Desde una mirada de sentido común, la imagen de la madre y el niño es fuente de una idealización capaz de transmitir un estado de felicidad producto de la completud que resulta para ambos, en la que mutuamente recubren sus faltas en ese estado de fusión. Ya Freud plantea que para la madre, el niño ocupa ese lugar del falo del que carece, colmándola y saturando muchas de las frustraciones que se le podían jugar a una mujer. En De nuevo otra vez (2019), opera prima de Romina Paula, conocida en sus facetas como dramaturga y actriz, se propone romper con este encantamiento cautivante de la figura de la madre toda y funcionar como un espacio prolífico de preguntas.

La maternidad como salida tradicional al enigma de lo femenino es una dirección de la cual una mujer puede servirse, tomando como espejo a la propia madre respecto de la cual se es hija. De ahí la revisión que realiza Romina (Romina Paula) de las diapositivas familiares, que toman tanto a su madre como a ella de niña al comienzo de la película, y que más adelante abarca a las mujeres de generaciones anteriores. La comparación que realiza la protagonista en voz en off, mientras desfilan las imágenes de época, plantea la maternidad como carrera de postas que se transmite de generación en generación, como destino ya dado, generalmente sin preguntarse si se desea ser madre ni cómo se desea ejercer esa maternidad.

Romina, acercándose a sus 40 años, atraviesa un momento de crisis, de vacilación de las identificaciones en las cuales se sostenía. Es madre de Ramón, que tiene tres años, y ha venido a Buenos Aires a visitar durante un tiempo a su mamá (Mónica Rank). La relación con Javier (Esteban Bigliardi), su pareja y padre de su hijo, también se encuentra en un impasse, de modo que el paisaje de las sierras cordobesas, donde habita junto a él, entra por un tiempo en suspenso a la espera de que decante algo en el cúmulo de preguntas que se le han abierto. Javier está trabajando mucho y la maternidad absorbe a Romina, al estar lejos de su familia y amigos y sin nadie en quien descansar de sus obligaciones como madre. La posibilidad de salir a trabajar se vuelve poco viable al tener que contratar a una niñera para eso y no contar con una posición de solvencia económica suficiente. ¿Cómo hacer para ejercer una maternidad que no sea a tiempo completo y no resulte asfixiante? ¿Es posible recuperar un espacio propio? ¿De qué manera reencontrarse con la mujer en la madre? Estas son algunas de las preguntas que transita Romina. La pregunta en sí misma es apertura a lo otro. En la pregunta misma se juega la posibilidad de pensar una maternidad no clausurada al encierro con el hijo, sino abierta a lo femenino. ¿Podrá Romina sostener esta apertura?

En este compás de espera, y con la asistencia de su madre en el cuidado de Ramón, un espacio posible comienza a abrirse para Romina. Como da cuenta el juego de la escondida, donde Ramón es tapado bajo una manta,  jugando a la posibilidad de perderse por un rato, de desaparecer para luego reaparecer. El recorrido la reencuentra con su amiga Mariana (Mariana Chaud), y con Denise (Denise Groesman), la hermana de Mariana. Romina va a la fiesta de cumpleaños de Denise y también a la inauguración de la muestra de arte donde ella expone algunos de sus trabajos. A Romina la agobia la relación con su hijo, pero a la vez la llena de culpa permitirse algo más allá de él y no puede pasar demasiado tiempo separada del pequeño. De ahí que regrese pronto y apresurada de sus incursiones en el mundo exterior. Aquí la dificultad con la separación no es de Ramón, quien disfruta del tiempo junto a su abuela y con otros sin sufrimiento, sino de la madre.  Es la abuela quien anima a Romina a salir. Y Romina se anima a ser otra, se reviste con los brillos agalmáticos para causar el deseo: peinado, collar, pollera corta, maquillaje.

