Festival Internacional de Documentales (FIDOCS) 2016 – Santiago de Chile, por Manuel Andrade

Llegamos a Santiago en el marco de la competencia latinoamericana con nuestro largometraje Un tigre arriba de la mesa. El INCAA no nos banca ni el pasaje, ni la estadía ni la impresión de tres afiches.

El FIDOCS nos recibe con los brazos abiertos y conocemos el porqué de sus 20 años de trayectoria. Esponsorizado por innumerables organizaciones, su contenido es proyectado en salas con excelentes equipamientos y las películas que allí se dan son de una riqueza absolutamente aprovechable.

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Día 1

Llegamos al mediodía al aeropuerto, evitamos a los taxistas inescrupulosos que nos abordan con precios exorbitantes, elegimos en cambio subirnos al micro azul y así, como con la pastilla azul de Matrix, llegamos al centro de Santiago, una mezcla entre el barrio porteño de Once y Monserrat, con avenidas acordonadas por carabineros incorruptibles, desigualdad, segregación racial, hermosas construcciones antiguas, edificios lujosos anti sismos, shoppings llenos de argentinos comprando zapatillas y una cultura adyacente donde rebosan los barrios bohemios y estudiantiles con buen gusto: en las calles se pasean camisetas de bandas gloriosas, se escucha buena música, jazz, swing, sobre todo mucho rock argentino. Para los turistas argentinos la comida es un poco más barata y el alcohol de calidad es extremadamente económico.

Completamente confundido llevo en mi teléfono la calculadora a todas partes y convierto pesos chilenos a dólares para luego pasarlos a pesos argentinos. En una vorágine de nervios, ansiedad, caminatas y vueltas en circulo, hago cálculos con el teléfono mientras cruzo la calle y agradezco haciendo gestos con la mano la prudencia de los automovilistas que me ceden el paso para cruzar. Alguien intenta explicarme una formula más sencilla de conversión con el fin de ahorrar tiempo antes de comprar cada cosa, pero no logro retenerla y continuo poniéndome en evidencia como un torpe turista cada vez que saco la billetera.

Llegamos al GAM, una suerte de Malba pero menos cheto. Nos recibe la gente del festival y se ocupan de acreditarnos con pase libre a todas las películas. Me siento una celebridad, voy con mi tarjeta colgando del cuello a todas partes, pero pronto la oculto avergonzado al reconocer que soy un imbécil, y recuerdo las ventajas de ser un turista anónimo.

Salimos a recorrer la ciudad. Al parecer a los chilenos no les gusta caminar mucho, por cinco cuadras te recomiendan un taxi; preferimos caminar toda la tarde para hacer tiempo y al anochecer ingresamos a la proyección de L’impossible – Pages arrachées (2009) de Sylvain George, documentalista francés que asistió al festival en calidad de jurado para películas de primer corte.

El documental comienza en su primera mitad registrando la vida de refugiados en Paris, una primera parte completamente silenciosa con bellos primeros planos de afroamericanos dañados por la indiferencia y la desigualdad, viviendo en la calle, discriminados y apartados, habitando carpas de plástico lejos de los bulevares y las pattisseries. La segunda parte del film muestra las manifestaciones parisinas en contra del gobierno mientras marchan por la calle o toman el parlamento a la fuerza. Sylvain se destaca por su coraje para pararse frente a la policía mientras ésta reprime a los manifestantes con balas de goma y gas lacrimógeno, pero expone demasiado ego por la tangente, revelando la incapacidad de ser consciente de que su material abunda en redundancia, produciendo un efecto soporífero, y a pesar de valerse de la bella poesía de Lautreamont, Dostoyevsky y Benjamin, al menos para mi visión latinoamericana que presencia marchas todos los días, el material me resulta carente de frescura y se vuelve un registro abrumadoramente extenso (Sylvain intenta justificar el ritmo “in crescendo” de su obra antes de comenzar la proyección, intentando sin éxito evitar el vaciamiento parcial de la sala). Con una estructura sonora a la que no logro encontrarle una lógica interna con el relato, se esconde bajo un velo de “edición punk” un trabajo con un buen material pero con una pobre reflexión en la etapa de post producción.

Tras la proyección y una brutal indecisión debida a la abrumadora oferta gastronómica y a la neurosis propia, cierran todos los locales a las 23 hs y terminamos comiendo unos sánguches carísimos pero muy sabrosos en un bar callejero de higiene dudosa.

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Nos enteramos de que ganó Trump, el peso chileno sube 15 centavos y yo pierdo $ 200 pesos argentinos al cambiar unos dólares en una casa de cambio que se aprovecha de mi falta de liquidez.

