Cuando se estira un éxito, huele a negocio. Eso es lo primero que el espectador promedio siente cuando se anuncian estrenos como El Camino: una continuación inesperada de la gran serie Breaking Bad. Más cuando la última pieza de la obra, en este caso el último capítulo de la última temporada, pareció haber cerrado por lo menos las tramas más importantes. Obviando lo indiscutible, que producir esta película es un éxito comercial antes de prender la cámara, vale analizar si por lo menos el producto final hace honor a la obra que atrapó a tantos y que, en este caso, para muchos podría ser catalogada como la mejor serie de todos los tiempos.

A diferencia de otras excusas para resucitar un muerto, como resulta siempre en una precuela, El Camino se gana la primera luz verde al funcionar en base a una prolongación de la trama. Y acá puede surgir la primera contradicción. Es que Breaking Bad también tuvo una precuela, y aunque más jugada todavía, también resultó: hablamos de Better Call Saul. Para los no enterados, cuando el cadáver de Breaking Bad todavía estaba caliente, los rápidos del negocio se dieron cuenta de que un personaje que nació como secundario podía tener su serie propia. Es así como surgió esta nueva serie que viaja mucho tiempo antes de la historia del profesor Heisenberg y su ayudante Jesse Pinkman, y que se concentra en la historia personal de Saul Goodman, el abogado de los protagonistas. Esta serie, que ya va por la cuarta temporada, ha resultado también un buen negocio, no ha sido mal vista por los fanáticos, pero atrapó como algo paralelo, una especie de spin-off. Better Call Saul, en ese sentido, no es Breaking Bad, y si para alguien fuese un mal producto, no mancharía la historia base.

El Camino profundiza la apuesta, va más allá, prolonga la historia a riesgo de chocar la Ferrari. Por esa razón, es que un análisis posible es ver si la película tiene algún ribete ridículo o muy forzado para hacerla revivir por dos horas más. Segunda luz verde: El Camino se aferra al único cabo suelto de la serie. La película sigue los pasos del segundo protagonista: el paradero de Jesse Pinkman, que finalizada la serie queda abierto.

¿Cómo entendimos que había terminado la serie para Jesse? La respuesta es una sola: había logrado escapar. No sabíamos cómo, ni a dónde. Pero la historia de Breaking Bad daba la sensación de estar acabada. Ahora, El Camino narra lo que podría haber sido algunos minutitos más en el último capítulo. Porque, y acá se viene un gran spolier, el resultado final al terminar la película es el mismo: Jesse logra escapar. En resumen, El Camino es algunos datos más para fanáticos.

Metiéndonos más en la película, estas dos horas no se pueden sostener solas. Ni como lo que es, la continuación de Breaking Bad, porque el drama y la acción no superan los mejores momentos de la serie. (Por eso arranca con un breve y necesario repaso de cómo llega al punto de inicio). Y tampoco podía ser un producto aparte, porque no entenderíamos nada sobre ese personaje en el que focaliza, que notamos totalmente perturbado.

Sobre Jesse Pinkman (Aaron Paul) hay muchas cosas que decir. En primer lugar, que sobre el comienzo se disimula muy bien el paso natural del tiempo. Aunque la trama continúa en el momento exacto que dejó la serie, al actor le pasaron cinco años y se le nota. Maquillaje, caracterización y otros recursos esconden bien ese problema. Aunque en la segunda parte de la película, con Jesse bañado y no tanto en planos oscuros, se evidencia más el crecimiento. Pero no es sólo una cuestión física la que hace un poco de ruido. Hay algo en la construcción del personaje que también, con ojo agudo, no cierra del todo. El Jesse de los primero minutos arranca totalmente perturbado, una onda Rambo con las secuelas de Vietnam, sintiendo las torturas a cada rato. Con el correr de los minutos, todo eso va desapareciendo y, a juicio de quien escribe, le saca peso a la historia, alejándola del espíritu de Breaking Bad. Pero la actuación es válida, y vale decir que Aaron Paul se banca la película casi sin la intervención del principal ícono de la serie: Brian Cranston en el papel de Walter White. No se puede dejar de decir también que Jesse Plemons, el villano de El Camino, entre la serie y la película se comió todo el catering, al punto que en el arranque uno desconfía de que sea el mismo personaje.

Pero la película no es tonta, no podía perderse la aparición de Walter White, o su alter ego Heisenberg. Para ello sí recurre a flashbacks, que si bien no eran necesarios para la trama, cumplen, zafan y no se les nota demasiado la hilacha. Los dos protagonistas se encuentran entonces en una charla de cafetería, que puede que le sume peso a la caracterización del Jesse de El Camino, pero nada más. Si Heisenberg no aparecía, no pasaba nada.  

El Camino termina siendo un producto correcto. No tiene chance de estar a la altura de la serie, pero tampoco derrapa o la mancha. Quizá, para el espectador que recién ahora vea la serie por primera vez, y en seguida continúe con la película sin esperarla cinco años, la sensación de vacío sea menos angustiante. Porque para aquellos que disfrutaron la serie, y que empujados por la maquinaria hasta se compraron la remera con la cara del traficante de drogas, El Camino remueve la añoranza.

Calificación: 6.5/10

El Camino (El Camino: A Breaking Bad Movie, Estados Unidos, 2019). Guion y dirección: Vince Gilligan. Fotografía: Marshall Adams. Montaje: Skip Macdonald. Elenco: Aaron Paul, Jonathan Banks, Matt Jones, Charles Baker, Tod Terry, Julie Pearl. Duración: 122 minutos. Disponible: Netflix.