110315_5Resonancias del 5º Festival internacional de cine latino árabe (LATINARAB) en una charla con su director ejecutivo.

Edgardo Bechara El Khoury: El universo del cine en los países árabes vive planteando una agenda que tiene que ver básicamente con la idea de identidad, la cuestión de la laicicidad que en Occidente se conoce como “laicicismo” y que en el mundo árabe tiene categorías diferentes. Para nosotros es anacrónico hablar del “mundo árabe” cuando allí ya no se piensa en el “arabismo”, ni en la “unidad regional”: están lidiando con el colonialismo, con conflictos regionales y con esta guerra premoldeada postguerra fría, con la imagen de un Islam tenebroso y omnipresente. Es lo que en todo el mundo al otro día del 911 se conoció como “guerra contra el terrorismo”, que no fue anunciada en Washington sino en Tel Aviv. Fue Ariel Sharon quien dijo al otro día del atentado a las Torres Gemelas: “Hoy comienza la guerra contra el terrorismo”. Para llegar a determinados escenarios, las inteligentzias vienen trabajando sobre el territorio hace mucho tiempo.

Entelequias

Yo recordaba mucho la película egipcia El Cairo 678 (Mohamed Diab, 2010) que planteaba la cuestión del abuso a las mujeres en los transportes públicos en Egipto. El tema de lo femenino, la femeneidad y los derechos de la mujer en el mundo árabe.

Luis Franc: Inclusive hay bastante material dirigido por mujeres. En la primera emisión del Latinarab había un corpus importante de directoras mujeres.

EBEK: Ese recorrido lo queremos volver a hacer. Prácticamente el 50% del cine árabe es dirigido por mujeres, contra un 2% en Hollywood y un 19% en América Latina.

LF: Lo cual derriba el cliché del relegamiento de la mujer por parte del mundo islámico.

EBEK: Claro. El “mundo islámico”: otra entelequia con la cual uno trata de trabajar en términos ideales. ¿Qué es el “mundo islámico”? ¿Dónde está? ¿Es un mundo escindido? Tampoco a esta altura de los acontecimientos existen un Oriente y un Occidente totalmente definidos. Inclusive si rascamos un poquito más, nosotros no somos “Occidente”: es Europa, Canadá y Estados Unidos. Los latinoamericanos se asumen como occidentales y dicen: “Desde Occidente vemos con preocupación lo que sucede en el Mundo Árabe”.

LF: Como si tuviéramos una mirada diaspórica. La identificación con algo que uno probablemente no haya conocido nunca.

4c0571d59f3c512499f4a8a782bd2813EBEK: Es algo que ya viene filtrado, asimilado y procesado. Y tiene que ver con nuestra propia descolonización. O a la inversa: nuestra propia formación cultural que no nos es tan propia, sino que tiene que ver con las escuelas europeas. O con lo que Edward Said llamaba orientalismo: nuestras formas de percibir el mundo ya vienen seteadas y es muy difícil desbloquearlas o deconstruírlas. Para después quedar… ¿dónde? ¿En una identidad “propia”? Tampoco: uno no cree en un adentro y un afuera, en algo puramente “nacional”. Como decía Said: “No hay un afuera y un adentro”. Desde ese punto de vista, ninguna experiencia del campo de la vida, de las relaciones sociales, negada. Nosotros pensamos las relaciones sur-sur, pero también hay relaciones norte-sur que han sido muy positivas. O que aún como modelos negativos, siguen siendo modelos. Como los padres.

¿Desoccidentalizar?

LF: Hay algo que me queda como interrogante: ¿Cómo desoccidentalizar? Lo pienso en términos de imagen. Para mí, el gran titular sería: “Los festivales son occidentales”. O sea, a lo máximo que se aspira es a ser lo menos occidental posible. Muy probablemente, la respuesta sea el Latinarab. Por ejemplo, la película Omar (Hany Abu-Assad, 2013): lo que veo es la métrica del Modo de Representación Institucional norteamericano, pero tomada por Palestina. ¿Cómo sería esto de usar las armas del enemigo para combatirlo? ¿Es efectivo?

