Una placa negra nos informa que en el años 1982 se llevó a cabo una guerra entre Argentina y Gran Bretaña por la soberanía de las Islas Malvinas. Historia conocida. Allí también se indica que la propuesta de la película fue reunir a veteranos de ambos bandos, 35 años después, para reconstruir sus memorias. Territorio completamente desconocido.

Teatro de guerra es la opera prima de Lola Arias y, sin bien esta es su primera experiencia en cine, tiene una amplia trayectoria como artista multidisciplinar –dramaturga, actriz, música, performer, directora de teatro y ahora de cine- y ha logrado posicionarse en la escena local e internacional con vastos reconocimientos. La película se presenta como el corolario de un trabajo que acompaña desde hace varios años a la realizadora. Todo parece haber comenzado en el 2014 con la video-instalación Veteranos, en la que convoca a excombatientes argentinos de la guerra de Malvinas para reflexionar sobre qué significa ser un veterano de esa guerra. En el 2016 decide incorporar a la experiencia a veteranos británicos y así crea la obra de teatro Campo minado. Dicha obra y Teatro de guerra fueron realizadas en paralelo. Sin embargo, la película no resulta ser un mero registro del acontecimiento teatral, sino que es una obra íntegramente independiente, con identidad propia. La materialidad del cine es muy diferente a la del teatro. Mientras que el teatro es efímero, es aquello que sucede en un momento único y determinado frente a un público específico, la película se presenta como un documento eterno.

En los trabajos de Lola Arias siempre se encuentra presente la fuerza de la memoria y la evocación del pasado como herramientas de autoconocimiento. Sin nunca perder de vista que aquel pasado influye de manera determinante en el presente. En este sentido, la película busca reconstruir los recuerdos de la guerra, pero también de la posguerra. En definitiva, recuperar la propia historia de cada veterano a través de sus relatos subjetivos. Seis son los veteranos expuestos a convivir y compartir sus experiencias de vida y de guerra. Tres son argentinos: Rubén Otero, Marcelo Vallejo y Gabriel Sagastume; dos británicos: Lou Armour y David Jackson; y uno nepalés: Sukrim Rai. Cada uno trabaja con su background, con su propia biografía, con sus recuerdos. Es a partir de allí que se desarrolla un relato que pivotea constantemente entre la ficción y la realidad.

Una pequeña escenografía realizada con cartón pintado y soldaditos de plástico sirve para explicar cómo, ante el desabastecimiento de alimento del ejército argentino, los soldados se ven en la necesidad de saquear una casa en busca de comida. En ese acto varios soldados pierden la vida al pisar una mina colocada por el propio ejército argentino. Relatos como este pueblan Teatro de guerra. Si bien todo es real -las historias narradas, los protagonistas- en ocasiones la forma de mostrarlo es a través de “dramatizaciones”: la realizadora echa mano constantemente a diversos procedimientos artificiosos y ficcionales -música, teatro, plásticas, video, mascaras, juegos- y todo  enriquece la propuesta. Las atrocidades mas desgarradoras son filtradas por el tamiz del arte, lo que permite un acercamiento a la guerra desde una nueva perspectiva.

La película problematiza la guerra y sobre todo los efectos que persisten en cada vida, cuerpo y memoria. Los estragos son muchas veces mostrados por el cine de manera universal; aquí Arias refleja relatos personalísimos. Cada uno se presenta en primera persona, como el protagonista de su historia. La narración se va construyendo a través de variados encuentros entre los ex soldados, como visitar un natatorio, un colegio, escenificar algunos de sus recuerdos, compartir una banda de rock. Gradualmente cada uno va volcando sus recuerdos y dolores. Gracias al carácter lúdico de estas actividades los veteranos logran contar con entereza testimonios brutales.

¿Alguna vez vieron a un amigo intentar suicidarse? ¿Morir a un hombre? ¿Gente moribunda? ¿Lo hicieron? ¿Alguna vez vieron a un hombre en llamas? ¿Alguna vez visitaron la tumba de un amigo muerto con su madre? ¿Alguna vez vieron a alguien ahogarse en la mar congelado? ¿Lo hicieron? ¿Lo hicieron? ¿Lo hicieron? ¿Alguna vez fueron a la guerra? Estas son algunas preguntas que se vuelcan a los gritos en la letra de una canción que interpreta la improvisada banda de rock conformada por los veteranos. Resulta imposible digerir esas preguntas. Sin embargo, Teatro de guerra lo logra gracias al poder transformador de su puesta en escena. “Sacar belleza de éste caos es virtud”, como dice Gustavo Cerati  en su canción.

Las voces de los seis veteranos son atendidas con la misma relevancia en la película y esta es una de las cosas más interesantes de la propuesta de Arias. Cada uno de los bandos tiene lugar para explicar porque las Malvinas son argentinas y porque las Falklands son británicas, y cuál fue el origen de la guerra. Mientras que los argentinos sostienen que fue un intento de recuperación de la soberanía nacional sobre las islas, los británicos alegan que fue una invasión. Ambas posturas conviven pacíficamente, la intención no es producir un discurso unívoco, ni dictar sentencias sobre los hechos. En su lugar, busca rescatar las vivencias y las experiencias de aquellos pibes que con 18-22 años partieron a territorio desconocido para pelear una guerra. Quienes hace 35 años fueran enemigos, hoy intentan juntos reconstruir la memoria, la historia y el pasado con el afán de comprender así su presente.

La puesta se aleja de cualquier parámetro clásico, no tiene nada que ver con ninguna película que hayamos visto hasta ahora sobre Malvinas. No es estrictamente un documental, aunque hay material de archivo y un gran trabajo historiográfico. Y, decididamente, tampoco es una ficción pese a que constantemente se trabaje desde la actuación. En consecuencia, lo que tenemos es una película que se encuentra en el borroso límite entre realidad y ficción, terreno que Arias conoce a la perfección. De todos modos, ¿qué importa si lo que vemos es una representación o un evento espontáneo? El material expuesto es tan contundente y desgarrador que poco importa el formato. Teatro de guerra resulta una idea original muy bien realizada, insolente y dolorosa.

Teatro de guerra (Argentina 2018). Guion y dirección: Lola Arias. Fotografía: Manuel Abramovich. Edición: Anita Remón, Alejo Hoijman. Con: Rubén Otero, Gabriel Sagastume, Marcelo Vallejo, Lou Armour, David Jackson y  Sukrim Rai. Duración  81 minutos.