Asistimos a la proyección de Tempestad (2016) de Tatiana Huezo, documental mexicano con un paso exitoso por el Berlinale que se construye sobre la narración en off de dos mujeres, una de ellas encarcelada injustamente a falta de los verdaderos responsables, acusada de tráfico de personas y sentenciada con el fin de completar las estadísticas y cerrar el caso. Abandonada en una prisión auto gobernada por miembros de un cartel narcotraficante, la mujer es maltratada y presencia brutales asesinatos hasta que finalmente termina siendo liberada sintiendo pertenencia al terrible lugar al cual había sido confinada. Luego de este testimonio aparece el de otra mujer que narra el secuestro de su hija y la experiencia de la búsqueda desesperada y la esperanza, que como un fuego inextinguible, quema sin remedio y durante años la vida familiar.

La narración arrastra confusiones entre ambos testimonios que no parecen buscadas. La bella fotografía del documental se vale de imágenes que no tienen una relación directa con las narraciones, sino que describen con hermosos encuadres espacios abiertos que siguen un viaje por las rutas de México, donde aparecen las labores de trabajadores portuarios que pelan camarones mientras se habla de la muerte o describen la vida de una familia circense, y los exteriores muestran frecuentemente que la tormenta está siempre cerca, en el horizonte. Todos estos retratos y vistas silenciosas son acompañados por los dolorosos relatos de ambas mujeres que abordan la idea de prisión fuera de los calabozos, con intrincados contrapuntos poéticos que además de presentar dos películas, la que vemos y la que evocamos imaginariamente con el relato, resuelven la brutalidad de los testimonios con una mirada distante y bella en su fatalidad inaprensible.

Con nervios en el estómago, manos transpiradas y presión ocular asistimos por la tarde a la primera proyección de nuestro documental, Un tigre arriba de la mesa, en la hermosa sala del teatro Alameda. Tras concluir la proyección nos retiramos a beber cervezas de todos los colores para aflojar la mente. Volvemos de noche por calles de apariencia turbia, donde abundan cabarets y borrachos que se insultan entre ellos, pero nada pasa porque nadie se siente realmente libre.

680x350punto-de-vista-oleg-y-las-raras-artes-promo-noticiaDía 3

Asistimos a la sala de la Cineteca Nacional de la casa de la Moneda para presenciar la proyección de Oleg y las raras artes (2016) del cineasta venezolano Andrés Duque. Un documental sobre el personaje Oleg Karavaichuk, reconocido pianista ruso que a los tres años de edad tocó para Stalin. Un genio antisocial que denota desde el comienzo un conflicto con el equipo de producción de la película. Oleg habla con destreza poética sobre la consonancia y la disonancia pero muchas veces se harta de todos y pide con soltura que no lo molesten más. Vecino de Tarkovski y músico autodidacta, rechaza las armonías clásicas y toca con un estilo propio y una libertad apremiante, y aunque su música ha sido utilizada para muchos films, se nota reacio a ser entrevistado por un director. Oleg hace y habla de lo que quiere. En extremo interesante, el personaje, sin embargo impone una puesta en escena que mantiene el nivel formal de la estructura clásica y lo enmarca en un contexto de comodidad, no adentrándose demasiado en profundizar sobre su carácter. Esta decisión basada en la prudencia se queda a mitad de camino para descubrir la personalidad tan compleja de Oleg y nos da una visión pequeña que logramos desarrollar en profundidad más por la música que toca que por su descripción visual y narrativa.

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Día 4

Con un apetecible vodka ruso Stolichnaya en la mochila, comprado a sólo $ 6000 pesos chilenos ($ 140 pesos argentinos) asistimos a la proyección de One more time with feelling (2016), documental de Andrew Dominik sobre Nick Cave, que aborda los meses posteriores a la muerte de su hijo Arthur Cave y la realización del último disco de los Bad Seeds: Skeleton tree.

Dominik elige hacer el documental con una cámara 3D montada sobre carros de travelling, un gimbal y entrelazamiento de espacios con efectos especiales, al mismo tiempo que expone visualmente todo el sistema de producción de la película y avanza las dos horas de duración con una narrativa que va descubriendo el tema del film y las canciones del disco poco a poco.

Es difícil hacer una película poco interesante con Nick Cave y Warren Ellis como protagonistas, sin embargo el nivel formal que adopta es digno de valerse por si mismo. La decisión de rodar con equipos de alta tecnología no parece ser en vano, la cámara vuela ampliamente justificada por los escenarios que los personajes transitan, las entrevistas son intensas, las preguntas geniales ponen a Nick Cave y a Ellis en lugares incómodos al referirse a las razones del cambio de estilo en la música del último disco. Con mucha sutileza se va abriendo el abanico de contenidos hasta lograr llegar al nucleo y la intimidad de Cave con su mujer, quien a diferencia del documental anterior, 20000 days on earth (2014) de Ian Forsyth y Jane Pollard, esta vez se deja ver y expone su dolor con una simpleza admirable.

