11130500_998804663463929_7316225796652478968_oVíctimas y resistencia. El documental Palestinos go home es una película de testimonios, con doble misión: informar y promover la identificación. Dos mujeres, Maia Gattás Vargas –joven argentina en busca de sus raíces palestinas- y Tilda Rabi -presidenta de la Federación de Entidades Argentino-Palestinas-, van recolectando una serie de sentires e intimidades. El recorrido de las dos mujeres es entre Chile –país latinoamericano con la comunidad palestina más numerosa- y Argentina. El foco narrativo se posiciona en la visibilización de quienes huyeron de su lugar originario, la mayoría en 1948. Así, la selección de un puñado de historias intenta cimentar la imagen del palestino en tanto víctima.

En Palestinos go home, la identidad se sostiene a través de lo vívido, de sus memorias de la expulsión, y de la sensación de desarraigo que se mantiene como parte de las identidades. Y eso lo consigue resignando otro flanco: el que muestra el carácter resistente en su propia tierra, que sí visibiliza, por ejemplo, la película palestina Omar (Hany Abu-Assad, 2013), un drama de género en donde integrantes de la resistencia palestina en Cisjordania, son concebidos a partir de la negación a pensarse como víctimas.

 Los judíos y el sionismo. Pero el arco de víctimas que ofrecen los directores Silvia Maturana y Pablo Navarro Espejo no es homogéneo. Y deja traslucir una divisoria de aguas en algunos testimonios. De un lado, quienes establecen la diferencia entre los judíos y el sionismo –no hace falta que esté explicitada-. Del otro, aquellos para los cuales ambos conceptos son lo mismo.

¿Cómo juzgar a las víctimas? Resulta ilustrativo el testimonio de Afife, expulsada en 1948 de la ciudad de Jaffa (Palestina Histórica) y residente actualmente en Chile. Entrevistada por Tilda Rabbi, esta le pregunta sobre el Tratado de Balfore, por el cual Inglaterra promete entregar el territorio al sionismo. Afife contesta que “Inglaterra prometió entregarle Palestina a los judíos”. Más adelante: “Esto se llama, con mayúsculas, terrorismo de Estado de Inglaterra (…)”. Rabbi dice: “Y ahora Jaffa está en manos de…”. Afife interrumpe: “Los judíos. Nunca más hicieron nada”. Si bien, la señora toma al sionismo por “lo judío”, aquí se impone una pregunta retórica: ¿Cómo juzgar, en tal sentido, a quien se vio obligada a abandonar su tierra, conviviendo para siempre con una sensación de desarraigo?

Figuras públicas. Muy diferente resulta el testimonio del dirigente Luis D’Elía. Más allá de que su visibilización obedece a la pertinencia de su testimonio respecto a una visita que hizo a los campos de refugiados en Yabra, Yatila y Beirut, su sola presencia ya impone un fuera de campo que no se puede soslayar. Por nombrar solo una declaración, en 2009, D’Elía cuestionó a los judíos argentinos por considerarlos “insensibles” ante los crímenes en la Franja de Gaza. Dijo en su momento: “Yo no les agrego una responsabilidad, les estoy pidiendo sensibilidad, les estoy diciendo: ‘A ver muchachos, una muestrita de dolor’». El dirigente, a diferencia de la víctima que vive en estado diaspórico, sí se encuentra en condiciones de establecer un parámetro diferenciador entre los dos conceptos.

Por lo tanto, no necesariamente el testimonio de una figura pública suma al corpus seleccionado por el solo hecho de integrar la lucha y los reclamos del pueblo palestino.

chile-palestina-575x383El otro viaje. Más allá de lo innecesario de una respuesta a los “prejuicios” de D’Elía, sobre todo con instituciones judías argentinas y muchos judíos que de modo individual se manifiestan categóricamente en contra de la ocupación sionista, la respuesta al dirigente sobre sus declaraciones de entonces se puede hallar en el seno de la misma Palestinos go home: dos jóvenes judíos argentinos que viajaron al hoy Estado de Israel, aportan un valiosísimo testimonio. Uno de ellos, Demian Schejter, militante del Grupo por Palestina, cuenta que el viaje fue parte de un conocido programa destinado a jóvenes judíos “para conocer Israel”, en diez días. Dice Demian que “… lo promueven con una intención de, según ellos, despertar el judaísmo en relación a lo que es el Estado de Israel. Para descubrir, de alguna forma, ‘las raíces que todos los judíos tenemos con esta tierra’. Son diez días donde nos hacen recorrer todo lo que es actualmente el Estado de Israel, hacen distintas excursiones y nos muestran una realidad. No, por ejemplo, los campos de refugiados: no se ve todo lo que es Cisjordania, Gaza, no se ve…”. Ambos jóvenes concurren a este viaje oficial, pero luego amplían su itinerario y terminan recorriendo durante tres meses los territorios ocupados, vinculándose fenomenológicamente con zonas devastadas, casas semidestruidas por los bombardeos. Y la hospitalidad brindada por quienes terminan naturalizando la inminencia de un ataque.

