mis-sucios-3-tonos-c_6358_poster2Todos queremos ser adolescentes un día más, por lo menos un día más. Con los miedos, el pus en la cara, sin un mango, y con un montón de amigos. Y algunos querrán serlo solo un día y volver corriendo a la vida de adulto, al tanto de los impuestos y el miedo a la muerte. Esos son los que no escuchan Fun People.

Mis sucios 3 tonos es una frase de la canción “Punk Rock sobre Beethoven”, de Flema. Dice así: “No tengo problemas en no ser Beethoven, mis sucios 3 tonos repiten esta canción. Hago lo quiero, total no me importa, no tengo que darle a nadie ninguna explicación”. Entonces no vale otra cosa que criticar al director Juan Manuel Brignole por lo que genera con su película, por las sensaciones que nos duelen después del último fundido a negro.

No tengo problemas en no ser Beethoven. A Ricky de Flema parecía no importarle nada de su apariencia. Es más, adornaba todo de la manera más repulsiva, lo nutría de esa cáscara a sabiendas que siempre lo importante era lo de adentro. Así lo entendió su papá, cuando en el recital homenaje tras la muerte de su hijo le pidió a todos los que llenaban Cemento que “Sigan siendo así de fieros por fuera, dulces por dentro, hermosos por dentro”. La película de Brignole, vista con los ojos necesarios, es dulce y hermosa.

Mis sucios 3 tonos repiten esta canción. Un grupo de amigos recorre una noche en Posadas, Misiones, para llegar al recital de Fun People. La trama principal es esa última noche juntos: experimentar el recuerdo de la última vez que fuimos adolescentes, exponiéndonos al peligro sin importarnos, yendo hasta donde sea para escuchar punk rock, sentir lo que nos mantiene juntos.

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Hago lo que quiero total no me importa. Por eso van al recital con entradas truchas, y con solo dos para un grupo de ocho. A uno no le importa que le rompan la nariz. A otro tampoco tener fiebre y sentirse como el culo. Y al que peor tiene la noche, que su novia coja con otro amigo. Mis sucios 3 tonos es una película musical, sin siquiera una sola canción que suene al frente. La adolescencia goza el desprestigio entre los adultos: es cuando hacemos boludeces, cuando no sabemos qué queremos. Pero no es así. Para otro amigo son las horas antes de tomarse el bondi que lo mude lejos, a Buenos Aires. A Fisu se le viene el divorcio con su apodo, anda angustiado, intentando sonreír. Todos marchan al matadero, se alejan del secundario, ¿se les acaba la joda?

No tengo que darle a nadie ninguna explicación. El cine independiente sugiere que detrás hubo mucho esfuerzo, amor al arte, sí, algo que parece ser de pendejo. En esta película hay una caricia a Posadas, hay pibes actuando sus primeros minutos en un largometraje. Es el debut como director de Juan Manuel Brignole, y es de las pocas que se atreven a tematizar la adolescencia con la nostalgia suficiente, sin vergüenza y el respeto que merece. Para quienes gustan del Punk Rock, alcanza con leer Flema o 2 Minutos en unas remeras. Nunca nos funcionó el walkman, nunca hubo pilas, y siempre nos fumamos a los hippies musicalizando el cine nacional.

Leo Matioli, Leo García, Leo Rodríguez, 
Ricky Espinosa.
Escuchan Fan Pipol, escuchan Fan Pipol,
Omar Shané, Omar Shariff, Omar Chabán,
Omar Adona,
Jorge Brassen, Carlos Bukowsky,
Eduardo Galeano, y los Flema.
Escuchan Fan Pipol, escuchan Fan Pipol.

Ricky Espinosa

verimgLa película cierra con la participación especial de Boom Boom Kid, cantante de Fun People. En él se reflejan todas las sensaciones que Mis sucios 3 tonos despierta. Quienes lo escuchan saben que la película termina bien, siempre termina bien. Para los que no escucharon Fun People la película termina muchos minutos antes, recordando que mañana deben pagar los impuestos, y que inevitablemente un día van a morir.

Mis sucios 3 tonos (Argentina, 2015), de Juan Manuel Brignole, c/Adrián Vega, Agustín Avalos, Flor Bobadilla, Héctor Monzón, 68′.