En la completud maternal, eso parece bastar. Separarse del hijo, del lugar de madre; despierta a la mujer deseante en Romina, pero al mismo tiempo avanzar en ese estado de incompletitud es tanto algo atractivo, como temido para ella. Romina Paula tiene la lucidez de no identificar el deseo como deseo de algo o de alguien concreto, sino como un estado, como una posición del sujeto en causa, envuelto en el fluir de una búsqueda. Romina deambula entre la atracción por Pablo (Pablo Sigal), a quien le da clases de alemán para su próximo viaje a Berlín, la atracción por Denise y el cálido amor por Javier. En Pablo, se juega la posibilidad de salirse del rol de madre que se vincula con el padre de su hijo, para experimentar el lugar de mujer deseante y deseada por un hombre, camino en el cual no incursionará. En los besos con Denise encuentra el atractivo de la libertad, de lo errático del misterio de lo femenino, que no se fija en ningún lazo a un otro/a. Javier no encarna el estereotipo del macho, cuya mujer es una posesión, una prenda con la cual alardear ante otros hombres y que por lo tanto la presiona para que regrese, sino que es un hombre viril en tanto capaz de acompañar y a la vez permitir el espacio para que Romina pueda caminar hacia su alteridad, hacia lo Otro de lo femenino en ella misma.

Si lo femenino es esa tierra incógnita, sin localización ni referencias claras, de este da cuenta con lucidez la directora mediante el extravío de Romina en la ciudad, mientras cruza reiteradamente una calle en una dirección y en otra varias veces, como perdida. Romina no sabe quién es, ni qué hacer ni cómo actuar, yerra sin rumbo determinando, sin la coordenada del falo como orientación. Romina ya no quiere apoyarse en el varón ni en el hijo para definirse; quiere bordear algo de lo femenino para encontrarse como otra.

Por otro lado, a lo largo de la película podemos encontrar diversas representaciones de lo femenino, diversos modos de encarnarlo y a la vez diversos modos de relacionarse con el partenaire, los cuales van mutando de generación en generación. La mujer en tanto ligada a la maternidad y la familia tradicional que se expresa en la abuela, la mujer que se liga a un hombre pero manteniendo su autonomía en ese doble filo del juntos pero separados, que se expresa en el personaje de Mariana y la mujer que se liga una pluralidad de mujeres en un constante desapego, que representa Denise.

Es interesante el trabajo a nivel formal que realiza la directora para dar cuenta del tiempo. El pasado se muestra como un tiempo congelado en diapositivas y fotografías; el presente muestra en movimiento la reflexión de cada unos de los personajes que rodean a Romina sobre su situación actual en pasajes donde se hibrida el teatro con la performance, y el futuro se esboza como imágenes de lo aún no es pero que podría ser en el repertorio de las opciones posibles, a medio camino entre lo inmóvil y lo móvil.

La familia de Romina desciende de inmigrantes alemanes que llegaron a la Argentina después de la Primera Guerra Mundial. Su abuela Gertrudis, aunque nacida en Argentina, crió a sus hijos hablando alemán, y lo mismo hará Mónica, su madre, a quien vemos hablar en alemán tanto a Romina como al pequeño Ramón. Pero Romina, si bien sabe hablar en alemán, habla con Ramón en castellano. Aquí hay un cambio de la lengua materna, hay ruptura de la circularidad repetitiva que se transmite de generación en generación. La película propone entonces una nueva manera de pensar la temporalidad. Si bien es cierto que la repetición nunca es repetición de lo mismo porque el paso del tiempo no permite que haya identidad, no obstante se repiten las marcas de aquello que heredamos de nuestros padres. Sostener lo abierto antes que el círculo cerrado, permite una hiancia en la que Romina pueda construirse en su singularidad única e inconmensurable, rompiendo con la serie repetitiva, pero no sin pasar por ella. La maternidad, de nuevo otra vez, sí; como expresa el título. Pero esta otra vez, como ocasión del gesto heroico de aventurarse y animarse a perderse en el territorio incognoscible de lo femenino para encontrarse como otra.  

Calificación: 8/10

De nuevo otra vez (Argentina, 2019). Guion y dirección: Romina Paula. Fotografía: Eduardo Crespo. Montaje: Eliane D. Katz. Elenco: Romina Paula, Mónica Rank, Ramón Cohen, Esteban Bigliardi, Pablo Sigal, Mariana Chaud, Denise Groesman. Duración: 84 minutos.