En la última década, en el cine argentino se ha ido acrecentando el número de thrillers: las historias que involucran investigaciones policiales sobre crímenes -ya sean verdaderos y popularmente conocidos o creados para la ficción- se volvieron moneda corriente en la lista de estrenos de los jueves. Los núcleos temáticos (secuestro, tortura, violación y homicidio), que se repiten y funcionan con gran efectividad, abarcan las zonas más oscuras de nuestra sociedad actual, siendo la inseguridad y el femicidio sus principales ejes.

Ya en 2009, El secreto de sus ojos de Juan José Campanella, basada en la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri, se centraba en la investigación de un femicidio ocurrido en 1974. Si bien la punta de lanza de la historia podría haber sido la dictadura militar, el eje de interés se focalizó en la violación y asesinato de una joven. El libro de Sacheri ya era considerado un best-seller cuando se lo seleccionó para hacer la adaptación cinematográfica. Lo mismo sucedió con las novelas Las viudas de los jueves y Betibú de Claudia Piñeiro, así como con Los padecientes de Gabriel Rolón.

En 2015, con la efervescencia del movimiento feminista “Ni Una Menos”, empezaron a surgir películas que giraban alrededor de figuras de criminales popularmente conocidas en la historia policial argentina. Así, la primera de ellas fue El clan (Pablo Trapero, 2015), que retomaba la serie de secuestros y asesinatos cometidos por la familia Puccio en la década del ’80. En paralelo, tan sólo un mes después del estreno de la película de Trapero[1], surgió el proyecto televisivo Historia de un clan de Luis Ortega. Aunque fueron productos potencialmente distintos, estaban íntimamente emparentados desde sus orígenes (ambos amparados por Telefe) y generaron mucha expectativa en el público. Como consecuencia de estos éxitos, en 2018, aparecieron El ángel de Luis Ortega – representa la historia del homicida Robledo Puch – y Acusada de Gonzalo Tobal – inspirada en el caso Lucila Frend –.

Se observa, como eco de un panorama social inestable y preocupante, la aparición de una necesidad casi colectiva de “auto purificación”, casi a modo de “sesión psiconalítica”. El público adopta la figura de un “detective especializado”, dotado de cualidades pedagógicas, que va desentrañando los hilos de una trama misteriosa y compleja. A su vez, combinando suspenso y didáctica, el cine presenta las herramientas precisas para la posterior resolución del conflicto. La audiencia es la auténtica reveladora de la verdad política que estos relatos pretenden demostrar.

La fórmula, tan sólo al describirla, es llamativa, seductora y convoca a una gran cantidad de espectadores. La instancia lúdica probablemente sea la clave más enérgica y potable de estas producciones. Jugar a ser Sherlock Holmes por el período de una hora cuarenta es más que interesante, sobre todo cuando el misterio que se intenta develar concierne a un caso regional y conocido. La empatía se establece mediante el uso del mismo idioma, los protagonistas apelan a modismos como “che”, “boludo”, “garca”, “yuta”, “finado”, etc. La convocatoria masiva también se debe a que los personajes principales son interpretados, en su gran mayoría, por actores y actrices considerados “de primera línea” o “populares”. Es decir, si en el centro del afiche aparece la figura de Ricardo Darín, Guillermo Francella o, en contrapartida, Lali Espósito o la China Suárez, seguramente estaremos hablando de un potencial éxito taquillero.

Hace ya unos años que me vengo preguntando sobre este fenómeno cinematográfico que día tras día aumenta sin cesar. Luego de conversar con colegas y amigos, caí en la cuenta de que el enigma tenía su respuesta en una sola entidad: el canal televisivo “Telefe”. Hacia finales de la década del ’90, esta señal de aire adquirió varias instalaciones pertenecientes a Argentina Sono Film, una de las empresas cinematográficas más importantes en la historia de nuestro cine. De hecho, la primera película sonora, ¡Tango! (Luis José Moglia Barth, 1933), protagonizada por Azucena Maizani, Libertad Lamarque, Luis Sandrini, Tita Merello y Pepe Arias, fue producida por este estudio; además, gran parte del período de oro de nuestro cine involucra producciones realizadas y distribuidas por esta empresa. En la actualidad, Argentina Sono Film se encarga de la producción y distribución de uno o dos films por año. En realidad, lo único que ha quedado de estos estudios ha sido la saga Bañeros. Saquen sus propias conclusiones al respecto.

Volviendo al caso Telefe, ha sido todo un gesto el haber comprado gran parte de los estudios que pertenecían a la empresa de los Mentasti. Para que se den una idea, telenovelas como Muñeca Brava o el reality show Gran Hermano fueron grabados y/o transmitidos desde estas dependencias. Pareciera que el legado del buen funcionamiento de la industria cinematográfica argentina, impulsado por Argentina Sono Film en los 30, ahora quedó en manos del canal de las pelotitas de colores. Pero, ¿cómo lograr el apoyo de capitales extranjeros? ¿cómo acaparar la atención de los espectadores? ¿cómo crear la sólida forma narrativa del “thriller Telefe”?

