Cuando pienso en que escribir sobre una película como Jumanji: El Siguiente Nivel desde lo estrictamente técnico, la verdad -a fuerza de ser sincero- es que no sé mucho que decir. La película de Jake Kasdan es la segunda parte de una franquicia que pareciera seguir dando jugo por un par de envíos más, ya que funciona como una comedia y también funciona bien (o muy bien, según gustos y preferencias) como película de aventuras. Los gags (al igual que en la primera versión de 2017) proliferan por doquier: gags referidos al cuerpo y a las incomodidades que genera, gags referidos a estar ocupando el cuerpo equivocado (operaciones que ya estaban presentes en la versión anterior y que aquí se replican y, en lugar de resultar un recurso forzado, terminan bien dosificadas, explotando el lado chistoso del asunto).

Jumanji: El Siguiente Nivel, al igual que la anterior, resulta poderosa desde la química para la comedia que exprime el tándem integrado por Jack Black y Dwayne ‘The Rock’ Johnston, y en este caso potenciado por el carisma y el peso dramático que aportan los personajes de Danny DeVito y Dany Glover. Estos veteranos actores interpretan a dos ancianos que se encuentran inmersos en un tedio, mezclado con la melancolía por el tiempo que ya no regresa, y en un una serie de conflictos por algunas cuentas pendientes. Como en la original de 1995 dirigida por Joe Johnston, con Robin Williams (en uno de sus grandes papeles cinematográficos) como un niño atrapado por 26 años en el juego, la trama es siempre la misma: un juego (en el original, un juego de mesa, y en ambas secuelas dirigidas por Kasdan, arcaicos videojuegos) permite a los protagonistas evadirse del tedio y la monotonía de la realidad a través de una serie de aventuras tan angustiantes como fantásticas.

La diferencia sustancial entre la Jumanji noventera y las dos versiones de la franquicia contemporánea es que en la versión original la fantasía, con sus animales y cazadores de comienzos del siglo XX, invade el mundo real, mientras en las versiones actuales son los jugadores los que son abducidos por ese territorio imaginario e imaginado del juego. En la original, un niño en el pasaje a la adolescencia, que tiene problemas con su padre autoritario, encuentra un juego maldito que había sido escondido cien años antes y decide escaparse de las fatigas del mundo por medio de la reclusión en la fantasía. El problema es que el juego infantil devendrá en peligro mortal y ambos territorios, el de la adultez y el de la infancia, el de la realidad y el de la fantasía, se intercalarán de un modo difícil de discernir. En la Jumanji 2019, además de las peripecias sufridas por los personajes de DeVito y Glover, el que peor la pasa es Spencer (Alex Wolff), quien se fue a estudiar a Nueva York pero ahora ocupa sus horas trabajando de repositor en una perfumería. Junto al bueno de Spencer siguen estando la rubia Bethany (Madison Iceman), Martha (Morgan Turner), que es la inteligente del grupo, y Fridge (Ser’Darius Blaine), que es el musculoso. Cada uno de estos personajes desarma sus propios estereotipos, al convertir el gag del cambio de personalidad en recurso narrativo para narrar sus peripecias.

Uno de los méritos principales de estas nuevas versiones consiste en reposicionar en la memoria cinéfila la versión original de Johnston, y al mismo tiempo poder trabajar sobre un cine mainstream producido en las entrañas de la bestia (Hollywood of course) sin perder gracia ni autoconsciencia. Jumanji sumerge al espectador en una cinefilia juguetona,  también como una forma de evasión del tedio y de las angustias de la adultez.

Otro de los meritos evidentes es que la solución de los diversos y coyunturales conflictos que se suceden en la pantalla los da el espíritu colectivo, y nunca depende de la individualidad y la singularidad de algún héroe superpoderoso.

Jumanji nos lleva de la mano de ese espíritu adolescente y aventurero por el río del pasado, donde el disfrute de una película no pasaba por la puesta en escena, el montaje, la fotografía o el uso del fuera de campo. El magnetismo de la historia, basado en el carisma de los personajes y en la decisión de Kasdan de sumergirse sin canchereadas en el terreno del juego y de la aventura, me conecta con ese yo de la infancia, para el que las películas no eran ni de los actores ni de los directores sino de los personajes a los que les sucedían las cosas.

En mi caso particular, la fascinación por esta historia (de la que no querría olvidar de mencionar a Zathura de Jon Favreau, que es la continuación no declarada de la Jumanji original) me remite a la época en la que disfrutaba con el cine desde el goce puro de la infancia, el goce desprovisto de saber. El niño no tiene un canon con directores consagrados o directores vergonzantes, el niño ni siquiera tiene directores favoritos. Jumanji me sumerge en ese túnel del tiempo, transformándome en aquel que no esperaba demasiado y que siempre era premiado por la maravilla de la pantalla. Jumanji demanda la mirada ingenua de la infancia y el convencimiento de que no hay experiencia superior en el mundo que sumergirte un par de horas en la oscuridad para llevar adelante el milagro que nos permite la evasión del mundo.

Calificación: 7/10

Jumanji : El Siguiente Nivel (Jumanji: The Next Level) Dirección: Jake Kasdan. Guion: Scott Rosenberg, Jeff Pinker y Jake Kasdan. Fotografía: Gyula Pados. Montaje: Steve Edwards, Mark Helfrich, Tara Tampone. Elenco: Jack Black, Dwayne Johnson, Danny DeVito, Dany Glover, Kevin Hart, Karen Gillian, Awkwafina, Nick Jonas, Colin Hanks, Rhys Darby. Duración 123 minutos.