commare secca (1962). El primer verdadero film de autor es Antes de la revolución (1964) realizado, como él mismo ha declarado, «para cerrar cuentas» con la ciudad de su padre y suya, pero sobre todo es el primero de una serie de obras dominadas por el tema de la contemporánea búsqueda de su fuero interior y del padre. […] Gracias a la asociación con Vittorio Storaro, luz y color asumen un rol significante decisivo y, en los tiempos largos, la reflexión de Storaro sobre la luz está destinada a actuar como elemento de modificación de la visión y representación en el cine internacional. […]

Último tango en París (1972) llama inmediatamente la atención de la censura y es prácticamente condenada a la hoguera en Italia por el carácter demasiado explícito de las escenas de sexo. La desnudez del departamento debería contribuir a la puesta al descubierto del núcleo profundo de los protagonistas (Marlon Brando y María Schneider) […]. Con Novecento (1976) afronta en cambio la «gran historia», tratando de traducir, por una parte, la lección poética del padre, en una suerte de equivalente cinematográfico, y por la otra de adaptar las lecciones de John Ford y Akira Kurosawa, para narrar una historia del Valle del Po sirviéndose de la epopeya, del melodrama verdiano y de la tradición de los juglares.

Bertolucci encuentra finalmente, y en el modo más pleno, la posibilidad de plasmar su naturaleza de narrador épico que sabe dominar todos los registros de la narración y todas las estructuras dramatúrgicas, y orquestar muchas historias y temas al interior de un gran flujo de eventos en el que la gran historia y la microhistoria se funden.

La luna (1979) se apoya en motivos privados antes que en aquellos corales y vuelve a proponer el tema del incesto ya afrontado en Antes de la revolución. También es un film de repatriación cultural en el que profundiza la búsqueda visual desplazando la atención del paisaje a los ambientes. En este período Bertolucci es uno de los pocos directores italianos capaces de pensar en productos competitivos en el plano internacional.

Goffredo Fofi: Bertolucci es el más representativo y ejemplar de los productos artísticos de la nueva-antigua burguesía italiana. […] No sabe mucho, pero sabe muy bien lo que quiere, que es mucho. Y lo quiere con el aplauso del mayor número posible de personas (entendámonos: las de la alianza en gérmen entre centro izquierda y fingida oposición).

Bertolucci narra insistiendo en dos aspectos, de los que un tercero surge más límpido quizá de lo que él mismo se propone: el primero, la morbosa fascinación entre mal y bien, dentro de un contraste entendido como igualmente burgués, entre alma mala y alma buena de la burguesía; el segundo, el juego de la reconstrucción imaginada de una época a través de bellos trajes, bellas músicas, bellos escenarios, bellos peinados. Y he aquí el tercero […]: la fascinación que ejerce el fascismo, visto como un no-vivido y no-historiado mundo de los padres, sobre el director.

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