el_capital_humano_34820A pesar de haber obtenido algunos reconocimientos -en particular en los circuitos de exhibición europeos-, hace falta mirar con mucho cariño (como leí en alguna crítica de afuera) para considerar El capital humano como una película buena o siquiera interesante. Del mejor Bertolucci a los inmejorables hermanos Taviani, el cine italiano siempre ha exhibido, en una de sus vertientes, su vocación por construir grandes frescos de época, cosa a la que el último trabajo de Paolo Virzì también aspira, pero de manera realmente muy trucha.

Lo que Virzì nos propone es, básicamente, un relato edificante sobre la vida de la pequeña y gran burguesía del norte de Italia, abordada desde la perspectiva de tres personajes: Dino (Fabrizio Bentivoglio), un padre de familia y empresario PyME; Carla (Valeria Bruni Tedeschi, lo mejorcito de la película), la esposa social, profesional y sentimentalmente frustrada de un financista; y Serena (Matilde Gioli), la hija de Dino, cliché del adolescente cerrado, insatisfecho y romántico. En otras palabras, la remanida apuesta de alterar el hilo narrativo “natural” y contar la misma historia varias veces o enseñarnos historias que convergen en un punto, (falsas) miradas plurales sobre los mismos hechos.

El tiempo pasa, nos vamos poniendo posmos.

En el medio −o, en realidad, al principio, porque está al principio−, tenemos como disparador narrativo un accidente de tránsito en el que pierde la vida un ciclista y enlaza las perspectivas de los distintos personajes. La tensión dramática se construye desde ahí −en algún momento se producirá una muerte, las dos familias estarán involucradas−, buscando manipular las emociones del espectador, a mi modo de entender, de una manera un tanto burda.

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Como mínimo, El capital humano es una película a la que se le puede imputar el cargo de hipocresía ideológica. Con la crisis económica como telón de fondo, no pasa de ensayar una fábula de “niños ricos que tienen tristeza” en la que cualquier comentario directo y significativo sobre las contradicciones de la sociedad italiana de principios del siglo XXI − la debacle económica, la exclusión de los jóvenes, la pobreza, etc.−, se diluye a medio camino y no supera la indignación tibia. En una escena, hacia el último cuarto de hora, el personaje de la Bruni rubia (indiscutiblemente más bella que su hermanita morena, la escort-poupée de Sarkozy) le reprocha a su marido, el financista (un Martín Redrado cualquiera) que sus socios lo aman porque “apostaron a la ruina de este país y ganaron”. Esto es lo más subido de tono que encontrará el espectador, el resto son situaciones y personajes estereotipados, costumbrismo de poca monta. En última instancia, la película acaba siendo tan burguesa y clasemediera como los personajes que intenta retratar (a los cuales, por supuesto, disculpa) y no pasa del coqueteo histérico con cualquier forma de crítica social. Campanella no podría haberlo hecho mejor.

El capital humano (Il capitale umano, Italia, 2014), de Paolo Virzi, c/Valeria Bruni Tedeschi, Fabrizio Bentivoglio, Valeria Golino, Fabrizi Gifuni, Luigi, Lo Cascio, 109′.