Informe Scorsese # 9: El color del dinero, por Pablo Ventura

(…) en el naipe del vivir, para ganar, primero perdí (…)»

Suerte loca (tango).

Es una experiencia realmente curiosa volver a ver El color del dinero después de tanto tiempo. Treinta años cambian la percepción de casi todas las cosas. Y como la juventud es una enfermedad que se cura con los años, es muy probable que en aquella lejana visión no haya «entendido» varias de las cuestiones sobre las que pivotea la película de Scorsese.

Un arranque sensorial: humo de cigarrillos, bebidas espirituosas (espirituales), sonidos de tacazos gloriosos. Falta un tanguito de fondo, aunque la película tiene algunos elementos y  momentos tangueros.

Eddie Felson (Paul Newman) es una leyenda retirada, un conocedor del alma humana, la enciclopedia del juego de pool.  El timador elegante.

Vincent Lauria es un alma pueril, un niño caprichoso pero con un don extraordinario para el juego de bolas, tacos y troneras. (Tom Cruise en la época en la que era un prodigio dental y gestual).

Cruzados sus caminos, «Fast» Felson descubrirá irresistible la posibilidad de forjar, tallar y esculpir ese talento aportándole ese conocimiento decantado por el jugar y el vivir (la misma cosa, tal vez). Vincent no «comprende» muchas de las cosas que Eddie intenta enseñarle, ni acepta los intentos de «sacarlo» de ese mundo infantil ( así se llama la tienda donde trabaja).

Quien comprende muchísimo mejor cómo recorrer con astucia y sabiduría ese sendero que Eddie le quiere hacer caminar es su novia Carmen (Mary Elizabeth Mastrantonio). Ella incluso ha llegado a lugares a donde Eddie no puede acceder. En este sentido, es excelente la escena en la que «corta» el exhibicionismo de Vintent («si le ganás, te vas a hacer la paja durante muchísimo tiempo»).

Eddie , el más experto de los timadores , será timado. Por confiado, por la mirada somnolienta y engañosa de Amos (Forest Whitaker) y por el pecado de soberbia. Y se preguntará, como otros protagonistas de Scorsese: «¿Cómo pude caer así?». Y decidirá quedarse sólo, para atravesar su propio desierto espiritual.

El torneo de Atlantic City será el lugar del reencuentro, del enfrentamiento, de la euforia, de la decepción y de la renuncia. Pero las leyendas no son leyendas sin algo que las sustente. Por eso el último plano  se revela maravilloso, con Newman pegando un tacazo espléndido, anunciando que está de vuelta. No para ser el mejor, ni para ganar torneos, sino porque siente y sabe que jugar y vivir es realmente la misma cosa. Y como dice otro tango: «Después, qué importa del después…».

El color del dinero (The Color Of Money, EUA, 1986), de Martin Scorsese, c/Paula Newman, Tom Cruise, Mary Elizabeth Mastrantonio, 119′.

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