interstellar-poster-art-collection-from-the-poster-posse1Es evidente que Christopher Nolan está más interesado en la construcción del laberinto que en recorrerlo. Mucho menos en compartirlo. Es como un hombre que quiere conquistar a una mujer, pero enseguida se interesa más en la historia de seducción que en la mujer y termina sin nada para ofrecer, atrapado en la fascinación por su propio personaje en esa historia.

Nolan levanta tanto la apuesta a la complejidad de la historia y su bifurcación con la divulgación científica, que termina acudiendo a explicaciones y artilugios para cerrarla. Cuando llega ese momento ya hace tiempo que perdimos el interés por la historia y que se perdió toda posibilidad de tocar el cuerpo o el alma.

En el apocalipsis había esperanza. El cambio climático, una plaga y algunos acontecimientos no del todo explicados (o no del todo entendidos) convierten al mundo en un lugar donde todas las energías humanas están puestas al servicio de la producción de alimentos. La astronomía ha quedado relegada a un lugar de lujo superficial, acusada de mito. Hasta la llegada a la luna es desmentida oficialmente.

La superficie donde transcurre la primera parte de la película es típicamente estadounidense. Un granjero viudo criando a sus hijos en un terreno árido. Matthew McConaughey vuelve a un papel estelar, pero en su cara y en nuestro imaginario está marcado su paso por el barro. Algo oscuro de Dallas Buyers Club, de Killer Joe, de El lobo de Wall Street y, ya que estamos, de Mud, se le quedó pegado para siempre. McConaughey le queda bien a ese apocalipsis elegante.

Hace décadas se ha instalado en el cine de Hollywood que la única motivación del héroe del mainstream debe ser su propia familia. La única lealtad debida. Una de las tramas fundamentales de Interestelar pasa por la familia, sin embargo la película tiene la delicadeza de no tomar hijos o esposas de rehén para motivar al héroe a salvar a la humanidad (aunque dentro de la humanidad estén incluidos su mujer e hijos). Cooper elige salvar a la humanidad arriesgándose a perder no sólo a su hija, sino también el amor de ella. Elige un destino trascendente sobre sus deseos individuales. Una buena para Nolan.

La tentación de los efectos digitales convirtió a muchas películas en dibujos animados. Lo ganado  en espectacularidad se pierde en peso, tanto físico como dramático. Este es otro punto a favor de Interestelar. Un punto en el que estaría bueno que sea modelo para lo que vendrá. La vuelta al peso, a que los pasos cuesten, a que la tierra resista. Por acá pasa la potencia de la imagen que sirvió para afiche de la película. Ese hombre, absolutamente humano, con casco y traje blanco y sucio, con una cadencia en sus movimientos y en el paisaje que no intenta impresionar por su diferencia con la tierra, sino más bien convertir a ese hombre en un pionero, con todo el western y el sentido que esa palabra tiene para un estadounidense.

Esta alusión al pionero está explicitada por Cooper: “Siempre nos definimos por la habilidad para superar lo imposible. Y esos momentos en que nos animamos a apuntar más alto, a romper barreras, a alcanzar las estrellas, a hacer conocido lo desconocido, esos momentos son nuestros mayores logros. Pero perdimos todo eso. O quizás nos olvidamos de que todavía somos pioneros y de que recién empezamos. Nuestros grandes logros no pueden estar atrás, porque nuestro destino nos espera delante nuestro”

Esta es la posición de la película dentro de las tres actitudes ante el mundo que plantea. Por un lado la utilitarista, pragmática, apegada a la supervivencia colectiva, pero casi animal, en la que se sostiene el orden mundial en el que transcurre la historia. Esa elección es la del hijo de Cooper (Cassey Affleck) después de la pérdida de una hija. El orden mundial también está sostenido a partir de una tragedia, ambiental en este caso. Es la opción del refugio ante la dificultad. Hacerse lo más chico posible, retraerse para optimizar la energía al costo de minimizar las posibilidades de la vida.

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El personaje de Matt Damon, el Dr. Mann, encarna el individualismo extremo. Llega a un planeta sin posibilidades para la humanidad, pero sabe que su única oportunidad de sobrevida está en atraer hacia él a la expedición de Cooper. Elige sacrificar a la humanidad para vivir unos años más su propia vida. Cada persona es todo el mundo para él.

La tercera posición tiene a la humanidad en el centro, pero encarnando un sentido de trascendencia no religiosa, entre científica y humanista. Hay un destino superior al de nuestras vidas individuales, pero no estará en una metafísica sino en la exacerbación de lo propiamente humano: por un lado la exploración de los límites y la búsqueda del conocimiento representada en la cita anterior y encarnada por el Profesor Brand (Michael Caine). Por otro lado el amor definido por la hija del profesor (Anne Hathaway): “el amor es la única cosa que somos capaces de percibir que trasciende el tiempo y el espacio”.

El amor de Cooper por su hija es el que explica, con intención de cerrarlos,  los caminos metafísicos que abre el guion. Ni fantasmas ni extraterrestres ni dioses. Un padre navegando por el espacio con la divulgación científica como guía: agujeros negros, horizonte de eventos, agujeros de gusano, tiempo que se contrae y se expande. Lamentablemente el guion termina atrapado en la explicación científica. Es un viaje metafísico que intenta mantenerse en la física. El problema es que para hacerlo se olvida de sostener el mito de los personajes y de los sentimientos. Se enrosca explicando la historia del tiempo. Y no está nada mal que no caiga en la metafísica new age al estilo Terence Malick con el que ha sido comparado, lo que falla es el abandono del drama y los personajes en nombre de esa explicación lógica.

Nolan anduvo cerca de crear una gran aventura con el espíritu de los pioneros, con una visión del mundo superadora del individualismo familiarista que inunda Hollywood. Demostrando además que la acción puede estar dosificada y basada en los elementos que la historia aporta y no en la pura espectacularidad. Pero terminó fascinado con la teoría científica, creyendo que la mera explicación de esas teorías apasionantes hacen cine. Cuando se olvidó del recorrido para querer atrapar el todo se le escapó la película.

Interestelar (EE.UU. / Reino Unido, 2014), de Christopher Nolan, c/ Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Ellen Burstyn, John Lithgow, Michael Caine, 169’.