El otro 2001 argentino.

De 2001: Odisea del Espacio, esa obra maestra de Stanley Kubrick, se ha dicho mucho. De su importancia en la historia del cine y, en forma específica, en la ciencia ficción cinematográfica, se han escrito centenas de páginas. Su significado filosófico, místico, religioso, artístico o científico ha sido centro de los más variados análisis. Las alternativas de su rodaje, sus revolucionarios efectos especiales, la colaboración entre Kubrick y el escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke para pergeñar semejante obra han merecido -entre otras cuestiones vinculadas con la realización de la película- también numerosos trabajos.  Pero poco se ha escrito y se sabe sobre algunas particularidades que tuvo su estreno en nuestro país.

Se estrenó en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1968, a siete meses de su presentación mundial. Fue en el Cine Ideal, devenido hoy en cine porno. Pero entonces era una sala muy reconocida por proyectar películas en Cinerama. Este sistema consistía en una pantalla ancha y curva donde -a través de tres proyectores de 35 mm. sincronizados- se pasaban películas en formato panorámico. El problema de semejante sistema es que a veces se notaba la línea límite de cada sección de imagen proyectada. Este defecto hizo que cayera en desuso y de manera paulatina fuera reemplazado por películas rodadas en 70 mm. que podían proyectarse en la misma pantalla, como fue el caso de 2001. Sin embargo, estos estrenos se difundían como si fueran Cinerama también, al punto que en el anuncio de los diarios se promocionaba que la película de Kubrick se proyectaría con “la magia que proporciona el Cinerama”. Incluso por esos años el cine se llamaba Super Cinerama Ideal.

Durante mucho tiempo, en los relatos míticos de la cinefilia porteña se contaba que en el estreno de la película se repartía un folleto explicativo. En realidad, se trataba de una versión especial del programa de mano. Quizás los responsables de la sala pensaron que se trataba de un estreno difícil de entender para su público habitual, más acostumbrado a otro tipo de espectacularidades. Por eso el programa comenzaba con la prometedora frase introductoria que decía “Para una mejor apreciación de: 2001 Odisea del Espacio. Luego incluía otra que ampliaba el sentido de la anterior: “Lea cómo interpretó Yasuki Kawarabata –el mejor crítico del Japón- lo que Stanley Kubrick ve en el futuro. El texto en sí consiste en un detallado relato del argumento, donde Kawarabata desliza algunas particulares opiniones sobre la película. A la rebelión de la computadora HAL 9000 la considera como “la tragedia del hombre, que ha desarrollado sus conocimientos tan sólo desde el punto de vista científico”. Además de esta crítica a la modernidad, brinda luego algunas interpretaciones nietzscheanas sobre ciertos pasajes, más que nada los vinculados con el enigmático final. Allí concluye que “el hombre es sacado de la vida terrenal y transformado en el primer super-hombre dotado de una inteligencia universal. Un embrión de este super humano dentro de un globo brillante observa desde arriba a la tierra flotando en el espacio… es la matriz que ha de engendrar seres que serán super hombres”. En la misma línea, afirma que a “la humanidad hay que transformarla para abrirle un futuro y que esta transformación dependerá de la existencia del super hombre”. Kawarabata tampoco se priva de consideraciones religiosas. Asocia el ominipresente monolito que aparece en la película con “la tabla recibida por Moisés en la que estaban escritos los Diez Mandamientos” para luego concluir que Kubrick “nos presenta un concepto de Dios para diferenciar los pequeños esfuerzos de la humanidad de la insondable vastedad del universo”.

No sabemos qué repercusiones o impresiones causó este programa. Tan sólo en la crítica aparecida en la revista La Gaceta de los Espectáculos se hace referencia a la interpretación del monolito como “Tablas de una nueva ley”. El resto de la crítica argentina se ocupó de hacer sus propias interpretaciones de la obra de Kubrick. Muchas siguieron el esquema de Kawarabata, es decir, relatar el argumento para luego hacer sus comentarios, especulaciones o explicaciones. La mayoría optó por no llegar a una conclusión única del sentido de 2001. La consideraron como lo que es, un hito en la historia del cine de ciencia ficción. Destacaron la verosimilitud de sus efectos especiales, inéditos para la época, y coincidieron en enfatizar la profundidad de sus planteos sobre el destino de la humanidad. Tan entusiasta y alentadora recepción crítica tuvo también sus aristas singulares.