EBEK: Me hace acordar a una pregunta que le hacen a Hamid Dabashi, un intelectual de la Cátedra Edward Said en Nueva York, con respecto a “estar fuera o no del sistema capitalista”: el tema es que nadie está fuera. Con lo cual habría que ver si buscar las especificidades de los modos de representación tiene que ver con situar geográficamente a las ideas. O si tiene que ver con situarlas en función de los modelos de producción que generan su propio modelo de representación.

Por un lado, deconstruir “civilización y barbarie” entre Oriente y Occidente en términos geográficos es bastante difícil. Porque la definición se puede aplicar al interior de muchos estados que consideramos occidentales; que también tienen sus bárbaros. O su Oriente desconocido y peligroso.

¿Desintitucionalizar?

LF: Otros ejemplos: la película tunecina Millefeuille (Nouri Bouzid, 2012) (1) es una película muy institucional en su forma. Todo el tiempo se centra sobre todo en planos medios y primeros planos. Y los primeros planos son planos que apuntan –en el cine de géneros– a la psicología de los personajes. Y la psicología del personaje apunta a jerarquizar el universo privado. Por lo tanto, el espectador centra su interés en el destino de la protagonista, más que en el contexto político de la película. Ese es uno de los problemas de estos modos de representación…

EBEK: También podríamos pensar que, hablando de orientalismo, la deshumanización que opera contra las sociedades árabes hace más necesario que nunca que esos personajes puedan visualizarse como personas, más allá del contexto.

LF: ¿Ocurre eso en estas películas?

EBEK: No sé si es una cuestión intencionada. Al mismo tiempo, en el universo de lo que son los países árabes que producen cine, y el Latinarab es una muestra de eso, no se da nada distinto de lo que se puede dar en cualquier festival internacional donde tenés obras más conservadoras, obras que se animan un poco más, obras de vanguardia, obras radicales. Kamal Aljafari –director del documental Recollection (2)– me odió con ternura al escuchar la palabra “radical” cuando lo  presentaba.

LF: Recollection fue mi preferida de las que vi del festival. Hay propuesta, hay idea. No es una opinión: es una percepción. Veo una idea para un espectador que dejó de esperar el cuentito. El mismo Aljafari en la presentación habló de un proceso de desnarrativización.

EBEK: Sí. O lo que llamamos deconstrucción: cómo llegamos a determinado lugar. El me decía: “no hice algo tan radical: tomé fragmentos de películas de Hollywood y le borré los personajes centrales que me tapaban mi antigua ciudad, que ya no existe porque la reventaron con explosiones en las películas de Chuck Norris, y después hicieron construcciones para que Jaffa fuera un barrio ‘lindo’ para el turismo israelí.” Yo le pregunté: ¿Qué se siente borrar personajes? “¡Ah, lo disfruté mucho!” Pero… desaparecer gente no está bueno! “No son gente: son de mentira, eran personajes de una ficción; de hecho no existen” – me dijo.

LF: La ideología opuesta a la cámara de Millefeuille.

EBEK: Posiblemente. Hay muchos modos de representación en pugna, y estamos buscando cuál nos representa mejor. También las sociedades se han vuelto turbulentas, con muchas capas. Por eso quizá empezamos charlando sobre los metarrelatos que son las religiones. O los libros que tienen las explicaciones para el devenir de la humanidad. Me parece que cuando más texturas narrativas, más herramientas y modos de representación tengamos, o la forma de poder contar historias, mejor. En este sentido, una crítica posible a Recollection es que cuesta mucho sostenerla sin la explicación.

millefeuille

LF: A mi entender, se trata de un nuevo aprendizaje del espectador. Que se pueda entregar a una mirada que lo posicione en otro lado.

