dawn_of_apes_teaser_posterTal vez en mayor medida que en cualquier otro medio que permita la plasmación estética, la innovación técnica en el cine incide en el desarrollo de sus temas al abrir nuevas opciones por explorar. Quizás los cambios del mudo al sonoro o del blanco y negro al color fueron más evidentes que la transición actual al uso de efectos visuales generados de manera digital probablemente porque estos últimos no afectan a todos los géneros del mismo modo. Pero en lo que a la ciencia ficción respecta, dada las posibilidades que ofrecen para la creación de imágenes verosímiles de mundos alternativos, es claro que se abre una nueva etapa. La primera saga de El planeta de los simios y su nueva versión permiten contrastar, con un mismo universo ficcional como elemento de medida constante, este notable avance en las técnicas para la generación de imágenes con computadoras. Esa comparación debería traer a conciencia que vivimos en otra era cinematográfica que la que produjo aquella saga. Pero ha ocurrido antes que una innovación técnica conduzca a su abuso y los procedimientos narrativos acumulados en la etapa anterior sean echados de menos. Esto último no ocurre en El planeta de los simios: Confrontación, que pone los efectos visuales al servicio de una gran historia, la del hundimiento de una civilización y el nacimiento de otra.

La saga original de El planeta de los simios, compuesta por cinco películas que se estrenaron entre 1968 y 1973, no fue planeada como tal. Eso explica que los argumentos de las dos primeras desarrollen eventos que tienen lugar en un futuro post-apocalípico distante, mientras que las tres siguientes ocurran hacia fines del siglo XX. La unidad del relato no se lograba sin la introducción de sucesos un poco bizarros (incluso dentro del permisivo género de la ciencia ficción), tales como el viaje en el tiempo de dos simios parlantes a bordo de una nave espacial. Y fueron precisamente estos elementos más disparatados los que arruinaron el embrollado guión de la versión dirigida por Tim Burton en 2001. Quizás este último extravío ocurrió en la búsqueda de repetir el atractivo suscitado por las sorpresas y los giros en la historia de la película original. Fundamentalmente, por medio de un final shockeante e inesperado. Esta nueva saga no comete ese error. Aquí la narración prescinde de golpes de efecto y se concentra en la tarea nada sencilla de ofrecer una explicación más plausible del origen del planeta de los simios. Ya sabemos desde el inicio que los simios sucederán a los humanos como especie dominante del planeta Tierra. El atractivo del relato no radica en las revelaciones inesperadas sino en el suministro de una buena historia acerca de cómo y por qué sucedió aquella inversión de papeles en la evolución.

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En la película que reinicia la saga, El planeta de los simios: (R) Evolución (Rise of the planet of the Apes, 2011), un joven líder llamado Caesar, que posee talentos que lo distinguen del resto de su especie, dirige a un grupo de simios hacia la rebelión contra la opresión de los humanos, y luego hacia una vida libre en zonas boscosas. Aunque esa frase también resume la trama principal de la cuarta película de la saga original, Conquest of the Planet of the Apes, y esta nueva película del 2014 tiene puntos en común con la trama principal de la quinta y última película de la saga original, Battle for the Planet of the Apes, en ninguno de los dos casos se trata de una remake: estas nuevas películas toman las premisas centrales del mundo ficcional de la saga original de El planeta de los simios pero se proponen reconstruirlo de manera original, de un modo más coherente y verosímil, visual y narrativamente. Sin embargo, las alusiones a aquellas películas no concluyen con elementos de la trama. Pueden encontrarse múltiples guiños y homenajes a la primera saga, procedimiento más que esperables en el género geek por antonomasia.

