Fragmentos de un diario crítico virtual (XXXVI), por Marcos Vieytes

vlcsnap-2016-11-15-02h06m15s229Viernes 11 de noviembre: Qué bajón es Barrio gris (1954), la adaptación de la novela de Joaquín Gómez Bas dirigida por Mario Soffici con guión del escritor, y qué gran película. Anoche la dejé en la mitad porque la humillación, la vergüenza, la impotencia, la desesperanza y el resentimiento la hacían irrespirable, como el aire de Dostoievski o de Arlt, pero encima sin la materialidad sensual de la palabra literaria. Esos signos de existencias malogradas vienen envasados en convenciones clásicas que impiden distraerse formalmente, por más que haya bellezas increíbles y núcleos dramáticos harto significativos. No hay explotación piadosa de esos sentimientos, a la manera de otras películas argentinas posteriores que hablan de lo mismo exacerbando el discurso moral y eludiendo el político. Un pintor protagonizado por el propio Soffici, que retoca fotos a pedido de los clientes, desarrolla un discurso sobre el espectáculo imprescindible para entender la singularidad de esta película y acaso la filmografía del director. Los sentimentalismos, medidos porque Soffici lo era, responden a los de lo melodramático usual en el clasicismo narrativo cinematogáfico, y entonces no resultan anacrónicos como en muchas películas posteriores. No había sentido este malestar sin goce de género posible en ninguna película argentina clásica. Está noche la termino, si es que ella no termina primero conmigo.

Lunes 7 de noviembre: Tanto en Paths of Glory como en Ojos bien cerrados hay un momento en que la cámara se torna literalmente inestable. En la primera ocurre cuando uno de los tres acusados pierde el control y le pega una piña al cura. El movimiento da la impresión de que la toma ha sido filmada cámara en mano. En la segunda, Nicole Kidman se empieza a reír de Tom Cruise, desestabiliza su cuerpo y también la cámara, que parece trastabillar con movimientos secos y cortantes, algo así como jump cuts sin montaje, para dar cuenta de la crisis. Se podría pensar que todos los controlados procedimientos que constituyen el resto de ambas películas existen para justificar esas zozobras breves, casi imperceptibles para los espectadores, pero fatales para los personajes.

Qué pálido, desangelado, reflejo de Max Ophüls es Kubrick. La comparación entre Ojos bien cerrados y una sola secuencia de La ronda, esa en la que el matrimonio conversa antes de dormir en camas separadas, motiva el comentario. Secuencia en la que Ophüls ni siquiera mueve la cámara, cosa que Kubrick hace todo el tiempo. En su imposibilidad de hacernos compartir emoción alguna, Kubrick consigue su rasgo diferencial. vlcsnap-2016-11-08-01h15m14s33Una especie de amargura seca envasada al vacío.

Domingo 6 de noviembre: Julieta no es creadora como Ava, que esculpe, y de quien hereda los dos hombres de su vida. Julieta no es artista (el deseo de serlo de Monzón en Soñar soñar no es ingenuo, es sagrado), sino profesora de filología clásica que inviste de naturaleza divina a la escultura, narrando los mitos de la creación original mientras aquella modela sus figuras. Julieta tampoco es la esposa original de Xoan, sino la segunda, habilitada para serlo sólo por la muerte de aquella, ni siquiera por la hija que lleva en su vientre. Tampoco es profesora titular del establecimiento en el que dió clases, estupendamente, durante sólo seis meses. Julieta encarna una de las más terribles, pero poderosas por sustracción, figuras simbólicas del crítico y del docente de arte: el sustituto, por no decir el parásito.

Sábado 5 de noviembre: “Todas las guerras son buenas”, me dicen por wasap que dicen que dijo un tal Polia en un libro llamado Albucius, o algo así, “porque distraen a los hombres de las mujeres y del odio que les tienen”. Claro, le contesto yo a la mujer que me manda el mensaje mientras camino de vuelta de una clase, porque para los hombres la mujer lleva en sí lo insultante de la vida como fuerza de prolongación mecánica, puramente biológica. Es garante de la vida como continuo indiferenciado sin sentido trascendente. Aceptar ese orden inmanente, casi diría que ese principio de realidad, permite justipreciar el aquí y el ahora, pero coarta el más allá, lo sublime.

