Hace unos años, para ser más precisos en el 2009 en el Festival de Mar del Plata se exhibió 14-18, le bruit et la fureur. En ese documental, hecho originariamente para la televisión, el director Jean Francois Delassus trabajaba con imágenes de archivo de la Primera Guerra Mundial, para construir un relato respecto de la forma en que millones de jóvenes soldados aceptaron ir a la guerra como su destino. La particularidad del trabajo de Delassus radicaba en que había transformado esas imágenes en blanco y negro y mudas, coloreándolas y agregándoles sonido, para contar los cuatro años de guerra de manera cronológica.

Jamás llegarán a viejos utiliza un punto de partida similar: se sitúa en la Primera Guerra Mundial y apuesta –después de unos minutos iniciales en los que sostiene el formato original de los archivos, no solo en cuanto al color y la mudez, sino también en cuanto al formato de pantalla- por colorear y sonorizar las imágenes. La diferencia entre el film de Peter Jackson con el de Delassus hay que buscarla no solamente en la utilización de archivos de diferentes procedencias y de películas de ficción que hacía el film francés, sino en la concepción que ambos hacen de su objeto narrativo.

1) La centralización en los archivos fílmicos pertenecientes al Reino Unido, acota su espacio de interés. A Jackson no le interesa una narración de la totalidad, un recorrido histórico más o menos señalado por mojones ineludibles para comprender la evolución del conflicto. Lo que es su centro es la intervención del Reino Unido específicamente cifrado en la lucha que sostiene en el frente con los alemanes.

2) Como consecuencia de esa elección –que, no obstante, parece reducir a la Guerra Mundial a la lucha directa ente dos imperios-, lo que reconstruye no es el detalle preciso del enfrentamiento, sino una serie de elementos que, por extensión, se derivan en constantes. Al desmarcarse de la necesidad de señalar fechas y lugares específicos –solo importan al comienzo del relato, como punto de partida, hasta la llegada de los soldados británicos a Bélgica-, la indiferenciación del espacio físico genera un efecto de repetición al infinito de lo geográfico. No se trata de países ni de ciudades, sino de tierra sin nombre ni ubicación precisa atravesada por alambradas y líneas de trincheras, de cráteres de bombas y fango que se repite, salpicados de sangre y cuerpos muertos. Reconstruido como indiferenciado, el espacio puede ser replicado en cualquiera de los frentes de guerra y lo que allí ocurre, se revela como una repetición continua: tomar una historia sirve para contar a todas.

3) Pero la guerra no es solamente espacio, sino también tiempo. Y el tiempo es, para Jackson, igualmente repetitivo. Los detalles, parece decir la construcción de la película, forman parte de la explicación histórica, que requiere de ambas dimensiones. Para Jackson, la guerra es la suspensión del tiempo al que estamos habituados y su reemplazo por una suerte de loop: el tiempo de la guerra puede comprimirse, como hace Jamás llegarán a viejos en un solo relato que nos lleva desde el comienzo hasta el final, despojándolo de las reiteraciones, como un continuo del que solo se sale cuando desde afuera se plantea que es el final.

4)Para lograr esa indiferenciación de espacio y tiempo, el documental no recurre a la voz en off grabada para la ocasión. En paralelo a la búsqueda de las imágenes en el Museo Británico de la Guerra, también se han utilizado las grabaciones que en algún momento hizo la BBC con soldados sobrevivientes de la Primera Guerra. Lo que hace que el relato sea una narración en primera persona continua, pero constituida por voces diferentes. El recorte y la edición de esa multiplicidad es la que genera la univocidad del relato: personas diferentes, que pertenecían a regimientos diferentes, que participaron en momentos y lugares diferentes de la guerra, parecen coincidir en ese tiempo y espacio enrarecido. El relato se articula porque el interés está puesto en lo cotidiano, en la experiencia y no en la construcción de una suerte de diario de viaje por la guerra: el matiz personal de cada voz está relacionado con la variante en la percepción de una situación que atraviesa a todos.

5)El relato en primera persona le permite no solamente esquivar los vicios del historiador, sino trabajar sobre la puesta en duda o la directa negación de una serie de mitos que se relacionan con la guerra como acontecimiento. En una dirección opuesta al espíritu que guía el documental de Delassus, el primer tramo de Jamás llegarán a viejos se despega de la configuración dramática de la guerra y se detiene en esos aspectos que conformaban una construcción cultural en el Reino Unido. El enrolamiento voluntario sostenido más que por la defensa de la patria, por una mezcla de entusiasmo juvenil y presión social (bajo la forma de discriminación a quien no se sumaba) que derivaba en la vulneración de las reglas y en la mentira consensuada. La construcción educacional según la cual un inglés valía por diez alemanes y que, por consecuencia directa, una guerra como esa podía durar no más de seis meses y en todo caso, constituía una especie de aventura (“Para nosotros era un alivio dejar nuestros trabajos”, dice una de las voces). Pero si el inicio de la instrucción militar y el traslado al continente demolían esas suposiciones –la más notoria es la de la superioridad inglesa, que se transforma en la constatación de que los soldados de ambos lados estaban “atrapados en su uniforme”, idea que también trabaja Diary of an unknown soldier de Peter Watkins-, lo que genera el campo de batalla es una nueva construcción que la historia ha congelado y que el documental relativiza. De allí que sorprenda que el miedo real no se producía en la batalla en sí misma, sino en la espera, en lo desconocido que estaba por venir. O que más que en un mundo signado por el horror, se hace hincapié en que durante esos años los soldados vivían en un mundo de ruidos que como contrapartida terminó por generar el terror al silencio cuando terminó la guerra y desaparecieron los disparos. Pero quizás el mito más contundente para rechazar está en el final de la guerra, en ese regreso a casa signado por la ausencia de trabajo y sobre todo, por el desconocimiento que los habitantes de las islas del Reino tenían de lo ocurrido en el continente. A la distancia, el horror y la muerte no se sienten, no se ven: lo que los jóvenes creían una aventura quedó en el inconciente colectivo de esa sociedad cuando volvieron. Para ellos no hubo guerra, sino una aventura que les era totalmente ajena.

6) Como consecuencia de esa toma de decisiones, la película no funciona como una forma de ilustración de un relato oral, sino que se va construyendo en paralelo. Las voces y las imágenes se relacionan generando un efecto de realidad mucho más poderoso que el del uso del color y el sonido (aparte: no deja de ser llamativo que se cuestione la colorización –en todo caso, puede cuestionarse que el gesto de cambiar el formato de la imagen al pasar al color sea una suerte de concesión orientada a la visión en la pantalla de cine- y no la sonorización y que a ésta última generalmente se la menosprecie cuando se habla de obtener un efecto de realidad), en tanto el trabajo no es sobre lo real, sino sobre lo verosímil. Salir de la linealidad entre la imagen y el sonido implica descreer de la fidelidad como concepto, para acercarse a lo coincidente: hacer que el relato oral se relacione con lo que vemos –algo que probaba por ejemplo, ese documental extrañísimo que es Llamas de nitrato– para darle un cuerpo a aquello que no lo tiene. No importa que en la realidad esa voz que escuchamos no sea la del cuerpo que vemos, sino que creamos, como espectadores, que podría serlo.

Calificación: 7.5/10

Jamás llegarán a viejos (They Shall Not Grow Old, Reino Unido/ Nueva Zelanda, 2019). Dirección: Peter Jackson. Duración: 99 minutos.