Para acceder al teatro Sarmiento hay que bordear las rejas del zoológico. En el recorrido, se escuchan los sonidos de los animales fuera de campo, se percibe la humedad de las plantas y la pestilencia que se desprende de la tierra. Se tiene la sensación de ingresar en otro espacio, regido por otro tiempo. El terciopelo verde chillón de las butacas y del telón recuerda la vegetación circundante del exterior, continuidad de la entrada al espacio donde el espectador se encuentra con el artificio de la representación.

En el escenario, una mujer sentada al piano toca y se interrumpe para preguntarse “¿por qué toco lo que toco?”. Pregunta que inicia el movimiento hacia sí misma que caracteriza a Oberek, un bemol mayor de Mariana Obersztern. Movimiento en  correspondencia con el significado de la palabra oberek, una danza popular polaca que se baila en círculos.

Si la música es un arte que se inscribe en el tiempo, en Oberek ese tiempo no es lineal: es circular y por lo tanto repetitivo. “La acción” se vuelve todo el tiempo sobre sí misma en una clara operación de repetición. Proyectada en una tela, la orquesta  acompaña a la pianista, como un juego de artificio, tan caro a Obersztern. Los músicos repiten diferentes melodías, el concierto es interrumpido una y otra vez por las tribulaciones de la pianista. Tribulaciones sobre el transcurrir del tiempo, sobre el presente y el futuro sin avanzar o llegar a proposición alguna. Obersztern nos propone  girar en círculos.

El tiempo incluso dibuja un espacio circular. El piso del escenario es un círculo que abarca el piano. En el escenario, la tela que proyecta la imagen de la orquesta, le otorga virtualidad y extrañamiento. La música es extrañada también; son acordes o melodías que se repiten o vibraciones de los instrumentos. El tiempo discontinuo (son elocuentes los silencios) es el tiempo del pensamiento; por ende es atinado pensar que el espacio es la partitura mental de la pianista.

¿Cómo dar cuenta del pensamiento con palabras? En Oberek la palabra  posee una lógica propia. Los diálogos entre ella y la orquesta sobre la pieza que tocan no refieren a una cosa; las respuestas a las preguntas no aclaran, no refierenLa palabras son ritmo, poesía, son sonidos que resuenan en esta caja musical.

En conversación con Marcos Perearnau, Mariana Obersztern habla sobre el pacto de verosimilitud entre espectador y teatro: “yo no puedo espectar el teatro, es demasiado cercano, veo sus partes constitutivas, veo su arquitectura. (…) En algún punto la ficción entendida como ilusión me parece muy ingenua”. Mostrar la arquitectura del teatro, romper la ilusión de representación, es un procedimiento presente en Oberek: una espectadora en la primera fila sube al escenario. Pone en evidencia que ella (Mujer sabia) y la pianista son personajes que siguen acotaciones y un guion. “La mujer sabia” tensa aún más el procedimiento cuando invita al espectador de la primera fila (Hombre dócil) a “hacer de cuenta que” son los padres de la pianista.

El teatro de Mariana Obersztern saca al espectador de la butaca roja, en el sentido de que le propone problemas en relación al teatro: devela de qué están hechos los personajes; la puesta en escena es producto de un montaje; la palabra no está en función de comunicar. Al finalizar Oberek y dejar el teatro se recupera de a poco “la ilusión de realidad”. Se cierra la caja musical que la cuestiona y la pone en abismo.

Oberek, un bemol mayor. Pieza para piano, mujer, público y orquesta, de Mariana Obersztern, con Adriana Aizenberg, Tomás Fernández Castaño, José María Marcos, María Zubiri. Músicos: Sonia Alvarez, Cristian Basto, Sergio Catelani, Julieta DI Fede, Mariano Fan, David Fernández, Julián Goldstein, Lucia Herrera, Mariano Malamud, Rodrigo Novoa, Gonzalo Perez, Paula Pomeraniec, Marta Roca, Federico Sánchez. Coordinación Musical:MarianoMalamud. Dirección de Orquesta:CarlosBritez. Dirección: Eugenio «Chuke» Estela, Mariana Obersztern. Composición musical: Ulises Conti. Teatro: Sarmiento.