Desde que te fuiste (Since you went away), por Paula Vazquez Prieto

desde+que+te+fuisteLa tristeza de la guerra. Hacia fines de la Segunda Guerra Mundial se hicieron varios melodramas que retrataban, con las dosis necesarias de humanidad y patriotismo, la experiencia de los Estados Unidos en la guerra. Un tema que aún hoy no pasa de moda y que, de tanto en tanto, nos llega según pasan los años y los conflictos: Corea, Vietnam, Irak, Afganistán, y los que vendrán. En los tiempos clásicos la guerra de Hitler, los japoneses y los aliados no era la primera guerra cinematográfica, aunque sí la guerra en la que Hollywood se había involucrado plenamente: financiando documentales que exhortaban a la población a apoyar el intervencionismo, promoviendo la venta de bonos para contribuir económicamente con las tropas, exhibiendo en todas sus salas un compromiso nunca antes celebrado. Varios directores y actores se enrolaron en el ejército, otros interpretaron generales y comandantes en las películas. El clima bélico inundaba la experiencia cinematográfica como nunca lo había hecho antes.

La idea dominante en esa mirada sobre los acontecimientos, tan cercanos en el tiempo que costaba tomar distancia, fue deliberadamente edificada sobre la necesidad de una justificación. Los jóvenes soldados iban a la guerra, a un territorio lejano al otro lado del Atlántico, a dar su vida en una lucha que no era propia. La exigida justificación consistía en brindar al espectador los argumentos necesarios para sostener ese sacrificio de vidas inocentes. No era sólo el patriotismo de defender a los suyos en peligro, como podía ser la base en Pearl Harbor, sino el compromiso de la gran Nación con la democracia y la libertad. El fascismo era la gran amenaza y no quedaba otra que arremangarse los pantalones y disparar el fusil.

since-you-went-awayPDVD_00801De esas grandes épicas melodramáticas que nos dio Holywood durante la guerra hay dos títulos que se guardan en el panteón de los recuerdos. Las dos fueron obras de William Wyler, un alemán llegado a Los Ángeles a principios del siglo XX, sobrino de Carl Laemmle (fundador de Universal Pictures) que se fogueó en el oficio con peliculitas clase B para terminar como uno de los artífices del prestigio de un arte que nació bastardo. Esas obras fueron Rosa de Abolengo (1942), donde Greer Garson demostraba que Inglaterra seguía de pie con orgullo y patriotismo, y Los mejores años de nuestras vidas (1945) donde tres soldados regresan del frente para intentar reincorporarse a la sociedad civil tras las bombas de Hiroshima y Nagasaki y con la amenaza naciente de una nueva guerra con los recientes aliados. Ganadoras de Oscars, celebradas por la crítica, exitosas en la taquilla, fueron la viva esperanza de un país que quería dar sentido a sus acciones y a sus muertos, sentir que el coraje y la fortaleza eran la clave de su triunfo.

En ese mismo período, el gran David O. Selznick estrenó otra superproducción de casi tres horas sin tanta suerte en el recuerdo de la cinefilia. Con la fotografía en penumbra de Lee Garmes (el famoso fotógrafo de Josef von Sternberg en las películas con la Dietrich y de la pionera Scarface de Howard Hawks), Desde que te fuiste (1944), basada en la novela de Margaret Buell Wilder y dirigida por John Cromwell, de esos directores solventes que tienen varias películas que vale la pena ver por ahí como Maldita mujer (1947) o Amarga condena (1950), es una película rara, sombría, amarga, olvidada por algunos y menospreciada por otros. Sin una imagen del frente, sin un solo soldado heroico, cuenta la historia de un grupo de mujeres en la retaguardia, intentando sobrevivir la guerra. Anne (Claudette Colbert) es la esposa y madre que tiene a su marido en el frente y escribe cartas periódicamente contando lo que vive en el día a día. trainssinceCon una voz en off pausada, llena de angustia y soledad, Anne nos cuenta que debe alquilar un cuarto a un coronel retirado para aumentar sus ingresos, aprender a realizar las tareas del hogar, y finalmente salir a trabajar. Jane (Jennifer Jones) es la hija adolescente y soñadora, que ve como su mundo se oscurece lentamente mientras se enamora de un soldadito poco avispado para perderlo enseguida en los bombardeos de Salerno. Brig (Shirley Temple) es la hermanita menor, ocurrente y algo varonil, un poco dejada de lado como pasa con los chicos durante los momentos “importantes”, que crece viendo como su familia se resquebraja.

Si bien es un mainstream producido en pleno clima triunfalista, hay una mirada melancólica que atraviesa a todos los personajes, un sentimiento ambiguo e indefinido, una tristeza omnipresente que se despliega en los detalles. Cuando llega la noticia de la muerte de Billy, nieto del inquilino de las Hilton y noviecito de Jane, su abuelo pena el no haberlo querido lo suficiente. Considerado demasiado sentimental para el ejército, Billy era una especie de renegado para su familia militar. Con el peso del heroísmo paterno sobre sus espaldas, luchó hasta la muerte para ser reconocido por su abuelo. No lo vio en vida, pero en homenaje a ese sacrificio el coronel Smolett no se priva de una de las reflexiones más amargas sobre la guerra que pueda haberse dicho en los ’40: “Los buenos mueren primero. Aquellos con el corazón seco como el polvo de verano tienen larga vida”.

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