Informe Scorsese # 5: The 50 Year Argument, por José Luis Visconti

A primera vista, The 50 Year Argument parece un documental impersonal. Hay un motivo que lo genera –los cincuenta años de The New York Review of Books-, una recurrencia continua a las entrevistas con los colaboradores históricos y unas cuantas imágenes del evento celebratorio en un teatro de Nueva York, discurriendo con cierta lógica de documental televisivo. Si en A personal journey… y A Letter to Elia la figura de Martin Scorsese no solamente dominaba la escena con su presencia sino que dotaba de un carácter personal a ambos documentales, aquí su ausencia genera un efecto contrario: de distanciamiento, de invisibilidad similar a la de los directores del cine clásico.

Sin embargo, el documental se inscribe en una línea que Scorsese viene explorando desde hace un tiempo: la recuperación de ciertos emblemas de la cultura americana que irrumpieron en la década del 60 como una ruptura radical. Si The Last Waltz y Shine a Light funcionan a partir del registro de shows en vivo, como recordatorios de las marcas dejadas por The Band y The Rolling Stones; y No Direction Home y Living in the Material World se asoman con exhaustividad a la significación que Bob Dylan y George Harrison tuvieron en la música popular; debe verse a The 50 Year Argument como una continuación, por el lado de la literatura y el ensayo americano, de ese rupturismo sesentista.

Lo interesante es que a Scorsese y a su codirector David Tedeschi no les interesa desarrollar una cronología del New York Review of Books. En lo que quizás sea una apuesta riesgosa –y posiblemente sea una de las causas de la escasa difusión del documental fuera de los Estados Unidos-, trabaja sobre el conocimiento previo del público, aquel que sabe qué significa el medio en la historia cultural americana. Desarrolla apenas los motivos que le dieron origen como una milagrosa combinación de situaciones azarosas –cuyo componente más poderoso es una extensa huelga de diarios en el año 1964- para después construir la historia del medio a partir de saltos narrativos. Lo cual le permite un doble juego: por un lado, resaltar hitos fundamentales en la historia; y por el otro, establecer la forma en que la postura política fue dando forma a un imaginario de público y publicación que se fueron realimentando. La posición tomada ante la guerra de Vietnam, la mirada sobre los prejuicios raciales en los 60/70, la evolución del movimiento feminista, las revueltas de Praga en los 80 y la guerra en Sarajevo, funcionan como ilustrativos de la línea editorial, pero también como una forma de establecer en qué territorios se movía la escritura del medio.

Ni siquiera parece ser interesante, para la mirada de los directores, la influencia que ejerció el modelo New York Review of Books en el resto del mundo –en nuestro caso bastaría con tomar cualquier publicación del estilo de la revista Crisis, por ejemplo, para entenderlo-, lo cual hace que, de alguna forma, la estructura del documental se cierre sobre sí misma.

Pero donde sale de su forma celebratoria es, en primer lugar, en un trabajo notable de rastreo y edición de los archivos visuales que se articulan con los temas que se desarrollan. Apariciones televisivas de Isaiah Berlin, o de Susan Sontag desmontando la utilización de la fotografía publicitaria, o el cruce entre la misma Sontag y Norman Mailer en un encuentro sobre el feminismo, o el debate entre Mailer y Gore Vidal en un set de televisión, todos funcionan de manera perfecta para comprender el lugar que la publicación y sus colaboradores habituales ocuparon en la cultura americana. Y, en segundo lugar, por el retrato que hace de uno de sus editores, Bob Silvers. Hay en el personaje un apasionamiento por su tarea de décadas que sobrepasa incluso la andanada de loas de los colaboradores. Cuando Silvers define el rol de un editor como el de un “suplicante” –como alguien que pide y espera lo mejor de los demás-, cuando lo vemos trabajar alrededor de un texto, o cuando recuerda los orígenes de algunas de esas recordadas piezas del pasado, el documental entra en una zona de profundidad y alumbramiento hasta esos momentos insospechada. Y que hace pensar que, tal vez, el objeto del documental no debió haber sido el medio, sino su editor, y que allí se hubiera encontrado con algo que potencialmente era mucho más interesante.

The 50 Year Argument (EUA, 2014), de Martin Scorsese & David Tedeschi, 137′.

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