EBEK: Estamos acostumbrados a determinadas formas del placer. Es cierto que el relato aristotélico nos ha premoldeado. Por suerte, los festivales de cine son espacios en donde estas cosas se puedan plantear, discutir y –lo más importante- vivenciar. No sé en cuantos lugares se podría disfrutar Recollection si no hubiera festivales.

LF: El tema es que suele haber preocupación sobre si una película va a caminar por fuera del festival o no. En estos términos, Recollection no caminaría. Ni Out on the street (documental egipcio de Philip Rizk y Jasmina Metwaly, 2015) (3), que yo veo como una Recollection, pero en germen; todavía buscando su propia forma.

EBEK: Out on the street ganó como mejor película junto con Degradé (coproducción Palestina / Francia de Arab Nasser y Tarzan Nasser, 2015) (4), una ficción que nos gustó mucho y  esperábamos que estuviera disputando el voto del jurado. Pero Out on the street fue una grata sorpresa que vuelve a plantear un tema: que el festival no distingue entre ficción y documental. De hecho, en general vienen ganando los documentales; aunque cada vez se hace más difícil la línea divisoria: son obras. En especial, con el tema de la película egipcia a los directores les interesa mucho las temáticas de procesos de autogestión. Hay muchas fábricas cerradas en Egipto que están siendo recuperadas por sus propios trabajadores: una experiencia que ya vivimos en Argentina. Estaba interesado en ese encuentro. Y si pensamos en la película que ganó el Latinarab 2013, Sleepless nights de Eliane Raheb (Líbano / Palestina / Emiratos Árabes Unidos / Francia / Qatar, 2012), que plantea si es posible la redención y el perdón sin memoria, verdad y justicia. Un genocida cuenta lo que hizo en el Líbano y dialoga vis a vis con lo que hemos vivido en Argentina. Esa película nos muestra parte de lo sucedido a los libaneses al no poder reconstituir su historia y su identidad fragmentada, fracturada por esa guerra civil precisamente ante la incapacidad de darse un proceso, no de memoria (porque sí la tienen) pero sí de verdad y justicia. Son los mismos tópicos, los mismos temas. Ahí creemos mucho en el potencial. Más allá de los cambios políticos o de gobiernos que se puedan dar en Sudamérica, creemos mucho en esta vinculación sur-sur entre Latinoamérica y los países árabes. Me parece que nos tenemos que encontrar, y que tenemos mucha experiencia para compartir, para que nos constituya en una otredad constitutiva.

LF: Ahí entra Los hongos (Colombia, Oscar Ruiz Navia, 2015) (5)

maxresdefault (2)EBEK: Si. Y como la argentina Yarará (Nicolas Sarquis, 2015) (6), o La última estación de Marcio Curi  (Brasil / Líbano, 2012) que tienen que ver con las historias de los otros en América Latina. Con lo que nosotros llamamos “los árabes de América”, no los árabes “en” América, o en Argentina. Porque si no, seguimos hablando del otro que no es nosotros. Como los textos escolares de la escuela primaria que aún siguen diciendo: “a diferencia de nosotros, los musulmanes rezan…”. Alguien ajeno a mi tradición judeo-cristiana: es el otro.

Nosotros y los otros

EBEK: Siguiendo con el tema, en Nosotros, ellos y yo (Palestina / Israel / Argentina, 2015) (7) el director Nicolas Avruj está diciendo: “Yo soy esto acá; no sé si tengo mucho que ver con Israel, pero estoy ligado a esto”.

LF: Para mí, lo controversial en esta película tiene que ver con la inseguridad que veo en el montaje. Esto termina planteando una riqueza por fuera del material. O sea: ¿qué es lo que promueve la película, más allá de que formalmente no sea tan sólida como otras? Me refiero al planteo, el posicionamiento. Avruj se encuentra con una pata en un lado y la otra en el otro, y noto que cada pata tiembla: eso mismo es el material. En principio, por su sobre exigencia de ilusoria ecuanimidad.