El planeta de los simios: Confrontación se inicia con una escena animada en la que se explica, a través de la típica compilación de imágenes de noticieros, que la humanidad ha quedado al borde de la extinción luego de una pandemia global conocida como «la gripe de los simios». A diferencia de la saga original, que acudía al miedo colectivo al apocalipsis nuclear -bien real durante los años de la Guerra Fría-, la nueva serie apela (al igual que 12 monos) a un virus creado por error en un laboratorio y transmitido por los animales, más cercano a los miedos suscitados por la gripe aviar. Pero la acción propiamente dicha comienza con fascinantes imágenes de los simios cazando en los bosques cercanos a San Francisco. Libres de la interferencia humana, han comenzado a construir una comunidad con varios elementos que testimonian los comienzos de su cultura: vemos una aldea que reúne edificaciones rústicas construidas con materiales provenientes del bosque, el uso del fuego, medidas higiénicas, lenguaje, reglas sociales explícitas. Estos simios son capaces de escribir y se comunican principalmente por medio de señas. Y si bien no parece resultarles fácil, en ocasiones también hablan lacónicamente, en un inglés limitado, de gramática sencilla, comparable al que hablan los caricaturescos miembros de los pueblos originarios en los viejos westerns. Pero tal vez ningún progreso hecho hasta aquí sea mayor que el de haber dejado atrás a esos actores que adoptaban una postura levemente encorvada, debajo de máscaras y disfraces, para pasar a estos nuevos simios creados con efectos digitales sobre la base de la captura de los movimientos de expertos en este tipo de trabajo, como Andy Serkis (quien había hecho un trabajo similar encarnando a Gollum en El señor de los amillos).

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Han pasado diez años desde el fin del mundo como lo conocemos cuando ocurre el encuentro que plantea el conflicto central del relato. Un grupo de humanos sobrevivientes se aventura en el bosque con el propósito de llegar hasta una represa que les permita reestablecer la energía eléctrica para su pequeña comunidad, la cual se refugia en las ruinas de lo que había sido San Francisco. Una vez que los grupos toman conocimiento de la existencia del otro (y desde luego esto plantea los problemas relativos a la alteridad, otro de los puntos en los cuales la película presenta elementos del western de frontera) se abren dos cursos de acción: la coexistencia pacífica, con cada comunidad habitando en su territorio, o la destrucción del oponente para evitar correr el riesgo de ser atacado en un momento de debilidad (esto supone, desde luego, atribuirle al grupo contrario el propósito de acabar con el propio). Correlativamente, surge en el interior de cada grupo una lucha de poder por establecer la línea pacifista o la belicista. Los dos líderes pacifistas de cada comunidad, Caesar y Malcolm, tienen hijos. Koba y Dreyfus, los líderes belicistas, no los tienen (sabemos que Dreyfus los tuvo y los perdió con la gripe de los simios y también lo vemos preocupándose por los demás: de ningún modo encarna un personaje cruel o sediento de poder). De modo que en cada bando se nos presentan líderes preocupados por su descendencia, que miran hacia un posible futuro menos inhóspito y persiguen el curso de acción que menos arriesgue lo poco que se tiene, frente a líderes que promueven el ataque contra el grupo al que consideran responsable de sus padecimientos actuales o pasados y, potencialmente, de males futuros. Tales parecen ser los móviles psicológicos atribuidos a los personajes principales en el conflicto central de la película. Pero hay que señalar que estas oposiciones en el interior del grupo de humanos -en realidad todo lo relativo a los humanos en esta película-, son bastante pálidas en comparación con lo mucho más atractivos que resultan los simios, tanto en el aspecto visual y como en el dramático. Alguien que se encuentre incómodo con este hecho probablemente sienta algún fastidio con esta película. Por mi parte, creo que podría prescindir alegremente de los predecibles humanos en las películas que continúen la saga.

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Entre los simios, quien desprecia más fervientemente a los humanos es Koba. Este chimpancé, cuyo cuerpo y rostro está atravesado por cicatrices producto de los experimentos a los que fue sometido en sus años de cautiverio en laboratorios, aparecía como un personaje inquietante ya en la primera película. Además de ser un combatiente notable (y de protagonizar la anunciada y esperada imagen de un mono que cabalga empuñando armas de fuego), Koba sabe cómo manejar a los humanos, cómo lograr que bajen la guardia haciendo «monerías». Pero también se comporta de modo manipulador y engañoso con sus congéneres. En una película que da significación a los nombres de sus personajes, no puede pasarse por alto que «Koba» es una obvia referencia al primer nom de guerre de Iósef Vissariónovich Dzhugashvili, mucho más recordado por su segundo pseudónimo: Stalin. Las resonancias orwellianas de esta otra fábula protagonizada por animales se concentran en su figura. Quedará rápidamente en claro que la sociedad de los simios liberados no será demasiado diferente de aquella de los humanos: pronto duplicará sus crímenes y conflictos de poder.