Para ello, se necesita de un productor sofisticado y detallista que sepa tanto de cine “culto” como de “clase B”. He aquí que el nombre de Axel Kuschevatzky sea la pieza fundamental de este rompecabezas. Este periodista y guionista, que entrevista a estrellas de Hollywood desde la alfombra Roja de los Oscars, es actualmente, y desde hace varios años, el jefe de producción de Telefe. Este hombre estuvo detrás de los éxitos televisivos La niñera y Casados con hijos (esta última se sigue emitiendo hasta el hartazgo), que son, en efecto, series estadounidenses muy populares que él mismo se encargó de traducir y adaptar al modo “argento”.

Ya en 2009, el apellido Kuschevatzky empezó a tener otro peso mediante el galardón obtenido en los Premios Oscar por El secreto de sus ojos. Como si fuera poco, amén de producir la película de Campanella, posteriormente ocupó el mismo rol con Las viudas de los jueves (Marcelo Piñeyro, 2009) -no con la misma suerte de crítica y rentabilidad-. En el período 2014/2015, Kuschevatzky produjo cuarenta películas y lleva, hasta el momento, un total de setenta y cuatro producciones cinematográficas en su haber. Lo llamativo, quizás, sea que el mayor porcentaje de ellas son thrillers.

Al meditar sobre este asunto, comienzan a llegar a mi mente los primeros títulos: Abzurdah (Daniela Goggi, 2015), Perdida (Alejandro Montiel, 2018) y Acusada. Más allá de la similitud sintáctica, estas películas incluyen en sus créditos artistas que emergieron profesionalmente a raíz de las telenovelas adolescentes creadas por Cris Morena. Luego de la gran repercusión que tuvo Abzurdah, Eugenia “China” Suárez fue contratada para integrar los elencos de El hilo rojo (Daniela Goggi, 2016) y Los padecientes (Nicolás Tuozzo, 2017). La actriz se ha vuelto, de este modo, en una de las estrellas recurrentes de las producciones Telefe. El mismo camino parece esperarles a Luisana Lopilato y Lali Espósito. Sin embargo, también se encuentran en su nómina otros “jóvenes Cris Morena”como Peter Lanzani –El clan y El ángel–  y Calu Rivero –Tesis sobre un homicidio (Hernán Goldfrid, 2013)-.

Por añadidura, encontramos el caso de Ricardo Darín y Guillermo Francella, las figuritas mágicas para liderar cualquier ficción sobre crímenes y delitos que logre recaudar una importante suma de dinero con sólo mencionarlos. Entre sus trabajos se encuentran la ya nombrada El secreto de sus ojos, ¡Atraco! (Eduard Cortés, 2012), Séptimo (Patxi Amezcua, 2013), Tesis sobre un homicidio, Relatos salvajes (Damián Szifrón, 2014) El clan, Nieve negra (Martin Hodara, 2017) y Animal (Armando Bó, 2018).

Al mejor estilo de los grandes estudios de Hollywood, Telefe -que en 2016 fue adquirida por el conglomerado mediático estadounidense Viacom- ha ido construyendo paulatinamente su propio sistema de estrellas, integrado, por un lado, por artistas con una trayectoria histórica y, por el otro, por actrices y actores que “nacieron” en sus programas televisivos. De este modo, Telefe no sólo produce y distribuye films, sino que también da a conocer a una nueva gama de artistas que constituyen, de alguna manera, su “propia creación”. Además, el sistema de exhibición y circulación de sus materiales incluye la posterior emisión desde su señal televisiva y por streaming (tienen acuerdos con el monopolio Netflix). Así, Telefe se garantiza el mantenimiento de su status como productora dominante del mercado y mantiene el consumo constante de sus trabajos.

Por otra parte, como consecuencia del reconocimiento internacional de El secreto de sus ojos, y, probablemente, por medio de la intervención de Kuschevatzky y el amparo de Viacom, Telefe ha conseguido cada vez más el apoyo de capitales internacionales. Tal es así que El ángel en su placa de inicio muestra el logo de la 20th Century Fox y El Deseo junto al del INCAA. Lo mismo sucede con los créditos de Acusada que incluye en sus filas a la Warner Bros. Esta última película ha de ser de vital importancia para el estudio Telefe, ya que ha sido exhibida en los festivales de Venecia y Toronto (recordemos que Pablo Trapero ganó el premio a mejor director por El clan en Venecia). Estos antecedentes ponen en evidencia que la meta industrial y las películas que ofrece la productora han de ser tomadas muy en serio, tanto desde un punto artístico como financiero. La crítica cinematográfica no puede eludir estos factores. Sinceramente, creo que estamos ante un hecho histórico.

En la actualidad, este “estudio cinematográfico” está explorando las aguas de un nuevo género vinculado al biopic de ídolos populares o criminales reconocidos. El salto inicial lo dio Lorena Muñoz con el estreno de Gilda, no me arrepiento de este amor (2016) y, luego, lo siguió El ángel. A pocos días de la presentación de El potro, fue lo mejor del amor (Lorena Muñoz, 2018), la idea de un nuevo sub-género Telefe no es descabellada. Hay que estar atentos a cualquier tipo de material que pueda provenir de esta productora, ya que supo reactivar el dinamismo de las grandes industrias cinematográficas. Sin lugar a dudas, estamos ante la productora más importante del momento.

[1] El clan de Pablo Trapero se estrenó el 13 de agosto de 2015 , mientras que el debut televisivo de  Historia de un clan tuvo lugar el 9 de septiembre del mismo año.