EBEK: Hay más: por ejemplo el eje Nosotros/Ellos/Yo… ¿qué representa a qué? Y si en vez de una “y” debió haber ido una “o”: es una discusión que tengo pendiente con él. Con todo lo dicho, y con los reparos es una película que hacía falta en Argentina, y que abre un umbral para pensar y re pensar Israel-Palestina como argentinos y sudamericanos. Una parte que fundamenta su participación en la selección oficial de LatinArab 2015.

LF: Otra película muy interesante con el hecho de plantear la mirada en otro lado es Ali’ens somalís in transit (Catar / España, 2013) (8). Le pregunté a la directora Paula Palacios si hubo una decisión manifiesta de promover para uno de los dos chicos una cámara, y para el otro, otra. Una, con tendencia al primer plano para el pibe más “estrella” de los dos –Alí-, el más pregnante de ambos. Y el otro –Yoonis-pensado más en torno a los desplazamientos, de los viajes. Ella lo confirmaba. También usa todo el tiempo el plano secuencia que sigue al “personaje”: un recurso que, a través de los años, terminó siendo muy remanido; hasta en televisión se usa hasta el hartazgo. La paradoja es que cuando se usa, se me presenta más pregnante todavía porque terminó constituyéndose en cliché visual. Más allá de que Palacios no lo piense abusivo. El documental es efectivo; ahí nos plantea otra cuestión: el uso del primer plano –volviendo sobre un ejemplo anterior– nos lleva a preguntarnos como le fue al pibe, más que por la problemática de todos los refugiados. ¿Me interesa más esa vida, o como eso condensa un montón de vidas? Ahí tenemos un problema.

EBEK: Y un contrapunto con lo que hablabas de los planos en  Millefeuille.

LF: Sí. En las revueltas callejeras que se ven ahí, aparece el término “democracia”. Entonces… ¿con qué categorías se está pensando? Occidentales. Entonces pensé: ¿películas pensadas para festivales? Está pensando el director en esa categoría occidental “democracia”, metida en un contexto no occidental, con personajes que no son occidentales, con primeros planos que sí lo son… ¿ayuda eso a que el material circule por los festivales?

EBEK: No me parece que haya una estrategia así a priori. Me parece que hay tópicos y que no son casuales –el velo, la que lo usa porque quiere y se lo saca, la tía que la presiona-. Hay tópicos; no una estrategia. Una buena estrategia fue la del cine iraní de hacernos entrar en muchas películas a través de la mirada de un niño; eso no creo que haya sido casual. También algo que se puede ver en algún cine libanes un poco más pretencioso, donde el conflicto está como en un fuera de campo, porque ha estado muy presente, quizás hasta el hartazgo. Nosotros, como festival, también vamos corriendo nuestros propios límites. Nos pasó en  una de las primeras notas que nos hicieron: nos hablaban del “Oriente”, del “misticismo”. A nosotros nos “vendería” mucha más prensa plantear esa idea, la del cine “exótico”, el “misterio” de Oriente. Pero todo lo contrario: quisimos deconstruir esa idea. La idea del orientalismo, lo exótico, la rareza siempre es mucho más seductor para la prensa.

LF: Una idea reaccionaria. Y se explota en el cine de aventuras. Son esas otras civilizaciones, que no son civilizaciones porque “civilización” es la idea de lo mismo, no de lo otro. Y comienza con la cámara de Flaherty.

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EBEK: Nuestro público también viene situado por eso. Incluso las mismas colectividades están condicionadas por esa mirada extrañada, diaspórica y –como decía Nietszche– fosilizada, egiptizada. Hablaba de los historiadores que egiptizan la historia. Pero a estas alturas ya sabemos que todo relato civilizatorio ha sido en algún punto un momento de barbarie, parafraseando a Fanon.

LF: The sea is behind (Hicham Lasri, Marruecos, 2014) (9) remite por ejemplo a Andalucía, a otros momentos históricos. El espectador se queda con la imagen que se actualiza en el momento, y con ese momento, como una referencia solo desde el texto. Porque el conglomerado de imágenes que aparecen en la película plantea desde lo visual un entrecruzamiento, activando la imagen-percepción (Deleuze) con una estética cercana a lo publicitario: va más allá del cine de géneros.