Antes de concluir es importante mencionar algunas objeciones que pueden planteársele a esta película. En primer lugar, que la presencia de personajes femeninos es casi nula (claramente no pasa el test de Bechdel), su importancia en la acción es prácticamente inexistente y su rol es de subordinación con respecto a los varones. Alguien podría argumentar que se trata de un sombrío mundo post-apocalíptico, sin lugar para los débiles, en el que se impone el comportamiento de grupos liderados por machos alpha para cualquier comunidad de sobrevivientes. Es decir: no se trata de un relato machista sino de un mundo machista retratado verazmente. Contra eso podemos recordar que Michonne lleva varias temporadas desmembrando zombies cuerpo a cuerpo en The Walking Dead. Por otra parte, el único personaje femenino de la película con más de una línea de diálogo es Ellie, interpretado por Keri Russell. Precisamente la misma actriz que encarna a la durísima espía comunista de la serie The Americans. Pero no hace falta salirnos del planeta de los simios para buscar personajes femeninos como los que reclamamos: Zira, la chimpancé científica de la saga original, y Ari, en la película dirigida por Tim Burton, eran personajes femeninos interesantes y centrales en sus respectivas historias.

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Segunda objeción: los personajes humanos y sus conflictos aparecen poco desarrollados, el mundo humano en estas películas no resulta muy atractivo. Una manera extrema de contra-argumentar plantearía: «¿A quién le importan los humanos cuando podemos ver a estos simios maravillosos? No parecen escasear personajes humanos en todas su variedad en el resto de las películas». Pero hay algo legítimo en esta objeción. Sea que en las próxima películas contemplemos el ocaso definitivo de la cultura humana y su sometimiento o, por el contrario, se llegue a alguna clase de cooperación entre simios y humanos (éste era el tema central de la serie original y probablemente lo sea de la nueva), el destino humano en este mundo ficcional, que se presenta tan adverso, reclama personajes más interesantes.

Última objeción: el relato se apega a fórmulas conocidas, hay no pocos lugares comunes y los diálogos son débiles. No creo que pueda decirse nada muy favorable sobre los diálogos de esta película, pero la narración es más defendible y algo hemos adelantado: las viejas Planet of the Apes se caracterizaron por sus giros inesperados; esta saga elige el camino contrario y me parece un acierto. Sus méritos se encuentran en la administración de tiempos y tensiones, en la justificación de las acciones de sus protagonistas en el marco de las opciones y desafíos que se le imponen, en la creación de nuevos personajes. Y aquí es dónde debemos mencionar que el Caesar interpretado por Andy Sarkis viene a desplazar al George Taylor de Charlton Heston como el mayor héroe y el personaje más interesante de este universo ficcional. Era injusto que el mundo de Planet of the Apes tuviera en un humano a su personaje más perdurable. La serie original fallaba en esto en parte debido a sus inevitables limitaciones técnicas.

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Esta segunda y gran película de la nueva saga se alinea con la especie que después de siglos de opresión cobra conciencia y se levanta contra la humanidad. Como en toda revolución, vendrá el momento de consolidación y conservadurismo, el Termidor de los simios. Pero ese momento aún no ha llegado. Los simios de esta nueva saga reclaman el dominio del planeta. Y a diferencia de otros mundos imaginarios en los que la humanidad se ve amenazada (sea por máquinas creadas por los propios humanos, sea por extraterrestres hostiles) aquí tenemos la oportunidad de asistir al nacimiento de una nueva civilización. Por llamativo que pueda parecer, es un logro de esta nueva saga que nos empuje a simpatizar con los simios en su combate contra los humanos. Me confieso fascinado: Caesar merece reinar, este planeta pertenecerá a los simios y no puedo esperar a verlos en su apogeo.

Aquí pueden leer un texto de Marcos Vieytes relacionado con esta película.

El planeta de los simios: Confrontación (Dawn of the Planet of the Apes, EUA, 2014), de Matt Reeves, c/Andy Sarkis, Jason Clarke, Gary Oldman y Keri Russell, 130′.