¿Qué es un hijo?: El hijo, por Carla Leonardi

Una casa de dos plantas adquiere un estilo gótico a partir del punto de vista de la cámara, cuyo plano secuencia asciende hasta la habitación donde una pareja tiene sexo en la posición sexual de la plegaria, que se considera más apta para concebir un bebé. Se trata de Lorenzo Roy (Joaquín Furriel), un pintor de unos 50 años, y su nueva pareja, Sigrid (Heidi Toini), de origen noruego y mucho más joven que él. Viniendo de una separación en malos términos, por la cual no ve a sus hijas, que además viven en el exterior, y que lo sumió durante un tiempo en el alcohol; para Lorenzo la relación con Sigrid aparece como una oportunidad de rehacer su vida y de redimirse. La alternancia temporal sitúa a Lorenzo en una celda en la dependencia de la policía, visiblemente lastimado en el rostro, recibiendo la visita de su abogada Julieta (Martina Gusmán), a quien implora por ayuda. Este es el contexto que da inicio a El hijo (2019), segundo largometraje de ficción del realizador argentino Sebastián Schindel, basado en la nouvelle del escritor argentino Guillermo Martínez, llamada “Una madre protectora” (2013).

En cuanto a la adaptación cinematográfica del texto de Martínez, hay que decir que la película de Schindel respeta de manera bastante fiel el espíritu de la nouvelle. Los cambios realizados se refieren al paso de la primera persona del narrador en el cuento a una tercera persona en la película, al cambio del personaje del testigo de un amigo de Lorenzo en el texto a la esposa del amigo del protagonista en la película y a la temporalidad, que en la nouvelle se desarrolla cronológicamente para virar hacia la alternancia entre dos tiempos, el pasado y el presente en la película.

Lorenzo y Sigrid asisten a una reunión en la casa de Renato (Luciano Cáceres), un viejo amigo de Lorenzo a quien no ve desde hace muchos años, y que actualmente está en pareja con Julieta, también amiga y ex-alumna de pintura de Lorenzo, con quien tuvo un romance en ese tiempo y que es ahora una exitosa abogada. En la conversación en la que se ponen al día, se despeja que Sigrid es bióloga, que vino a Argentina a realizar su doctorado sobre moluscos equinodermos (cuyas características principales son la simetría radial y la posibilidad de reproducción asexuada) y que Lorenzo la está ayudando a montar un laboratorio en el sótano de su casa, a la vez que él está realizando una serie de cuadros basados en los estudios de Sigrid en los cuales toma como referencia los bosquejos del biólogo matemático D’Arcy Thompson. La pareja se casó al poco tiempo de conocerse y ya se encuentran buscando un hijo. En el caso de Julieta y Renato, también se encuentran buscando un hijo, pero mediante tratamientos de fertilización que al momento resultaron infructuosos.

La referencia a la casa es importante, porque interviene como un personaje fundamental. En ella no sólo se desarrollan las acciones principales, sino que también se evocan a partir de los planos cenitales del vacío de la escalera caracol, los estudios de Sigrid. Las referencias al gótico se plasman en la casa, donde lentamente, luego del nacimiento del hijo de la pareja, la cotidianeidad devendrá extraña e inquietante, logrando crear así el efecto de lo siniestro para el espectador. La casa es además la representación del psiquismo, de manera que el sótano es aquí lugar de las pulsiones tanto sexuales como agresivas, de los bajos instintos, que permanecen escondidos, reprimidos y misteriosos, merced a un muy buen trabajo del director con el fuera de campo.

Hay una serie de claves que el director proporciona al espectador a través de los cuadros de Lorenzo: uno es el cuadro que Renato tiene en su casa, inspirado en el “Cronos devorando a su hijo” de Goya, y otro es el título de la muestra de Lorenzo, que alude a un grabado de Goya: “El sueño de la razón, produce monstruos”. Teniendo en cuenta que Goya es un pintor bastante oscuro en su producción -sobre todo en la etapa de sus Pinturas Negras-, estas referencias apuntan a situar el lado loco y violento de Lorenzo, que se expresa a través de su obra, vinculados a la desestabilización que puede implicar para un hombre asumir la paternidad, pues supone abandonar la posición de hijo para encarnar una instancia de filiación y autoridad. El nacimiento del hijo puede ser incluso un momento complicado para el hombre al verse desplazado y excluido por la atención que el pequeño reclama a su madre durante los primeros tiempos.

Durante el embarazo de Sigrid, Lorenzo pinta un cuadro espiralado de color azul, otra clave de su estado anímico ya que este color da cuenta de la entrada en la locura. El carácter de extrañeza de lo cotidiano se irá instalando para Lorenzo. Sigrid se autodiagnostica trombofilia, se automedica, y quiere tener a su hijo en el hogar, siguiendo las tradiciones escandinavas para protegerlo de los virus hospitalarios y de la violencia obstétrica de la cesárea. Y la atmósfera de rareza se instalará definitivamente cuando Sigrid traiga al hogar a la anciana Gudrum (Regina Lamm), quien fue la nodriza que cuidó de ella cuando era niña, para que la ayude en el parto y durante los primeros tiempos en la crianza del niño. El director, mediante los primeros planos de Lorenzo -con su mirada extraviada y desorbitada y su lenguaje corporal mostrando ansiedad e intranquilidad-, propicia que el espectador se identifique con su punto de vista y como él perciba la realidad con un tufillo permanente de sospecha y de extrañeza. La  decisión de no subtitular las conversaciones en noruego entre Sigrid y Gudrum va en ese mismo sentido: como Lorenzo, no entendemos lo que dicen y nos coloca en posición de pensar que pueden estar tramando algo, ocultado información y engañándolo, tal como lo vivencia él.  La introducción e intromisión de la nodriza hace evidente la referencia a la película La mano que mece la cuna (Curtis Hanson, 1992). La paleta de colores fríos y apagados y la penumbra dentro de la casa, así como el trabajo con el sonido, ayudan a sostener el clima de inquietud y suspenso de las escenas que se desarrollen en ella.