El festival, los festivales

EBEK: ¿Cuál es el criterio de selección, en principio? Hay una identidad del festival que tiene que ver con las multiplicidades de abordaje, con buscar excelencia, profundidad, multiplicidad de texturas, poder mover un poco al espectador. Pero no hay nada a priori puesto ahí desde lo temático. Buscamos lo más desgarrador de la belleza. Está lo religioso o ideológico, lo moderno, lo posmoderno, las diferentes miradas del cine, oriente, occidente, todo eso mezclado, en pugna. Una vez le preguntaban a Rasha Salti,  programadora en el festival y en Toronto International Film Festival (TIFF), esto que siempre se repite: si el cine es un abordaje para entender a las sociedades. “Ahora veo cine iraní y entiendo Irán”. Y ella decía algo que yo utilizo mucho: “Lo que traemos es una mayor problematización y complejización de la cuestión. Vas a salir del cine con más preguntas que respuestas”. Ahí me parece que el festival gana como profundidad y sigue sumando audiencia, generando nuevas preguntas.

LF: ¿Los países invitados hasta ahora cuales fueron?

EBEK: El Líbano, Marruecos y en la última emisión, Túnez.

LF: ¿Hay diferencias en sus formas, o hay algo que homogeiniza? ¿Algo caracteriza a la forma libanesa, a la tunecina, a la marroquí?

EBEK: La referencia es Egipto. El 80 o 90% del cine árabe es egipcio; o tiene que ver con el modo de producción de su cine. Desde hace cinco o seis años, desde las Primaveras – y antes también – , Egipto producía entre 80 o 90 películas, y ha bajado a la mitad. Pero sigue siendo el referente. Y como una industria que es tomada como modelo en muchos países árabes. Ese modelo entró en crisis tanto en Líbano y Egipto, en el mismo momento de la irrupción en escena de los fondos y festivales del Golfo Pérsico. La crisis al interior de los estados nacionales ha deteriorado el mercado y la producción del cine árabe, que tuvo su apogeo en los 60 y 70. Hoy posiblemente, Marruecos aflore con un crecimiento y estrategia en el fortalecimiento y profesionalización de su cine nacional con un apoyo estimulante por parte del estado. Algo que en menor escala viene llevando adelante Túnez luego de su propia revolución.

LF: Pero también vienen capitales de “occidente”, como lo llamábamos antes. Al coproducir con Francia o Alemania por ejemplo. ¿Eso condiciona la forma?

maxresdefaultEBEK: A priori, sí. Porque cuando un coproductor participa, a veces impone. Generalmente se dialoga, se sugiere. Tiene que ver con lo que hablábamos de los modos de representación, y con determinadas historias y narrativas que antes no llegaban a las salas o a las películas y que hoy están llegando. Y son prácticamente una muestra muy representativa de las que pasan  por el festival que no son las películas que posiblemente hoy llenen las salas en Egipto, o en Marruecos, o las que se ven en televisión en Líbano. Aquellas son muy minoritarias en la cultura y en el mercado de sus países. Lo que nos encontramos es con modos muy anclados al cine clásico, o con una estética que roza lo televisivo. Pero esto se está desarmando. Porque el “mundo árabe” en cierta medida ya no existe. Trabajamos con entelequias: cuando decimos “latinoarabe”, “latinarab”… No hay Latinoamérica. Trabajamos con una entelequia; algo que nos ayuda a significar una región del mundo que representa cierto cine, pero que tampoco tiene modos de representación unívocos. Ni siquiera al interior de cada país.

LF: Probablemente, lo que sí puede pensarse como vector en esta relación sur-sur que hablábamos, es a partir de ciertas estéticas de la carencia. Por ejemplo, en Out on the street es clarísimo que trabaja con eso. En Recollection también. Hay algo que no tenemos, que son los medios para hacer una película como Millefeuille; entonces se construye a partir de esa carencia. Los hongos tiene esto también. Desde ahí hay un vector común para pensar esta entelequia que ustedes piensan para el Latinarab.

