Para los fanáticos de Stephen King, las adaptaciones cinematográficas de sus novelas mayormente suelen ser auténticas pesadillas, insultos al Maestro. Razones varias, excepciones pocas, las pormenorizadas descripciones que King despliega en sus relatos dejan poco margen para desviarse y escasos detalles por inventar. Así, en su mayoría, los directores que han trabajado con sus libros, han causado el enojo de los fanáticos, y han logrado espantar a potenciales lectores que hasta el momento no se habían cruzado con alguna novela del autor. Elipsis que vuelven todo inentendible, efectos berretas que desprestigian las creaciones fantásticas de las novelas, y pretensiones de terror, como si King fuese lo único que escribe, son algunos de los peores condimentos utilizados en dichos insultos.

Nostalgia del pasado ―traducción redundante, como si se pudiese tener nostalgia del futuro― es una de las excepciones a la regla, una de las buenas. Basada en la novela Corazones en la Atlántida, el guión de esta película hace un recorte que deja con las ganas al lector pero que resulta efectivo: se basa solo en una de las historias que contiene la novela. Corazones en la Atlántida consta de cinco historias, en las que cualquier lector avispado descubre fácilmente sus conexiones. Nostalgia del pasado es la adaptación de la historia más extensa, la central: «1960, Hampones con chaquetas amarillas».

Lo primero que impacta al lector que se sienta a ver la película es la actuación de Anthony Hopkins. Su protagonismo no solo enriquece la película, al lector le transmite la certeza que él es el Ted Brautigan de las 259 páginas. Despliega a la perfección la mística y el paternalismo del personaje. La labor del elenco juvenil que también protagoniza la película es otro de los puntos altos; Anton Yelchin, en el 2001 un púber, contagia todas las emociones que sitúan al espectador ahí, en esa adolescencia yanqui de 1960.

Para ganarse el corazón del lector constante de King, la película tendría que durar más de dos horas. Pero teniendo en cuenta que hora y cuarenta es una duración prudencial, y que la historia empieza y termina, la selección de escenas es más que satisfactoria. Nostalgia del pasado no se separa de la obra que adapta, hay una intención manifiesta en ello. Si bien no es condición sine qua non tener la intención, vale destacar que muy difícil sería ser más fiel a la obra de Stephen King que lo logrado por el director de este drama “fantástico”, Scott Hicks.

Para el no lector de King, para el que se vio varias películas basadas en sus relatos pero sin saberlo, Nostalgia del pasado tiene aroma a Cuenta Conmigo (1986), y al igual que It, La niebla, Dolores Clairbone y otras, acontece en los atrapantes paisajes de Maine.

Stephen King es vulgarmente llamado el «maestro del terror». Aunque en vísperas del remake de It pareciera difícil separarlo de ese género, Nostalgia del Pasado es un muy buen ejemplo para demostrar que sus obras no solo se basan en asustar y generar miedo. Un poco lejos también de sus novelas de claro tinte fantástico, Corazones en la Atlántida toca fibras íntimas más ligadas al amor, la iniciación y la entrada a la adolescencia; siempre sin dejar de lado, por supuesto, el lado oscuro, el vicio y la violencia humana.

Nostalgia del pasado (Hearts in Atlantis, EUA, 2001), de Scott Hicks, c/Anthony Hopkins, Anton Yelchin, Hope Davis, Mika Boorem, 101′.