Viernes 4 de noviembre: «Al revés de otros visitantes ilustres, Luis Rusiñol (1861-1931) prefirió deambular solo, recorrer no tanto las exposiciones y los palacetes, sino los barrios, los conventillos, las ciudades. Dio algunas conferencias, auspiciadas como es lógico, por entidades catalanas. (…) En su libro Un viaje al Plata (Madrid, 1911) hay observaciones irónicas y sagaces sobre nuestra manera de ser. En las páginas dedicadas a los conferenciantes, por ejemplo, fustiga con humor esa manía de consumir cultura en cómodas cuotas (dos o tres conferencias semanales) y la afectación de andar citando a los griegos venga o no venga al caso.» Lo escribe Pedro Orgambide en Gardel y la patria del mito. Allí también se pude leer esto: “¿Si eso que hoy nos parece «melodrama» estuviera indicando lo raigal, como en la tragedia griega? vlcsnap-2016-11-03-16h47m08s29¿Por qué se repite, en forma tan insistente, la figura de la madre? Ella no cambia. Es el sino, el destino, la referencia cierta en una sociedad cambiante que obliga a los hijos al desplazamiento de sus costumbres. (…) A partir de fines de siglo XIX, ese gaucho sin divisa y ese inmigrante sin bandera, se encontrarían en el suburbio y más tarde («civilizado» el uno y «acriollado» el otro) en las piezas del conventillo. Trazó, cada cual, un proyecto de vida. Sus hijos serían lo que ellos no fueron. (…) Esa negación del padre real, ese ser otro, entronca bien con las fábulas pequeñoburguesas de una mentida aristocracia, tan comunes en todas las casas de familia. (…) Lo tilingo, como diría Arturo Jauretche.»

Jueves 3 de noviembre: Volver a ver La aventura me regaló un par de sorpresas. Que los gritos lanzados por Antonioni llegaron a ser escuchados por los cineastas de autor asiáticos contemporáneos ya es bastante obvio para quien haya visto y leído sobre unos y otros. Pero que Picnic en las rocas colgantes venía de ahí era acaso tan o más obvio que aquello y, sin embargo, recién anoche me di cuenta. El primer indicio fue el motor de la lancha que lleva a Ana y sus amigos a la isla. Producía un sonido que me resultaba familiar, aunque su soterrado efecto busca la perturbación. Me di cuenta que estaba recordando el didgeridoo de La última ola cuando el contraplano de la lancha mostró una formación rocosa como aquellas cuyo sentido en las dos películas de Peter Weir es más elusivo cuanto más sólida es la materia. De allí a pensar que la desaparición misteriosa de la estudiante australiana hubo un solo paso. Pensado esto, aparece un personaje que dice haber estado en Australia, que es a dónde la película terminaría yendo si mi hipótesis es correcta. En El espíritu de la colmena hay otra inolvidable Ana desaparecida, aunque por corto tiempo y finalmente recuperada, hasta quien el eco de los gritos de esta película llega trece años después.

Miércoles 2 de noviembre: En la historia del cine se cuentan con los dedos de una mano las estrellas que deciden dirigir y debutan con un material tan peligroso como The Man Without a Face. Lo sublime del melodrama y lo terrible del terror se encuentran en una película que no pertenece del todo a ninguno de los dos géneros, lo que vuelve todo menos tranquilizador todavía, cine industrial a la antigua tentado por la perversión hitchcockiana que quiere ser surrealista pero el peso del goce culposo católico no le deja, Hollywood clásico después de Hollywood. vlcsnap-2016-10-31-05h20m46s144Es una de las mejores películas estadounidenses de los 90 y una de las dos grandes películas Mel Gibson, que tiene sólo cinco. Con su última película bélica se viene otro campo de batalla crítico. Gibson es uno de los pocos, si no el único, poeta cinematográfico de la fe sacrificial. Hace diez años que no dirigía. La primera mitad del avance de Hacksaw Ridge nos hace temer la posibilidad de encontrarnos con una película tan mala como la penúltima de Eastwood, pero este señor no es un ahorrista cinematográfico sino un dilapidador. Y cree en Dios, a diferencia de Eastwood. Cuando en la segunda mitad el crescendo no para y un grupo de hombres minúsculos como hormigas empiezan a escalar una pared de piedra interminable uno sabe que a lo que aspiran película y director es el cielo, a través del infierno, única vía (crucis) de la que disponen para llegar. ¿Me equivoco o es más largo que la mayoría de los avances?

Martes 1° de noviembre: Hay dos movimientos en Llinás / Despliegue del imaginario y programa culto / Llinás es un adaptador / Un traductor de Borges, de Spregelburd, supongo que de Aira / Su desmesura es maquinal, brillante / Hay una lucha en Llinás / y un excedente más competitivo qué juguetón / Un pathos mantenido a raya por la retórica y la magnitud / Por eso adoro la versión con imágenes en movimiento e intertítulos de La más bella niña / En su película más chica encontré una grandeza no cuantitativa.

Lunes 31 de octubre: ¿Besaba Lino Ventura? No he visto siquiera la mitad de sus películas, pero me lo pregunto mientras llevo vista media hora de Le Repace y pienso, de repente, que nunca le vi hacerlo. Además de que nunca me lo había preguntado acerca de otro actor. La mujer del plano, que ha sentido el cañón del rifle de Ventura en su cuello en la escena anterior, sólo para darle una enseñanza al revolucionario precoz que le acompaña, dice: «Este extranjero no tiene corazón».