Se percibe cierta amistad del director con la familia Cave, debido al nivel de indagación que adquiere el relato y a pesar de transitar un tema muy duro como lo es la muerte de un hijo, hay momentos que aparece la risa, mezclada con la bondad de la identificación y se descarga a través de las lagrimas el dolor agobiante de la desgracia.

Nick Cave se disecciona a si mismo y se hace preguntas tan crudas que escurren sangre: “¿Desde cuando me he convertido en un objeto de lástima para la gente?” La cámara fija no se tambalea, se mantiene cercana pero el dolor de perder a un hijo la aleja. Cuando todo parece estar dicho, renace la magia del movimiento y la música, acompañada por letras complejas que se digieren con pesadez y le devuelven al mundo el status de misterio, donde la muerte se convierte en un elemento complejo que adquiere aristas intrigantes, más allá de su crueldad silenciosa.

solar_6_588Día 5

24 horas después de las elecciones en los Estados Unidos, el peso chileno cae 20 centavos y recupero parte de lo que perdí en la conversión anterior. Ya no uso tanto la calculadora. Encontramos un lugar para comer en la Vega Chica, hacinado de cocinas y ventas de chucherías. La comida peruana es barata y abundante.

Asistimos a la proyección de Solar (2016) de Manuel Abramovich. Un documental que encara a Flavio Cabobianco, quien siendo un niño en los 90 publicó un libro místico llamado “Vengo del sol”. Flavio hoy tiene alrededor de 30 años. Tras seguirlo a él en sus conflictos con su hermano, su madre y el mismo director, se presenta una total incertidumbre narrativa, entonces Flavio toma el control del relato del film, Abramovich se incluye como un personaje e intenta buscar al mismo tiempo, un sentido a la realización de la película. Esto se vuelve el conflicto central del documental. Flavio es un sujeto desagradable, el documental avanza trastabillando, volviéndose sumamente predecible antes de alcanzar la mitad de su progreso. El director se apropia de una historia que empieza con el dato estimulante de la bizarreada mística new age, pero permanece inacabada y no por ello se vuelve interesante. Abramovich se vale de la ausencia de una dirección en el film y establece esto mismo como propuesta narrativa, destacando una lúcida autoconsciencia de la imagen para presentarnos un gran bostezo audiovisual.

Por la tarde asistimos a la última película que el tiempo en Chile nos permite ver, El hombre que vio demasiado (2015) de Trisha Ziff. Documental sobre Enrique Metinides, fotógrafo mexicano de accidentes. Ahonda sobre los comienzos y el desarrollo profesional de Enrique, quien no se considera a sí mismo un fotógrafo, aunque las imágenes que ha tomado, que se encuentranmetinides-2-1024x678 plagadas de horror y al mismo tiempo ofrecen la belleza de su visión, la que observa al mundo con una gracia más allá de la moral establecida sobre los cánones de belleza tradicionales. Con historias sorprendentes, milagrosas situaciones en donde Metinides casi pierde la vida, se revela un personaje muy divertido que colecciona ranas de juguete y es devoto de la virgen de Guadalupe. La obra de Metinides es analizada por críticos de arte que reverencian su labor. Uno de ellos posee una de sus más famosas fotografías enmarcada en su cocina y cuenta que quienes visitan su hogar se horrorizan al encontrar la foto colgada cerca de los alimentos, pero no pueden dejar de admirar la increíble destreza de sus composiciones y de los instantes retratados. La labor de Metinides, considerada por mucho tiempo meramente técnica, sale a la luz mediática y es reconocida en su valor estético por el mainstream fotográfico mundial.

La entrega de premios es corta y precisa. Os dias afogados (2015) de César Souto Vilanova y Luis Aviles Baquero gana la competencia latinoamericana y Pastora (2016) de Ricardo Villarroel gana la competencia nacional. Patricio Guzman, director del FIDOCS, dice que espera que el próximo año “se presenten menos películas”, La gente aplaude, confundida.

Despedimos a Santiago bebiendo cerveza. El vuelo de regreso es turbulento, el aterrizaje terrorífico.

Regresamos a Buenos Aires, nos consume inmediatamente la humedad, familiar y hostil, además de un aumento en la bajada de bandera del taxi, la avenida Jujuy cortada y la línea B interrumpida.

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2 Comentarios

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contar ovejitasrespuesta
13/12/2016 en 21:15

Vi Pastora.
Es una reverenda garcha.
Pelicula insufrible de un cineasta que no tiene nada para contar y que calculó especulativamente qué tipo de cine debía hacer si quería tener éxito en los Festivales. Aun así creo que no entró en los festivales grandes. Pero se nota la especulación de todos modos.
Basta de darle reconocimientos a este tipo de «películas» vacías que no te llevan a ningún lado.

manuel andraderespuesta
26/02/2017 en 18:55
– En respuesta a: contar ovejitas

Hola, no pude ver el film que nombrás. Qué te hace decir eso sobre la película, me interesa tu punto de vista. Saludos!

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