Ya en su Conferencia Nro 33 titulada La feminidad (1932), Freud daba cuenta de la importancia de la ligazón preedípica de la niña con la madre, previa a la entrada en el Complejo de Edipo, en el ulterior devenir femenino. Este vínculo, que en una primera fase sería cálido e idealizado, pronto se transformará en distante y hostil. La ambivalencia será su marca. De algún modo, toda madre encuentra en su hija cierto reflejo de su propia incompletud, de su posición en tanto castrada respecto del hombre, y a la vez la niña, que en un comienzo no conoce la castración de la madre, esperará de ella ser restituida en su falta. Como dicha promesa no podrá ser cumplida por la madre, será en este punto que advendrá el odio. Pero este odio no necesariamente resulta negativo, sino que posibilita la separación respecto de la madre y una dirección de la niña hacia el padre que la pondría en la senda del camino al Complejo de Edipo con la esperanza de recibir de él la completud anhelada, vía el deseo de pene, que luego devendrá en un deseo de hijo. Para Freud, la fijazón en la relación preedípica con la madre, y el hecho que la misma no sucumba totalmente, deja sus marcas en el destino posterior de la mujer.

Lacan, por su parte, presenta en esta misma línea a la madre con la metáfora de un cocodrilo dentro de cuya boca está la cría, boca a la vez protectora, pero también amenazante, pues cualquier capricho puede hacer que clausure sus fauces. En este punto, la madre tanto en su exceso de cuidados maternos como en su marcada inmersión en las delicias del goce femenino, deviene un estrago tanto para el niño como para la niña. Aquí el estrago materno se plantea por Lacan como estructural. Y, en cierto modo, toda la aventura de la vida podría resumirse en un camino de sucesivas separaciones respecto de la madre, en las cuales el hijo/hija contará con el instrumento del falo paterno como símbolo que le permitiría efectuarlas.

En Desmadre, la directora argentina Sabrina Farji indaga en los vericuetos de la relación madre-hija. Se trata de un documental que hibrida el formato de entrevistas clásico con la docuficción en primera persona. De este modo, la película irá alternando, vía el montaje, entrevistas a mujeres de distintas generaciones sobre sus experiencias en tanto hijas y en tanto madres, con entrevistas a profesionales de distintas disciplinas sobre el tema, y a la vez con fragmentos de una ficción autobiográfica en la que la directora expone sus propias experiencias como hija y como madre a lo largo de un viaje a la ciudad de Paraná (tierra de origen de su madre) junto a su madre y sus dos hijas.

Hay dos cuestiones centrales y acertadas que me interesan destacar. La primera es el subtítulo: Fragmentos de una relación. El fragmento ya nos da idea de la imposibilidad de hacer de la madre  una totalidad, dando cuenta así tanto de las aristas conflictivas y ambivalentes del vínculo madre-hija, como también del hecho de que la madre nunca es toda una. Lo fragmentario, lo deslocalizado, da cuenta de otra cosa más allá de la madre, que se hace más patente en el título: Desmadre, que incluye una pluralidad de resonancias. Este desmadre, el salirse de la madre, en una línea más social y en concordancia con las luchas feministas por la igualdad de género, alude también a deconstruir a la madre como estereotipo idealizado y como lugar único, fijo e impuesto por la sociedad para la mujer; pero también alude al desorden, a la pérdida de dirección, nos orienta en la medida en que, en definitiva, siempre detrás de toda madre hay una mujer, eso tan Otro, tan conflictivo y tan poco ubicuo para ella misma, pero necesario para que un deseo Otro, para que una Otra cosa, instale una instancia aliviadora para ambas en esa primera ligazón madre-hija.

En Desmadre, Sabrina Farji se acerca con una mirada intima al fragmentario mosaico de lo materno y se atreve a mostrar de manera honesta la conflictividad intrínseca de ese vínculo madre-hija, esa de la que todavía parece un tabú hablar en público. Y lo hace con sutileza y cuidado, evitando caer en una mostración obscena.  Lo interesante es que Farji en su documental no apunta a dar respuestas catedráticas y academicistas, sino que desde la transmisión de diversas experiencias y sin eludir el humor, invita al espectador a reflexionar sobre ¿Qué es ser una madre? ¿Se trata de un rol social impuesto? ¿Se trata de un deseo que supone una elección? ¿Se trata de lograr cierta coalición entre la madre y la mujer? Lo abierto de estas preguntas, es por suerte, el legado de Desmadre y esto como espectador, es siempre bienvenido y se agradece.

Acá puede leerse otra crítica sobre la misma película.

Desmadre (Argentina, 2018). Dirección: Sabrina Farji.  Guion: Sabrina Farji. Fotografía: Connie Martin. Edición: Ezequiel Brizuela. Duración: 74 minutos.