los-cuadros-al-sol-c_6552_poster2A través de una ruta agrietada, Los cuadros al sol se va metiendo en Salinas Grandes, un colonia abandonada, perdida en el interior de La Pampa. La desolación de los paisajes y la intrusión del bosque entre las ruinas de algunas casas introducen lo que relatos de vecinos, recortes de diarios y diapositivas narrarán: una historia de desarraigo.

La hora y media que dura el documental transcurre pausada, al paso de quienes hablan, tranquilos, melancólicos y disfrutando cuadro a cuadro los recuerdos de lo que allí vivieron, en esa colonia de una fábrica salinera a pocos kilómetros de Machaín, un pueblo pampeano. Habrá a quien le cueste aclimatarse a esa presunta falta de tensión, pero una vez entendida la propuesta, el compás de la opera prima de Arian Frank es lo que le da peso al relato y lo que atrapa sí o sí al espectador, salvo que lo habite el hombre de hojalata sin corazón o no tenga ningún recuerdo lindo del pasado.

Los cuadros al sol le esquiva lo más que puede al macro escenario: el país y su contexto político en los años de esta historia. Recurre a ello solo para documentar la veracidad de los hechos, y para aportar imágenes que iluminen los últimos días de huelga y olla popular. Son los cincuenta, los sesenta, los setenta; los abuelos, los hijos, los nietos. Los efectos colaterales de eso que llamamos progreso y tecnología. Un documento de una vida menos impregnada de la tecnología, más linda, más feliz.

Los cuadros al sol fotograma 2El espectador se puede identificar ideológicamente con la lucha de esos obreros que reclaman lo justo. Al igual que con el contexto del país, Frank decide elidir a la patronal, a esas lacras que de un día para el otro enmascaran las topadoras en un recibo de sueldo. Pero otro de los puntos altos del documental es la simpatía que despiertan esos protagonistas. Ahí la empatía con sus gestos y la belleza y simpleza de sus discursos, nos adoptan, los vemos y escuchamos como si fueran nuestros viejos, nuestros abuelos. Como si fuera nuestro barrio, nuestro lugar de pertenencia.

No hay mapas, no hay indicio dimensional de lo que no está más. Los protagonistas caminan por lo que queda de Salinas Grandes. Se les disparan recuerdos, anécdotas y deseos. Pero el espectador construye real dimensión de Los cuadros al sol: un lento paseo por una etapa hermosa en la vida de esos protagonistas. Ahí, en ese lugar imposible de demoler que es el cine.

Los cuadros al sol (Argentina, 2015), de Arian Frank, 90′. Documental.