Blood-on-Satans-ClawLesbianas vampiros asesinan

degenerados en bacanal

Babasónicos, 1997

Las ojeras y el cansancio a la mañana siguiente no nos importan, estos cuatro días –del 25 al 28 de Mayo a partir de las 0.30 hs-  que Filmoteca, temas de cine le dedica al cine británico fantástico y sexy justifican la pesadumbre que significa llevar la jornada diurna con tan poco sueño y mucho café. Fernando Martín Peña nos presenta cada noche una película distinta, de o influenciadas por la productora Hammer -lugar emergente donde el terror británico explotó gracias a la producción y distribución de una cantidad enorme de películas de bajo presupuesto- que son parte de ese inicio vinculado al cine de explotación donde de a poco se fue sumando una cuota siempre atrayente de erotismo entre tanta fantasía. Y hacia fines de los sesenta y principios de setenta los vampiros y el culto satánico tuvieron su lugar en la pantalla y fueron gozando de la misma popularidad que anteriormente habían tenido la Momia, Frankenstein o Drácula.

Según una división en etapas hecha por C.E. Feiling, la literatura del género terror tendría cuatro momentos, a saber: novela gótica, terror burgués, terror fantástico y terror cinematográfico, este último debido al surgimiento de Stephen King y sus sucesores. En el cine de Hollywood, antes del estreno de Carrie, las tres vertientes convivían y todo podía mezclarse. En las películas británicas presentadas por Filmoteca, se amalgama el gótico con lo fantástico. En la primera, La piel de Satanás (1971), se propone una mezcla entre lo oscuro del Sabbat y la extraordinaria posibilidad de la encarnación sobre la Tierra del príncipe de las tinieblas. En una aldea, varios siglos atrás, comenzaron a realizarse rituales diabólicos comandados por una hermosa joven para darle cuerpo y forma al demonio. Pese a que es lo único que queda claro, debido a los problemas del guión y a que nada se sostiene demasiado, lo cierto es que, a través de la extraña e irregular banda sonora, se alcanzan breves climas cargados de suspenso, sobre todo en los primeros minutos. Después la fantasía y la violencia dominan la historia y lo que se espera es ver de qué forma se las ingeniarán los realizadores para representar al diablo. La comicidad también se hace presente: si hay algo que desconcierta es un paso de comedia, entre estúpido y sutil, que realiza un manco promediando la película: inolvidable.

curse_of_the_crimson_altar_poster_03A la noche siguiente, Peña presentó Altar de sangre (1968), en la que, a diferencia del resto, se pueden ver estrellas del cine de terror como Christopher Lee, Boris Karloff y Barbara Steele. La historia transcurre en la Inglaterra contemporánea. Robert Manning (Mark Eden) llega a un caserón laberíntico y lujurioso en busca de su hermano perdido desde hace días. Desde el primer momento se encuentra atrapado en festines satánicos que resaltan su euforia con jóvenes semidesnudas. Todo se da en un clima de constante misterio a los ojos de Robert, mientras el espectador ya puede advertir desde un comienzo la suerte de su hermano y solo espera una resolución. A diferencia de La piel de Satanás, aquí hay otro cuidado del guión y se logra una línea argumental más o menos coherente. Entre lo macabro y los desnudos en cada una de estas producciones sobresalen grandes momentos y algunos personajes bizarros. La inmersión en escenas oníricas a través de lisérgicos caleidoscopios giratorios, propios de una época atravesada por la psicodelia, y el inquietante sueño del juicio son los momentos imperdibles de Altar de sangre. Ni hablar de Barbara Steele, reina del terror europeo, con su casco de cuernos de cabra diabólica y piel verde.

La tercera entrega de la semana es Ataúd para un vampiro (1971), la segunda de una saga de la productora Hammer basada en la vampira Carmilla, creación literaria de la obra homónima del  irlandés Le Fanu, escritor singular del siglo XIX, especializado en el tópico sobrenatural. Volvemos a la vida aldeana, esta vez ubicada en 1830. La incredulidad de un forastero respecto a las leyendas de los nativos del lugar lo lleva a explorar un castillo presuntamente atestado de sensuales vampiras que intentarán seducirlo para matarlo o bien convertirlo en miembro del espeluznante clan. Una Carmilla resucitada se encuentra cerca del castillo como pupila en una escuela de chicas con escote y, haciéndose pasar por Mircalla, consigue de a poco ir mordiendo tanto a sus compañeritas como a los aldeanos. Un profesor devoto del diablo que le pide de rodillas ser su siervo enaltece aún más la figura femenina que se destaca en esta como en las otras películas de la semana. Es la mujer quien lidera, pero en estos casos el ejército de mal. Con los besos de las chicas nadando desnudas en el lago durante la noche o el goce sexual de la misma Carmilla en los bosques, vemos que en Ataúd para un vampiro toda la trama está envuelta en una sensualidad sin nada que ocultar y en un amor imposible, más que en la sangre que sólo se ve chorreando por los cuellos como producto de la conversión vampírica impulsada por el deseo carnal.

hippies

En el último día se hace presente el director estrella Pete Walker, que al parecer hoy sólo brilla en Filmoteca por el entusiasmo iniciado por Fabio Manes y a cuyas películas Peña -ya en solitario- le dedicó toda una semana en 2014. La casa de Whipcord (1974) es una de las realizaciones mejor logradas del director en la que fue capaz de contar una historia de forma singular dando pistas a cuenta gotas y dejando al descubierto la trama a medida que los minutos avanzan. A los dos segundos del comienzo, después de unos truenos y sobre un cielo colmado de nubes oscuras, una leyenda de estilo medieval nos llama la atención de inmediato: «esta película está dedicada a aquellos que están perturbados por los códigos morales laxos de hoy y que esperan con impaciencia el regreso de los castigos corporales y el capital…». Es justamente aquella parte conservadora de la sociedad británica a la que Walker pone en cuestión, y en este caso el eje central es específicamente el castigo a las indecencias de las mujeres jóvenes que actúan con libertad. En esta historia una chica es engañada y llevada a una cárcel de mujeres: sus castigadores justifican la represión civil debido al débil manejo de la justicia y las libertades que el Estado provee. Como en todo el ciclo hay desnudos injustificados y la belleza y juventud de las chicas, ajenas a todo intento de liderazgo, están sometidas a los castigos producidos por otros personajes femeninos que no comparten ninguna de sus características. Por otra parte, es el único caso donde no hay fantasía, todo el terror mantiene una inquietante cercanía con la realidad. Aunque no formen parte de un mismo conjunto comercial, luego de estos cuatro ejemplos de sexy fantasía británica me fue necesario googlear Hammer productions para entender los orígenes e influencias. La lista de producciones es enorme, gemas perdidas en el tiempo que merecen una revisión. Aún hoy la productora continúa sacando títulos luego de caer hacia fines de los setenta y resurgir en 2007. Es cierto, pude reconocer entre ellos la remake estadounidense de Déjame entrar, pero a pesar de toparme con esa malograda versión mi entusiasmo no decrece.

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