Rec4_TeaserPoster_70x100_1Al igual que el término “violencia de género”, que suele ser escuchado saliendo de bocas progres, es involuntariamente sexista y marginador, el así llamado “cine de género” sufre de la misma discriminación lingüística y suele adjudicársele un prejuicio negativo que tiene más que ver con el presupuesto de la película y la presencia de figuras del star system (prejuicio heredado del cine clase B clásico) que con sus aspiraciones artísticas. Toda película es de género, o toda película merodea alrededor de ciertos códigos o patrones cinematográficos que la acercan más a un género que a otro; un género híbrido sigue siendo un género. Una película no deja de ser de género si es un drama, si es una de superhéroes o si actúa Hugh Grant, pero el mainstream decide adjudicar ese término (al fin y al cabo despectivo) al olvidado western, al terror y a la ciencia ficción (y a sus respectivos subgéneros) en un eterno afán de marginalizar sus contenidos, muchas veces ideológicamente subversivos en comparación con lo que el resto de la cartelera tiene para ofrecer. Desde sus orígenes, el cine de terror fue un campo de experimentación donde los géneros se trascienden y se deforman, pero también, como no puede ser de otra manera, dentro del terror se encuentra cierta línea editorial que tiende a lo industrial; a un formalismo robótico y efectista, que sigue las reglas al pie de la letra para contentar a un público estereotipado por agentes de marketing de consultoras multinacionales. Por desgracia, REC 4: Apocalipsis pertenece a este último grupo.

La base sobre la que le tocaba construir al director Jaume Balagueró (esta vez dirigiendo en solitario) era bastante sólida. Las dos primeras entregas de la saga, que se valían exclusivamente del recurso -devenido subgénero- del found footage, siempre un arma de doble filo, son efectivas, refrescantes y oscuras. REC 3: Génesis (sí, las referencias y simbolismos religiosos son un trademark fundamental de esta saga), dirigida en solitario por Paco Plaza (la otra parte de la dupla que realizó las dos primeras partes), se desembaraza con inteligencia de la cámara en mano y logra una película cuyas ambiciones estéticas y conceptuales (con referencias al cine épico, los cuentos de hadas y sin perder nunca el sentido del humor, ya que la película es una gran comedia no declarada) están muy por encima del resto de la saga, incluyendo esta última parte.

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Siguiendo los pasos de su colega Plaza, Balagueró se desembaraza de la camarita (no sin un par guiños cómplices) y pone a sus protagonistas, algunas caras ya conocidas, a sobrevivir en un barco en cuarentena que oculta más secretos de los que los personajes quisieran. REC 4: Apocalipsis, sin la libertad creativa ni el sentido del humor de la entrega anterior, es un pastiche que oscila entre la 28 Days Later… de Danny Boyle y cualquier película de zombies industrial que Hollywood haya parido en los últimos diez años. Si bien técnicamente la película es impecable y el ritmo narrativo parece fluir con naturalidad, las incongruencias del guión y los lugares comunes (no reconocidos) hacen que la película se bambolee cómo el propio barco dentro de la tormenta a la que los personajes deben sobrevivir mientras los muertos vivos del demonio no dejan de asediarlos.

Así es como Balagueró se despacha con otra genérica (y efectiva) película de género, que probablemente sea un olvidable éxito de taquilla durante la temporada de Halloween. REC 4: Apocalipsis, a pesar de que su título suene un tanto definitivo, cierra con un final abierto que puede traer sólo un par de consecuencias posibles: u otra secuela industrial de Balagueró, u otra secuela creativa de Plaza, o una nueva voz que irrumpa en territorio conocido. Sólo el tiempo, y la taquilla, lo dirán.

Rec 4: Apocalipsis (España, 2014) de Jaume Balagueró, c/ Manuela Velasco, Paco Manzanedo, Héctor Colomé, Críspulo Cabezas, Paco Obregón, Mariano Venancio, Emilio Buale, 95’.