La-PatotaLas películas que alienan no son las que asumen su irrealidad, a veces hasta recordar a los cuentos de hadas. Son otras. Las que se quieren importantes y no tienen para dar más que una banalidad esmerada. Las que ofrecen medianías y permiten la experiencia convincente de una falsa alta cultura. Las que nos regalan modos fáciles de elaborar ideas de belleza y moralidad, y modos sacerdotales de fustigar las miserias del mundo.

José Miccio

De nuevo en una película falsamente política escrita y dirigida por Santiago Mitre el centro de la trama gira en torno a una palabra: “No”. Si en El estudiante el “No” final marcaba el tono moral que venía a explicarnos como compás cómo se debía juzgar todo el universo mostrado anteriormente, el “No” de La patota marca también una postura moral. “Todavía podés cambiar de idea” “No”.

En esta película en la que los personajes resultan algo así como posturas morales encarnadas en figuras de un mayor o menor grado de elocuencia para articular sus bien plantadas visiones de vida, lo más importante es que entendamos qué quiere decir y qué representa cada pieza en el teatro que se nos muestra. No existía, en realidad, la posibilidad de que nadie cambiara de idea en La patota porque en este universo todos están condenados fatalmente a ser lo que son únicamente: posiciones frente a un dilema.

En un momento, el padre le pregunta a su hija si, en caso de que quien la hubiera violado fuera su propio novio, no hubiera decidido hacerse un aborto. “Sí”, responde ella. Es claro: el problema no es la violación, sino haber sido violada por pobres. Discriminación positiva. El aborto está bien si la violación viene de la clase media, pero si la que viola es la clase baja, quien viola ya no es una persona sino el producto de un mundo injusto. Los espermas que llegaron hasta el útero de Paulina no son los de un individuo, sino los de una figura, un representante de clase, genes de un sistema abstracto que no elegimos pero al cual nos vemos empujados.

hqdefault (1)Al principio de la película, la compañera/maestra rural (nueva mejor amiga de la protagonista por magia y virtud de una botella de vino y una elipsis) le dice a Paulina: vos a estos pibes les tenés miedo o lástima. La conciencia que despliega La patota de las limitaciones de sus personajes no la eximen de caer en esas mismas limitaciones. No nos termina de quedar claro cuál de las dos es, pero una cosa es evidente: a Paulina estos chicos le interesan de la misma forma en que a La patota le interesan los personajes y el ambiente que muestra: como factor abstracto en un planteo teórico. En La patota no importa la patota, no importan esos chicos, no importa Misiones ni los planes políticos que aplica Paulina (y que no llegamos a ver, más allá de una muy rudimentaria y sutil explicación de los derechos del hombre). No importa ese medio, las condiciones reales de esa existencia. Ni siquiera importan los personajes que se nos muestran.

Paulina dice que quiere encontrar la verdad de lo que le pasó, pero La patota nos muestra la verdad de esa violación al cambiar el punto de vista y volver a contar los hechos que llevan a la violación. Los violadores, la patota, se nos muestran en un primer plano sobre un monte, en contraluz, uno junto al otro cual tribu de indios dispuesta a atacar en un western selvático. Después se cuenta la historia del que sería el líder de la patota: un obrero de un aserradero al que la novia le mete los cuernos. La verdad de esta violación se parece mucho a una justificación psicologista que no explica demasiado y, sobre todo, no interesa demasiado. ¿Qué vemos de este pobre producto de un sistema de mierda que genera injusticia? ¿Cuál es la justicia que le ofrece la película que lo contiene? ¿Tiene algo para decir este personaje, más que la violencia naturalizada con la que se relaciona con su entorno? ¿Ofrece esta víctima/victimario algún punto de interés más allá de su caracterización como pobre, morocho, borracho y violento? ¿Se aleja demasiado de aquel primer perfil de indio dispuesto a lanzarse al ataque desde las colinas? ¿Hay que temerle o tenerle lástima? La película no le ofrece mucho margen o carnadura como para que pueda existir para él alguna otra opción.

Frente a esta selva poblada de indios salvajes, ¿qué podía hacer Paulina, la heroína de los ideales políticos? ¿Qué tiene para ofrecer más que esos ideales tan claramente desarrollados en ese debate padre/hija al principio de la película? ¿Ofrece La patota algo más que el desarrollo de las ideas que se plantearon en los primeros 5 minutos de película? ¿Qué es lo que hace Paulina? ¿Por qué elige lo que elige? La actitud, todo el personaje de Paulina es un “No”. No frente al sistema. No frente al padre. No frente al poder. El suyo es un martirio de la ideología.

8d09f8_dolo patota lastimadaPero, ¿qué significa esa ideología? ¿Por qué es por lo que está peleando? ¿Qué quiere lograr? ¿Cuáles son los ideales de Paulina? ¿Cuál es este plan que viene desarrollando allá en una escuela rural en la tierra donde los caminos son rojos? ¿Importa algo de todo eso? ¿Le importa a La patota? ¿Podemos creer, acaso, que la política existe separada del campo en el que se mueve? Paulina dice que quiere estar en el barro, meterse en el programa, trabajar con la gente, pero de esa gente La patota no muestra más que los planos que nos permiten construir la historia de la violación y, a través de ella, la historia del martirio de Paulina. Narrativamente, solo un hecho importa: ocurre de noche, junto a una construcción abandonada. Lo demás, la selva, los pobres, sus problemas, las políticas, sus soluciones, las vidas de esas personas que viven entre calor, tierra y árboles, importa poco. Todo el teatro, todos los diálogos, todos los acontecimientos, hasta todas las relaciones y la intrincada trama de narración repetida y vuelta a repetir solo cobran sentido en un único punto: el “No” de Paulina, el martirologio de la militante comprometida.

A La patota no le importa Misiones, no le importan los obreros de un aserradero, los chicos de una escuela, los jueces más o menos corruptos, lo que le importa es un “No”, el martirio de una joven idealista (versión laica del martirio católico que supo mostrar Tinayre), los bellos sentimientos de esta bella joven de clase media que se atrevió a hundirse en el barro, únicamente para salir de él más resplandeciente en sus ideales duros, en su santa santidad laica de chica bienintencionada que no puede darle una simple clase a los alumnos por los cuales supuestamente entregó todo. Porque les tiene miedo. O lástima.

Aquí pueden leer un texto de Gabriel Orqueda y otro de Nuria Silva sobre La patota.

La patota (Argentina, 2015), de Santiago Mitre, c/Dolores Fonzi, Oscar Martínez, Esteban Lamothe, Cristian Salguero, Verónica Llinás, 103’.