La famosa revista Primera Plana le dedicó su tapa del Nº 304, del 22 de octubre de 1968, pocas semanas antes del estreno. Allí había una foto del director bajo el título “El cine de 2001: Así habló Stanley Kubrick”. En páginas interiores y bajo el mismo título, aparece un reportaje a Kubrick realizado en Londres por Ernesto Schoo. Allí este crítico argentino nos aclara, como para alabar nuestro cacareado chauvinismo, que el realizador brindó sólo tres reportajes para hablar de 2001. Uno a Playboy, otro Le Nouvel Observateur y el último a nuestra Primera Plana. Schoo describe en detalle su encuentro con Kubric: “Es alto, cargado de hombros y, pese a la barba que termina por envolverle toda la cabezota redonda en una especie de aureola de pelo –a ratos canoso-, no deja de tener el aire de un bebé prematuramente envejecido, inflado”. Luego, cuando el director se refiere a las algunas críticas adversas que la película tuvo en Nueva York, Schoo lo retrata en forma vívida, al destacar que “un brillo perverso le atraviesa los ojos, que podrían ser de un azul muy oscuro o pardos, según como les dé la luz”. La nota es impecable. Kubrick habla de diversos aspectos de 2001, inquirido por las profundas preguntas de Schoo, quien a cada momento combina las opiniones con momentos particulares de esta entrevista que duró una hora y media. Así nos cuenta el instante en que un mucamo interrumpió el encuentro para traer varios libros sobre Napoleón, que entonces era el próximo proyecto de Kubrick. Leer el artículo de Primera Plana nos produce entusiasmo. Nos revela al director en su cotidianeidad y frente a su última obra. Schoo alcanza a trabajar ambos aspectos con maestría literaria y periodística. Por ejemplo, en un momento describe la reacción del director cuando le pregunta sobre las alusiones a Dios en 2001. Vale la pena recupera la cita exacta: “Yo diría –recita, lentamente, Kubrick, bañando su mirada intensa, a veces casi demencial, en el húmedo verde del jardín- que el concepto de Dios está en el centro de 2001, pero en el sentido tradicional, antropomórfico. No creo en ninguna de las religiones monoteístas que existen…”. Todo en el artículo está muy bien contado, pero esta cita en particular nos hace ruido por otra cuestión. La respuesta de Kubrick es igual a la que dio en la entrevista en Playboy, publicada en Estados Unidos en septiembre de ese año. Ahí nos siembra la duda. Y buscamos otras declaraciones. La mayoría son, apenas trastocadas, las mismas que aparecen en el mítico reportaje que le hiciera Eric Norden para la revista de Hugh Hefner. Descartado que Kubrick fuera un contestador automático de reportajes, comenzamos a cuestionar la veracidad del reportaje de Schoo. Su propio autor, muchos años después, se encargó de aclararlo todo, acaso sin darse cuenta. En sus últimos años de vida solía tener en La Nación una columna donde relataba aspectos de su carrera. En uno de estos artículos, publicado en julio de 2006, recuerda un viaje que le encargó Primera Plana en 1968. Los cometidos eran varios. Debía cubrir el partido entre Estudiantes de La Plata y Manchester United, sin saber nada de fútbol. Luego, según sus propias palabras, “iría a Roma para informar sobre la clausura del Concilio Vaticano II, a Portugal para asistir a los últimos días del régimen de un agonizante Oliveira Salazar, a España, para ver en qué andaba Franco, a Inglaterra, a entrevistar a Stanley Kubrick, de quién por esos días se estrenaba mundialmente 2001: Odisea del Espacio (fue imposible entrevistarlo)”. La nota de Primera Plana es un fraude, entonces, según su propia confesión. Pero un fraude brillante, ya que es uno de los más interesantes artículos sobre Kubrick y 2001 publicados en su época en nuestro país. Al volverlo a leer, nos queda esa sensación tan fordiana de quedarnos con la leyenda en lugar de los hechos. Al fin y al cabo, todos sabemos que el periodismo es la forma más solapada de la ficción.

2001: Odisea del espacio (Estados unidos, 1968). Dirección: Stanley Kubrick. Guion: Stanley Kubrick, Arthur C. Clarke. Fotografía: Geoffrey Unsworth. Edición: Ray Lovejoy. Elenco: Keir Dullea, Gary Lockwood, William Sylvester, Leonard Rossiter, Margaret Tyzack. Duración: 149 minutos.