GOTG-poster¿Quieres besarme? 

– Algún día.

Ariel Moore y Ren McCormack (en Footloose)

– Te amo.

– Lo sé.

Han Solo y Leia Skywalker (en Star Wars)

La peculiar trayectoria de James Gunn es lo que define en parte este gran acierto llamado Guardianes de la Galaxia. Desde sus inicios en la legendaria productora clase Z, su trabajo como guionista en EL amanecer de los muertos (2004) de Zack Snyder y su posterior consagración como director en su ópera prima Slither (2006), James Gunn ha demostrado tener cierta pericia y soltura en el manejo del registro de los géneros, sabiendo administrar acertadas y ácidas dosis de humor, sangre y lágrimas. De esta manera, Guardianes de la Galaxia se inscribe en esa tradición de películas que aúna lo mejor de diversos géneros.

Muchos críticos han enfatizado el carácter antiheroico de los personajes que integran esta especie de liga, uno de los principales encantos de la película. Esta afirmación es cierta sólo en la medida que comprendamos que Guardianes de la Galaxia -la película, no tanto al cómic- es una historia de ciencia ficción que sólo toma a modo de préstamo algunos contados elementos del subgénero de superhéroes e incluso de western. Esta apreciación permite deslindar varias cuestiones.

En primer lugar, la película no se detiene demasiado en el pathos heroico ni tampoco en la interpelación ética del ‘deber ser’, característica fundamental del subgénero heroico. Cada superhéroe sufre, cual Jesucristo 2.1, una instancia de rechazo, de sufrimiento y de expiación, seguida por un momento en el que todo lo vivido conduce a una introspección cuasi epifánica que permite, finalmente,  aflorar la virtud y vislumbrar el camino de la Justicia. En ese sentido, todas las últimas producciones de Marvel tendieron en mayor o menor medida a actualizar de manera solemne el mito del héroe, sobre todo si de lo que se trata es de establecer la epopeya singular. Desde esta perspectiva no importa si el superhéroe en cuestión es un dios asgardiano, un bioquímico graduado cum laudae o un ingeniero millonario y arrogante: a todos y a cada uno les llega su tiempo de pathos.

En oposición, Peter Quill (Chris Pratt) es un terrícola híbrido -hijo de una terrestre y un celestial- movido por intereses mercantiles acorde a su profesión de caza recompensas. En esta ocasión su trabajo consiste en recuperar un artefacto denominado «el orbe». El conflicto radicará en que no es el único que busca ese objeto de poder, lo que dará comienzo a la aventura y al encuentro con los otros personajes y villanos. Su objetivo es ganar reputación sin importar su procedencia,  sea o no fuente de acciones nobles.

peter-quill

En segundo lugar y retomando la cuestión sobre la filiación al SCI-FI, la acción pura y ruda se desarrolla en el espacio, como sucede en los exponentes prototípicos del género. El espacio no es concebido como un mero decorado sino como el lugar que posibilita el desarrollo de la aventura. Hay una intertextualidad tan manifiesta con La guerra de las galaxias (1977) que, en gran medida, delata  la visión de su director Gunn, productor de un divertido, pequeño y honroso tributo. Peter Quill, el pequeño abducido por extraterrestres en el año 1988, probablemente pudo asistir al estreno de Star Wars y sentirse convocado por la impronta de dos personalidades fuertes: la del joven estoico jedi Luke Skywalker y la del carismático Han Solo. En ese sentido, Peter Quill es atractivo, divertido y perdedor, como un «Han Solo wannabe».  En efecto, Star- Lord -como consigue ser llamado después de su consagración- sigue la huella del capitán Solo pero de forma bastante torpe y caricaturesca. Es decir, el baile durante la expedición arqueológica al inicio de la película es, ante todo, una coreografía, ya que intenta recordar y reproducir pasos de danza que hacía con su madre mientras destruye enemigos y evade peligros. No hay dramatismo heroico ni épica en la acción porque sencillamente no hay héroe : Peter Quill sabe que está interpretando un papel y, de hecho, quiere interpretar un papel. De idéntica manera, ya en acción, su caminar, sus palabras, su nombre «de guerra» son, en algún sentido, ensayados, y es esa suerte de sobreactuación la que agrega atractivo al personaje.  Así, en la escena en que intenta seducir a la bellísima Gamora (Zoe Saldana) le cuenta la leyenda de Kevin Bacon en Footlose (1984) -una versión libre, claro está- cuyo resultado es ineludiblemente el fracaso. Gamora, haciendo las veces de una sanguinaria Leia, se ve tentada pero reconoce el artificio.

El protagonista muestra un infantil entusiasmo y cierta empatía con los forajidos terrestres, como Bonny and Clyde, y es interesante para reflexionar ya que, una vez más, la fascinación no se construye a partir de ideales de justicia comunitarios sino de una ética que nace de lo profundo del individuo y que dialoga con el resto, con el grupo de pertenencia. Cada personaje -incluyendo el genial Rocket Raccoon- sufrirán pérdidas, pero la verdadera aventura que subyace a la película radica en la posibilidad utópica de crear dialógicamente una auténtica comunidad en oposición a la  organización social que les ofrece el mundo.

NEBULA

Bonus Track

– Los efectos está bien logrados.  Aunque los planetas aparezcan con poca diversidad -Nova, por ejemplo, es, salvo pequeños detalles, demasiado similar a la Tierra- resultan apreciables en la onda vintage que transmite la película: las naves con detalles pormenorizados de chasis avejentados y rotos.

– La banda de sonido: canciones pegadizas, asombrosas, que aparecen en el momento justo y  hacen que la acción sea mucho más entretenida.

– Acierto en el Rocket Racoon y en Groot, con las voces de Bradley Cooper y Vin Diesel respectivamente. Pocos podrían haber apostado a que personajes como éstos iban a salir tan bien parados en el traslado del cómic a la pantalla.

Guardianes de la galaxia (Guardians of the Galaxy, EUA, 2014), de James Gunn, c/Chris Pratt, Zoe Saldana, John C. Reilly, Glenn Close, Benicio del Toro, 121′.