don-jon-poster-1Entre sus manos comienza mostrando flashes de imágenes de mujeres sensuales que pueden encontrarse en cualquier aviso publicitario o tapa de revista, como un muestrario del machismo pop actual en un mundo que fetichiza al sexo exhibiéndolo como producto soporífero para el consumo de las masas, y a su vez lo castiga y estigmatiza moralmente de forma sistemática. Jon (Joseph Gordon-Levitt, que también dirige su opera prima), mejor conocido como Don Jon (título de la película en su idioma original que, al contrario del título usado para distribuirla en Argentina, agrega intertextualidad y no se refiere burdamente al onanismo crónico del protagonista) es una víctima más de esta sociedad contradictoria, por lo menos hasta que sus convenciones subjetivas, devenidas ideológicas, sufran una transformación catártica y liberadora.

Jon pertenece a la “tribu urbana” que se autodenomina como «guido», subcultura italoamericana que lleva como estandarte el perfeccionamiento físico  y estético, reafirma los valores tradicionales de las instituciones (familia, iglesia y pareja, en ese orden), y construye en el individuo una suerte de egolatría lúdica que comparte con sus pares. Jon, como su apodo lo indica, es un galán. Lleva una racha imbatible de “victorias amorosas”, o sea, de mujeres con las que se encamó, pero tras esa sexualidad epidérmica y pública oculta un secreto: es adicto al porno. ¿Por qué? Porque, en palabras de Jon, el sexo real no se puede comparar con el porno, ya que el porno es la perfección… pero, ¿por qué el protagonista percibe al sistema de representación de la pornografía como la exteriorización ideal de su sexualidad?

Como teorizó el visionario escritor J.G. Ballard, en la actualidad el sexo no es el sexo sino la conceptualización del acto sexual, o sea, las expectativas que cada individuo tiene respecto al mismo, sujetas a una serie absolutamente aleatoria de condicionamientos y convenciones ajenas absorbidas desde temprana edad. En el paradigma «guido», al igual que en el del porno, el sexo es perfección: cuerpos perfectos, movimientos perfectos, crescendo-clímax-final feliz. En la realidad, el sexo es menos metódico, menos sistemático. Esto desconcierta a Jon, que no logra sentirse satisfecho, por lo que continúa recurriendo al porno como escape mientras profundiza aún más su patología sexual.

Un buen día este particular Don Juan de Nueva Jersey encuentra a una mujer llamada Bárbara (Scarlett Johansson) de la que dice enamorarse. Una mujer que le falta el respeto, lo manipula mediante el sexo (o, mejor dicho, mediante la abstinencia), y pretende transformarlo en algo que no es. ¿De qué está enamorado Jon? De una imagen, una vez más. Bárbara es “la cosa más linda” que vio en su vida; ergo, está enamorado. Jon comienza a vivir como si estuviera enamorado, pero sus expresiones y sus reflexiones dicen otra cosa. Comienza a vivir una serie de lugares comunes que toda pareja de jóvenes amantes pareciera estar destinada a vivir, una nueva convención que empieza a regir sus vidas. Todo muy bien y todo muy mal a la vez hasta que, luego de un par de peleas de pareja, Jon comienza a despertar.

DON JON

Desde un comienzo la película plantea una estructura narrativa marcada, recorriendo varias veces los mismos lugares que el personaje visita cotidianamente, mientras el paso del tiempo comienza a hacerse notar y muestra la evolución ideológica del protagonista. Estos lugares cotidianos, que se vuelven leitmotivs, están en directa relación con los intereses que Jon plantea luego de los créditos iniciales: su cuerpo, su auto, su familia, su iglesia, sus amigos, sus chicas y su porno. A medida que corren los minutos y Jon comienza a cambiar sus propios paradigmas internos, la estructura de la película comienza a resquebrajarse. Una vez que Jon se libera por primera vez de sus inhibiciones sexuales y abraza el acto sexual de la forma más instintiva posible, el personaje comienza a desembarazarse de las otras convenciones que, por elección propia, regían su vida.

Entre sus manos es un despertar a la realidad, o un despertar al hecho de que la realidad es una mera convención y que, si se obtiene este tipo muy particular de auto conciencia colectiva, se puede manipular la convención tanto como uno deseé y usarla a su favor. Y ¿quién sabe? Tal vez hasta eso que algunos llaman “felicidad” pueda ser posible.

Entre sus manos (Don Jon, EUA, 2013) de Joseph Gordon-Levitt, con Joseph Gordon-Levitt, Scarlett Johansson, Julianne Moore, Rob Brown, Jeremy Luke, Glenn Headly, Brie Larson, Tony Danza, 90’.