django-unchained-2-new-tv-spots-and-clipsPrimera impresión (después de haberla visto dos veces en mi casa). ¡Qué gran película de negros filmó Tarantino! Si está para verla escuchando un candombe con letra de Manzi o leyendo a cualquiera de los Lamborghini. Si a Leónidas, por hacer poesía con los que se mojan las patas en la fuente. Si a Osvaldo, porque algún culo sangra siempre que alguien habla en serio de la vida en sociedad, y Quentin hace lo propio simultáneamente con la suya de mediados del siglo 19 y la actual. ¡Qué peliculón sin condescendencia filmó este cara pálida! Si es tan lúcido que hace una película de amor inmenso hacia la negritud –su dominante genérica es la del blaxploitation- dándose cuenta que las estructuras sociales o psíquicas de dominación exceden la cuestión racial y el color de piel. Por eso buena parte del peso de la villanía se la carga al esclavo asimilado por la ideología del amo, y tampoco le hace asco al placer de la venganza razonada en el marco de una ficción cuya ucronía es menos ampulosa pero más contemporánea que la de Bastardos sin gloria. Los ‘excesos’ de sus películas siempre están atravesados por la planificación, la reflexión y la palabra, (con toda la ambigüedad que introduce el hecho de que la razón –o la cultura– produzca monstruos), y en su caso la puesta en escena nunca es sólo la suma de caprichos de un artista adolescente, pero tampoco la negación avergonzada de estos.

Django-Unchained-29Se van las segundas (impresiones). Con el primer plano pensé en Boetticher, por el paisaje rocoso de Seven Men From Now, pero no lo digo como cita, porque Tarantino pudo haber pensado en mil y una más y distintas y porque lo que vale es el paisaje como escenografía dramática. Consignarlo, sin embargo, ayuda a entender la predisposición favorable que tuve al verla. Porque Boetticher filmaba venganzas como ninguno y las filmaba secas, a lo macho, calientes y áridas, decepcionantes sobre todo. En principio, nada más lejos de Tarantino si a este se lo mira superficialmente. Django unchained, sin embargo, no tiene demasiados fuegos artificiales. Está interesada más que ninguna otra suya en contar cosas serias, postas, polentas, irrefutables, que dejan lugar para la diversión sexy pero se imponen por su propio peso. Es una sobre la esclavitud cuyos mandamientos no están impresos en el bronce a la manera del Lincoln de Spielberg (por más que sea un bronce no lustrado tanto como podíamos imaginarlo) sino en piedra por el dedo de un dios que, como el del Antiguo Testamento, surte hasta a los ángeles cuando le tocan a los que más quiere, que en el caso de Tarantino siempre fueron los negros del cine. Después de ese primer plano en el que irrumpe el tema original de Bacalov para el spaghetti western de Corbucci, el perfil de Jamie Foxx se enfoca y desenfoca sobre un fondo mineral. Inicio rupestre con título grabado a latigazo limpio de la banda sonora. Piel curtida del esclavo que la protagoniza y del cineasta que filma una versión política de La fusta y el cuerpo, gran historia de amor sadomaso de Bava, con la misma pasión juguetona por los colores del italiano, bastante de justa rabia histórica revisionista y clara conciencia del modo en que funcionan sociedades e individuos, tan lúcida aunque acaso un poco menos cínica que la desplegada por Mankiewicz en el brillante western iconoclasta There Was a Crooked Man sin espacio para idealizaciones ni romanticismo.

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La de Tarantino es una poética del capitalismo y desde el vamos sus películas se concentran en filmar transacciones. Palabras, tiempo y dinero son los bienes de cambio preferidos y el más cabal ejemplo de esto es el episodio de Four Rooms, concentrado de su economía ético estética. La carne humana vale tanto en sus Estados Unidos de 1858, cuyo comienzo texano se desvía notoriamente del de Más corazón que odio, como en la Alemania nazi de Bastardos sin gloria. Alemán es el coprotagonista de Django y son los ojos alemanes del personaje de Christoph Waltz los encargados de darle a EE.UU. un punto de vista parcialmente extranjero de sí mismo, así como de asombrarse ante la extrema crueldad del terrateniente sureño que hace despedazar a un esclavo por una jauría de perros después de humillarlo, pero es la boca de Django la que le responde al mefistofélico y amanerado Di Caprio mirándolo fijo a los ojos: «la sorpresa de mi amigo se debe a que es alemán, yo estoy acostumbrado a los americanos». La extravagancia de esa escena consiste en una inversión de roles que no quiero contar pero refleja, entre otras cosas, que el humanismo tiene límites, que hasta la acción política -macro o micro- más virtuosa implica víctimas, que el sentido del humor y la supuesta desaprensión con que Tarantino filma la violencia pueden ser tanto un instrumento de liberación como un mecanismo de supervivencia, que su dramaturgia es mucho más radical que sus encuadres.

DJANGO UNCHAINED Ph: Andrew Cooper, SMPSP © 2012 The Weinstein Company. All Rights Reserved.

Estos últimos son más sobriamente expresivos que nunca. La secuencia de títulos propone dos líneas temporales simultáneas. La explícita va del día a la noche, de la luz del sol a la de los soles de noche que sostienen los mercaderes, del calor al frío. La otra va de la prehistoria al siglo XIX que es el presente de la ficción, del hombre primitivo al moderno, pero ahí ya no queda claro si lo que plantea es la evolución de la raza o lo contrario. El perfil de Foxx así como su espalda ya le dieron entidad de individuo plenamente desarrollado, y una de las más grandes apuestas de la película consiste en presentarnos al protagonista como un hombre que desea la libertad y no como uno a quien deben legársela, concedérsela, enseñársela o donársela. Debido al frío y los grilletes, el recorrido en hilera de los esclavos encorvados en la noche recuerda las figuras propuestas por el evolucionismo del hombre en tren de erguirse sin lograrlo todavía. Que es lo que sucederá tras la aparición de Christoph Waltz, ex dentista y cazador de recompensas pero, sobre todo, hombre de palabras y de palabra. Descartada la lectura de su aparición como mesiánica, cumple la función de facilitar el cumplimiento del deseo del otro no sin establecer un pacto de mutuo beneficio o un trato comercial en términos claros, precisos y consensuados. Este último término me hace pensar en el sadomasoquismo como práctica aceptada y reglamentada, de cuyo imaginario a menudo se vale Tarantino para contrastarlo con las modalidades abusivas de la moral burguesa.