Dos conceptos de diáspora. La homologación de judaísmo con sionismo es alimentada, entonces, por el mismo sionismo. Para ellos también es lo mismo, y el judío que no vive en el Estado de Israel, vive en la diáspora. Pero lo cierto es que se alimenta un sentimiento diaspórico con un país pretendidamente imantado, que la mayoría de la cuarta generación de judíos diseminados por el mundo no conoce: por lo tanto, en muchos casos no hay tal diáspora. Pero esto forma parte de la pretensión de apropiación de lo judío por parte del sionismo.

La diáspora palestina es diferente: los mayores vivían allí y fueron expulsados; y muchos viven aún: anhelando volver. Y los más jóvenes son hijos y nietos del destierro, no de la colonización.

La promoción de una imagen. La contundencia de los registros de archivo en el efecto sobre el espectador habitualmente arrasan con las entrevistas, la música y otros componentes de la imagen que integran el resultado final. La imagen en cuestión es la de un noticiero norteamericano de la época: “El nacimiento del Estado de Israel – Noticiero Universal Newsreels, 1948”. En el mismo se comienza a cimentar la imagen de colonos que bajan de un barco. Parejas, familias con niños, niños solos  a cargo del plano, construyen la idea de pueblo: la promoción de un sujeto colectivo. Un locutor en off, complementa la imagen: “(…) En mayo de 1948, un nuevo Estado judío nació en un baño de sangre: tropas judías se enfrentaron con fuerzas árabes en la ciudad de Haifa, en uno de los primeros combates que se repetirían a lo largo de años. Es la primera vez desde que las legiones romanas destruyeron Jerusalem en el siglo 70 a.C que los judíos tienen un país propio. Fue un hecho histórico que naciera el Estado de Israel, concebido sin violencia, y que florecerá como una voz constructiva para el bienestar de la sociedad. Su bandera es un símbolo de esperanza en un mundo convulsionado.” En la comparación, ambos textos destacados entran en colisión. Pero la contundencia del montaje de imágenes se come todo acto verbal.

maxresdefaultLa promoción del plano general. En las posibilidades de la imagen, habitualmente cuando se trata de un documental militante se recurre a planos generales, y luego más cerrados, de manifestaciones. Palestinos go home no es la excepción. Las movilizaciones y concentraciones a favor de la causa palestina se alternan con los testimonios. En una de las marchas se canta: “¡A romper, a romper! ¡Relación con Israel!”. También se intercalan fotos y filmaciones de Palestina antigua, de los bombardeos. Un testimonio a tener en cuenta es el de Daniel Jadue  –arquitecto descendiente de palestinos y alcalde de Recoleta, Chile-, cuando se refiere a la diferencia arquitectónica entre Palestina y las construcciones posteriores del Estado de Israel. El insert de una foto de aquellos años contribuye a un plano general, esta vez organizado por el espectador.

De este modo, dicho espectador recolecta información a través del entramado de registros elegido por los directores. Aunque no hay una pregunta en la película sobre el hecho documental, sobre los materiales: la prioridad es el contenido. Y generalmente, cuando un director prioriza el contenido por sobre la forma, en tal decisión no hay conflicto previo: el qué silencia al cómo.

Yo quiero a mi bandera. En tal dirección, la propuesta de la película de Silvia Maturana y Pablo Navarro Espejo, es plantar una bandera palestina en el mundo de las imágenes. Esto se grafica a través de la hora y media de duración, a través de la cual dicha bandera –literalmente- va siendo pintada por Maia Gattas Vargas sobre una superficie transparente que se ofrece al público espectador con la idea de que Palestina se instale en las conciencias.

De todas formas, la imagen del pueblo palestino bajo el yugo de un Estado que lo somete, lo sojuzga, lo reprime y, en el mejor de los casos, lo asimila forzadamente, recorrió el mundo, solidificándose desde mediados del siglo pasado hasta nuestros días. Por lo tanto, Palestina supo ganarse a través del tiempo un lugar privilegiado en el listado de víctimas de la modernidad. La bandera que se pinta en la película ya estaba plantada, e instalada.

Palestinos go home (Argentina, 2015), de Silvia Maturana y Pablo Navarro Espejo, 95′.