Son los poetas, locos, místicos, brujos, santos y degenerados que filman los que hacen la diferencia. Como Jean-Claude Brisseau en Celine, con Delerue pintando con las mismas ráfagas de El desprecio.

vlcsnap-2016-11-15-02h03m03s166Viernes 28 de octubre: Hace unos días me enteré, a través del muro de Facebook, que el blog de Roger Koza había sido hackeado. No me gusta su mirada ni su escritura sobre cine, pero la sola idea de que se perdiera todo el trabajo que ha hecho a través de los años me parece espantosa, y criminal la acción de la que fue víctima. Sería una pérdida imperdonable para la historia de la crítica de cine nacional.

Miércoles 26 de octubre: In a Valley of Violence es otro western híbrido contemporáneo. A diferencia de The Homesman, Bone Tomahawk y algún otro, fracasa por mala conciencia progresista, pero es interesante para el análisis de esta reformulación del género porque Ti West encuadra bien (con no mover la camarita al cuete alcanza). Lo mejor son el perro y la hermana de Vera Farmiga. Para apreciarla hay que fumarse el protagonismo de Ethan Hawke, que en un western es un sacrilegio.

Martes 25 de octubre: Café Society es otra película de un tipo que prefiere otras mil y una formas del espectáculo antes que el cine. Los bressonianos deberían pedirle que se invente algún silencio, a ver si se calla alguna vez, unos segunditos nomás. Decí que Storaro chorrea luz por todos lados para que uno se distraiga, y que filma planos generales de Blake Lively y primeros planos de Kristen Stewart, porque si no…

Lunes 24 de octubre: En un primer plano sostenido de Nino Manfredi en Nos habíamos amado tanto está Guillerma Francella, el Francella de La nena, así como Jim Carrey está en los primeros planos de Jack Lemmon en Una Eva y dos Adanes. Los ojos hacia arriba y suspirando, así como muchos de los gestos exageradamente amables que hace con manos y brazos. En Manfredi son inocentes, en Francella adquieren malicia, pero el procedimiento gestual es el mismo.

Viernes 21 de octubre: Viggo Mortensen toma mate con los colores de San Lorenzo (hasta en Carlito’s Way, cuando todavía no era un estrella, se los impuso nada menos que a De Palma) al final de Capitán Fantástico. Películas como esta, en la que hace de un padre de familia que cría a la suya apartada de la sociedad, o La carretera y hasta Océanos de fuego (acaso también la reciente Far From Men que todavía no pude ver), me hacen pensar que sería provechoso analizar su carrera para extraer el arquetipo que está configurando, y el lugar no meramente fetichista que ocupa su relación con la Argentina en dicha configuración. vlcsnap-2016-10-20-04h41m29s206Jauja también es parte de esa lista en la que el nomadismo aventurero o la deriva se dan la mano con la crisis a menudo apocalíptica de sujetos y sistemas sociales. Puede que la película de Alonso con guión de Casas sea tan suya como de ellos, si no más. Claro que no hay nada tan sobresaliente como las tres que filmó con David Cronenberg, cuya fuerte impronta autoral me parece que sólo acepta ser centro excepcional de sentido.

Miércoles 19 de octubre: Nunca me pude olvidar de los travelling laterales de Sin techo ni ley. Acompañan las caminatas libres de la crota Bonnaire, mocosa inolvidable. Lo que yo había olvidado es el procedimiento que Varda usa como contrapunto de aquel. Después de cada testimonio que alguien da a cámara, expresión de deseos, suposiciones, mentiras, prejuicios motivados por la presencia -o más bien el paso- de ella en sus vidas, el plano cierra con un fundido a negro. «La mató el frío», ese fundido a blanco, dirá la policía al encontrarla tirada en una zanja. A Varda le gusta bardear de lo lindo, pero como es francesa, culta, cariñosa y tiene pinta de abuela, la p… crítica no salta para no parecer bruta o fuera de lugar. ¿Puede ser que en este país ni un sólo cinéfilo gorila la haya mandado a la mierda con o sin puntos suspensivos? A los tilingos ni eso se les puede pedir. La gente de la cultura es así, no se enoja en público para no perder la compostura, a la que llaman buen juicio o respeto. Los dos planos sucesivos de Sin techo ni ley que reproduzco conforman uno de los al menos dos gags políticos y estéticos por montaje de la película. En los créditos finales hay una línea digna de Clara Beter que es también un chiste, una ternura y una provocación.vlcsnap-2016-10-23-15h04m47s196

Domingo 16 de octubre: ¿Qué es una historia de amor sin melodrama? ¿La evidencia del sentido ausente? ¿Un registro contable? Mareas de placer y dolor. En Fidelio: La odisea de Alicia (Lucie Borleteau, 2014) no hay ópera ni epopeya, como su título engañosamente indica, apenas amores encontrados y perdidos; el último viaje de un barco que no se sabe terminal; una única mujer a bordo, obrera para más datos, que no una mujer única; algunas supersticiones inservibles para hombres de poca fe; el placer de unos cuerpos que el aliento deshabitará cuando quién sabe lo quiera.

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