Grande Pa: El pasajero, por Julián Mocoroa

Liam Neeson ya ni lee los guiones. Sabe que siempre tendrá que cagarse a piñas, sangrar y quedar al borde de la muerte para salvar a su familia. Y en El pasajero no varía ni la fórmula ni el mismísimo libreto, por más que de arranque la historia proponga algún tipo de misterio. A pocos jueves de estrenada la remake de Asesinato en el Expreso de Oriente, el director Jaume Collet-Serra propone un ejercicio similar al de la novela de Agatha Christie: escarbar entre los personajes para saber cuál de todos resuelve la trama. Pero a Neeson no le pidan deducciones, no busquen en esta película enigmas difíciles ni moralejas. El pasajero no es más que otra entretenida película con mucha acción, en la que los protagonistas reaccionan de manera bastante boluda para justificar peleas y tiros sin sentido. Es cierto que las cuestiones se resuelven de la manera más intrincada, pero lo más ridículo es la decisión que da inicio a todo: los villanos de El pasajero te matan sin problemas, pero para que la película exista, no vuelan el tren sino que le piden a Liam que averigüe cuál de todos los pasajeros es el enigma. Incluso cuando quedan solo cuatro posibles, estos amigotes del guión siguen esperando que Liam arribe a la resolución.

Para mostrarnos que nuestro protagonista viaja todos los días en ese tren, el director nos rompe la vista con un montaje de diferentes mañanas del personaje haciendo lo mismo. Como en Hechizo del tiempo, Liam se levanta mil veces al mismo horario con la misma radio diciendo lo mismo, escena tras escena. Saluda a su esposa mil veces, con lagañas, sin lagañas, con pijama, en calzones, con frazada y descubierto. ¡Está bien! ¡Está bien! Ya entendimos, Jaume Collet-Serra: el tipo tiene una vida rutinaria que a algunos les puede parecer un dolor de pija y a otros buena dicha. Pero no, al director no le basta y el tipo desayuna mil desayunos, saluda a su hijo treinta veces, se sube al auto otras miles y así, a golpes de montaje, llegamos al puto tren cuatrocientas veces, con los ojos del espectador como si estuviese viendo una escena super falopera de Trainspotting. Un recurso que rompe las bolas mal, sólo para que no olvidemos que Liam se lo toma siempre.

Una vez subidos al tren, no hay que gastarse en analizar si la cosa viene tirada de los pelos o no. Más que claro: la cosa viene calva. Y en materia de misterio, si el espectador no estuviese entrenado solo para esperar explosiones, piñas, tiros y demás, las hilachas del suspenso se encuentran fácil. Todo parece ridículo, aunque vale la pena señalar una marcación del director, un acierto: Liam siempre lee un libro en ese viaje en tren. Porque a la velocidad a la que viaja la formación, y lo que dura la película (siempre dentro de los vagones), nos damos cuenta que el pobre Liam labura en la loma del orto y eso justifica el “suspenso”.

El pasajero no ofrece mucho más de lo ya visto en películas ferroviarias como Escape en tren (1985) de Konchalovski o la interesante Imparable (2010) de Tony Scott. Sin embargo, aunque no aporta nada nuevo, valen la pena algunas escenas, sobre todo cuando el tren llega al final del recorrido y obviamente no frena como corresponde. Por lo que vale una entrada al cine hoy, El pasajero es una opción para manosearte en las butacas con tu pareja, aflojar el frote con alguna repentina explosión, y para no enojarte si el de la butaca de al lado come pochoclo como un cerdo.

Si te quedan ganas de tocar un poco más, cuando ya todos pensamos que terminó la película, el director agrega una última escena totalmente intrascendente, de más. Segundos en los que el Liam resuelve una última cuestión que el espectador ya tenía recontra cocinada.

El pasajero (The commuter, EUA, 2017). Dirección: Jaume Collet-Serra. Guión: Byron Willinger, Philip de Blasi, Ryan Engle. Elenco:  Liam NeesonVera FarmigaPatrick Wilson. Duración: 105 minutos.

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