EBEK: Y la llegada de estas historias que han sido negadas también en las historiografías propias. Que se pueda plantear abiertamente el tema de la homosexualidad, de los derechos igualitarios de la mujer, de la libertad política, de expresión, de lo generacional, de la multiplicidad de cruces. El cine árabe está cumpliendo un rol muy potente. Y quizás el cine sea una forma de respirar los anticipos y lo cambios de época. Sus registros son mucho más potentes de lo que creemos qué son.

LF: Una potencia que se transforma en una suerte de grito común. Que tiene que ver – tanto en el sur como en el sur (pensando a partir del eje)- con pertenecer a minorías en tanto sujetos de derecho. Y eso en ciertas cámaras se ve. ¿Algo previsto para la próxima emisión?

EBEK: Para seguir el recorrido del Magreb, es probable que el país invitado sea Argelia o Egipto. Son dos países muy fuertes en producir cine y nosotros vamos en el camino de generar coproducciones, como las que están en marcha con Marruecos, Qatar y Túnez; hay una potencialidad muy grande para desatar.

El festival está creciendo y necesita duplicar sus recursos en función del crecimiento. Hemos tenido cinco años de crecimiento exponencial que ha tenido apoyo de muchas instituciones y actores, estatales, privados, nacionales e internacionales. Pero el objetivo a partir de ahora es la profesionalización de la estructura del festival.

Hay que hablar ya puntualmente de lo que es un festival que llamamos independiente; no organizado por una empresa o actor estatal mayoritario donde tenés toda la estructura solventada, y que no es la realidad del 90% de los festivales en Argentina. O sea, profesionalizar el festival, poder tener una estructura estable que nos permita, al igual que en el Estado o grandes festivales, tener una memoria institucional.

Recibimos gente maravillosa cada año que formamos – y nos forma -, que se enamora de nosotros. Pero no podemos preveer si esa gente sigue. Uno de los problemas de los festivales es precisamente esto: tener una estructura que después trabaje de una manera aceitada. Es un déficit que los festivales tienen que afrontar cada año, que es perder parte de su staff, y conformar otro nuevo.

LF: Ahora se conformó la red de festivales, el RAFMA (Red Argentina de Festivales y Muestras Audiovisuales)

EBEK: Del cual formamos parte. Más allá de reunirnos para aportar experiencias comunes, hay muchas esperanzas de que la red pueda sumar nuevos festivales que todavía no perciben que RAFMA pueda ser además un actor que defienda sus derechos y de los colegas directores de festivales, en función de seguir profesionalizando la escena de los festivales en Argentina. Hay muchas cosas que trabajar en común. Es una red que se está constituyendo, y que tiene una potencionalidad muy grande para construir representatividad genuina y con capacidad de articular intereses muy concretos en favor de los festivales. Así que ahí estamos, aportando y sumando.

Sinopsis y fichas técnicas de las películas participantes del 5° Latinarab, mencionadas en la charla:

(1) http://www.cinefertil.org/latinarab/index.php/programacion/item/223-millefeuille

(2) http://www.cinefertil.org/latinarab/index.php/programacion/item/209-recollection

(3) http://www.cinefertil.org/latinarab/index.php/programacion/item/208-out-on-the-street

(4) http://www.cinefertil.org/latinarab/index.php/programacion/item/205-degrade

(5) http://www.cinefertil.org/latinarab/index.php/programacion/item/247-los-hongos

(6) http://www.cinefertil.org/latinarab/index.php/programacion/item/248-yarara

(7) http://www.cinefertil.org/latinarab/index.php/programacion/item/236-ney-nosotros-ellos-y-yo

(8) http://www.cinefertil.org/latinarab/index.php/programacion/item/246-ali-ens-somalis-in-transit

(9) http://www.cinefertil.org/latinarab/index.php/programacion/item/211-the-sea-is-behind