A raíz de un episodio en el cual Lorenzo intenta proteger a su hijo de la excesiva protección materna, Sigrid hace una denuncia por violencia de género y solicita el divorcio. El juez determina una restricción perimetral por 90 días, cumplida la cual él podrá volver a ver a su hijo. Pero el día que Lorenzo retoma el contacto con el hijo algo ocurre: él asegura que el niño no es su hijo y se decide a buscar desesperadamente a Henrik  por toda la casa. En la casa advierte, y nosotros junto a él, unas extrañas cañerías que van al sótano, motivo por el cual decide buscarlo allí. La puerta del laboratorio se encuentra herméticamente cerrada, él intenta forzarla y Gudrum termina llamando a la policía. La película juega todo el tiempo con la ambigüedad de si la historia que cuenta Lorenzo corresponde a un delirio producto de una alteración psiquiátrica o si es verdadera. El director manipula el material para que los antecedentes de violencia con su pareja previa y su alcoholismo hagan poco plausible su versión tanto para su entorno (su abogada misma le dice: “Yo creo que vos te lo crees”), como para el espectador. De hecho, vemos que ha permanecido un tiempo internado en un neuropsiquiátrico, medicado con antipsicóticos, a partir de que se le ha diagnosticado Sindrome de Capgras: alteración  en el sistema de identificación del paciente por el cual cree que un familiar ha sido sustituido por un impostor, que es una réplica idéntica a esa persona.

La ambigüedad también está construida por el distante comportamiento de Sigrid. Luego del nacimiento de Henrik, tras los primeros seis meses, se produce la visita de Julieta y Renato, quienes según los dichos de Lorenzo son los primeros en ver al bebé. Sigrid lo mantiene encerrado en el cuarto, sin mantener contacto con nadie y sin sacarlo fuera del hogar, alegando que el niño tiene fotofobia y que podría enfermarse. Esta escena es clave por dos razones: por un lado, porque en boca de Renato se menciona la posibilidad de que el comportamiento extraño de Sigrid obedezca a un trastorno puerperal, y por otro lado, porque cuando ven al niño vemos con ellos que Henrik es rubiecito y de ojos claros. Este último punto, es importante porque da sustento a la declaración de Lorenzo de que el bebé que Sigrid muestra al mundo, en la guardería, a los abogados y a la trabajadora social; no es su hijo, a la vez que aparece en discordancia con el Síndrome de Capgras. Lorenzo nunca dice que ve una réplica idéntica de su hijo, que sería un sustituto; sino que el bebé que Sigrid muestra al mundo no es su hijo y que su verdadero hijo está escondido en el sótano.  ¿Es Lorenzo un hombre violento o es en realidad un padre que trata de poner un corte, un límite a los excesos de cuidado de la madre para con su hijo? ¿Tiene Lorenzo un trastorno psiquiátrico o es un padre que quiere salvar a su hijo del deseo de la madre de reintegrar a su hijo, de volver al estado de fusión absoluta del estado de embarazo?

En lo que sigue, hay una acto de ofrenda de Lorenzo para con sus amigos que, desistiendo de los tratamientos de fertilización, ahora buscaban adoptar un hijo; un acto sacrificial de Lorenzo que apunta a poner a la luz la verdad que declaraba sin ser convincente para el entorno, y una revelación final en manos del personaje de Julieta, que quedará para el espectador fuera de campo.

Hay que señalar que el puerperio, como momento de separación entre la madre y el hijo, puede ser desestabilizador cuando no se puede simbolizar la pérdida que el nacimiento conlleva, llevando a tentativas de restablecer el estado de completud, de goce absoluto que un bebé representa para la madre, que logra por medio del hijo taponar su castración. Al mismo tiempo, la ciencia en su alianza con el capitalismo cada vez oferta diversas opciones para que una mujer pueda ser madre, sin necesidad de pasar por la intervención de un hombre al que sitúe en el lugar de padre, en tanto instancia tercera respecto de su hijo. Ese sótano que se mantiene caliente y protegido de la intervención externa de un tercero, evoca el útero, el tiempo de fusión indiscriminada entre la madre y el niño. En este línea, la película de Schindel da cuenta de la declinación del padre en la época contemporánea, tanto en lo que hace a su imagen como en cuanto a su función de instaurar un nombre como encarnación de la ley en el deseo.

A la luz de estas reflexiones, y tomando el título podríamos preguntarnos: ¿qué es un hijo?, ¿qué diferencia a un niño de un hijo?, ¿basta solamente el deseo de la madre para que se constituya un hijo?

Con una destacada labor protagónica de Joaquín Furriel, en El hijo, el realizador Sebastián Schindel muestra su destreza para crear climas de extrañeza y suspenso, mediante un interesante labor con la puesta en escena, el sonido y el uso del fuera de campo. El entretenimiento propio del género es empleado aquí de manera inteligente, permitiendo interrogar los efectos en la constitución subjetiva del hijo a la luz de los cambios en la función materna y paterna en la época contemporánea. 

Calificación: 8/10

El hijo (Argentina, 2019). Dirección: Sebastián Schindel. Guion: Leonel D’Agostino, Guillermo Martínez. Fotografía y cámara: Guillermo Nieto. Montaje: Alejandro Parysow. Elenco: Joaquín Furriel, Martina Gusmán, Luciano Cáceres, Heidi Toini, Regina Lamm. Duración: 90 minutos.

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